¿Nunca habéis probado a poneros una melodía cualquiera y ver qué pensamientos te surgen a partir de ellos? Pues eso estoy haciendo yo ahora mismo. La verdad es que no me gusta mostrarme al público, ni mucho menos, a gente conocida. Pero realmente necesito la escritura. Es la única vía que me queda para pensar poder buscar una escapatoria, una solución a mi verdadero problema: el mentir. Yo mismo baso mi vida en mentiras, en cuentos, en historias, en trucos de magia que nadie ve. Por ello, vivo siempre con el corazón en un puño. No hay día que no me levante con miedo a que cualquiera de mis hilos sea cortado, cualquiera de ellos que mantenga una base de este humilde cuentacuentos <<otra falsedad para la lista, la humildad en mí brilla por ausencia>>. El mero hecho de escuchar un tintineo armónico, ya sea agudo o grave, provenido de una tela de araña más compleja que cualquier red jamás existida; produce un estado de alarma en mi vida cotidiana. Un mensaje constante en mi cabeza que no para de repetirse “vuelves a ser débil, te lo dije”.
A veces me llego a aterrar por esto mismo de una manera abismal que ni mi propia mente asimila. Tras tantas temporadas de personajes, cuentos e invenciones surrealistas; el mismísimo director deja que todo se esfume. Esta hoguera de malos recuerdos ha acabado siendo un montículo de cenizas que con la suave brisa mañanera volará, a la par de ver el mundo. Tener buenas compañías a tu alrededor, gente que sana y ayuda a prevenir cualquier mal en la vida. Ésa sí que ha resultado ser la clave de una vida con gran valor; una vida para recordar. Muchos desean volar, ser súper héroes. Sin darme cuenta de cómo ha sucedido, unas alas salieron de mi espalda para un fin: ser el ángel guardián de aquella persona que realmente me supo valorar.