Aunque parezca extraña la pregunta, la respuesta no es nada compleja, sería la misma a la pregunta de cuál es nuestra principal diferencia con el resto de animales; el uso que le damos a nuestro cerebro, es decir, nuestra mente. Los seres humanos reflexionamos sobre la gran mayoría de acciones, características o capacidades de los múltiples sujetos y cuerpos que tenemos en nuestro alrededor, ya sea cercano o lejano. Esto nos permite experimentar y poder saber las diferentes reacciones que toman según ciertas circunstancias. Todo por el ansia del saber, del conocimiento.
En esta sociedad de hoy en día, caracterizada como “moderna”, la gran mayoría de la gente valora mayoritariamente a otras personas por su nivel de cultural, estudios y capacidad mental, como dije antes, por el conocimiento. Gracias a esta información que almacenamos en nuestro cerebro, conseguimos superar con creces la mayoría de obstáculos que otros seres no pueden, podría decirse que somos superiores. Mediante la constante evolución del ser humano, hemos conseguido crear todo tipo de artilugios y herramientas que nos facilitan la mayoría de las acciones o imitar características de otros animales que sin embargo, no poseemos. Un claro ejemplo es la capacidad de volar de los animales; el ser humano siempre deseó tener este “súper poder” y, a través de años y años de estudios en investigación como la máquina de volar de Leonardo Da Vinci, o el avión de los hermanos Wright han hecho posible crear un aeroplano que llegue a volar a más de diez kilómetros de altura durante horas.
Sin esta arma llamada filosofía, la guerra del ser humano respecto al resto de su entorno, estaría perdida desde un principio. Ella es la materia prima de todos las ciencias que existen, es la que dota de vida a alguien, como bien refleja Descartes con su frase “pienso, luego existo”. ¿Pero qué incentiva al humano a meditar, a filosofar? También hay respuesta para eso, y procede de un texto de Platón (Teeteto) “Precisamente es característico del filósofo este estado de ánimo: el de la maravilla”. Si nada en esta vida nos llamara la atención, sería una vida tedia, sin sentido. Por el simple hecho de no tener ganas de vivir, y por eso mismo, existe la poesía. Ésta nos muestra la vida de una manera totalmente diferente, increíblemente sensorial, ya sea de manera positiva o negativa; pero algo tienen en común estas dos ramas: la belleza que nos guarda cada segundo en este mundo.