domingo, 7 de mayo de 2017

Pájaros de metal



Hoy mi día ha sido marcado de por vida.
Dos pájaros tomaron mi abdomen para su nido
lleno de pólvora y fulgor, adelantan mi reloj de hielo.
Las pulsaciones empiezan a bajar, por protegerte; guinda.
Ya que no hace justicia que sin ellos tener alas, paren tu vuelo.
Te apellidé de la guarda, y sin escribir… Te pido


Te pido que jamás abandones la curva de tus labios,
porque gracias a ella, nuestro castillo es un lugar mejor.
Donde no hay tormentas, abordaste cada centella y cada rayo
para dejar tus miedos lejos de ti,  mientras me columpio en tus besos.
Suena el río, rompen las olas del mar y tú llegas alto.
Todo por dar cuerda al soldadito de plomo capar del universo darte.


Cada segundo que respiro se vuelve la agonía de un fin
que nadie imaginaba excepto un azar indeseable.
Arma, aprieta su gatillo y vuelvo a convertirme en ti,
me toca ser ese escudo que evita tu último desarme.
No se acaba el mundo porque sigues sonriendo conmigo aquí,
y si pudiera elegir de nuevo, mil veces más aguantaría las balas en mis carnes.


Peripeteia


Hoy te he visto salir por la puerta de mi casa con pisadas de no-retorno.
Ya han pasado unas horas y me pregunto cuánto queda para volver a verte,
todo por un mar de dudas e inseguridades creadas por humo y bochorno.
Quiero ver cómo tu piel se pega a la mía, saber que a mi cuello los dominan tus dientes.
Tiro mi futuro por la ventana con tal de que mi lengua sea víctima de tu horno,
terminar con sábanas desgastadas, empapadas y aún así; humeantes.


Cada noche contigo es un rompecabezas de nuestros cuerpos contra el sueño,
vibrando entre las estrellas por los hilos de la locura y la calma de nuestras miradas.
Volamos, nos cruzamos, nos enganchamos y ahora la costura hará que nos juntemos,
porque el mundo es un pañuelo y al mío le diste de verdad un color con esperanzas.
Quiero hacerte flotar mientras en mi espalda marcas el tesoro con su terreno,
que la cruz venga a mí, que yo vaya a ella… Verte allí, como siempre: llena de magia.