jueves, 24 de diciembre de 2015

Tempestad de Gaia



Andaba lentamente posando los pies en el borde de un banco de madera y mis brazos los extendía para mantener el equilibrio a más no poder. Mis piernas se sobrecargaron con el esfuerzo que suponía imponerse a la tempestad del viento de tormenta en esta fría playa de Punta Umbría. Mis zapatos de cuero rezumaban agua por el simple hecho de tocar una zona firme. Mi capucha me cubría la boca y el pelo, junto con una enorme tela blanca y azul que daba vueltas alrededor de mi tronco y mis brazos que terminaba en mi hombro derecho dejando una capa rota para mi espalda. Era mirar hacia los lados y nada cambiaba. El mar revuelto como si estuviera declarándole la guerra a la tierra firme.  El azul oscuro casi negro del que se tenía daba miedo, apenas dejaba cavidad al blanco de la espuma marina mientras rompían sus olas en la orilla. Estaba seguro de que si me adentrase en ese espacio, pronto dejaría de percibir latidos en el interior de mi pecho. Por otra parte, la derecha; para ser más exactos. Tenía dunas repletas de zarzas y barrones, todas las plantas eran zarandeadas por la enorme fuerza del viento, el ruido que creaban era inmenso, se me metía en los oídos y no me dejaba ni siquiera pensar. La arena se volvía más blanquecina por la ausencia de luz en todo el panorama, tal falta que mi piel se resentía y temblaba causa del frío. Era alzar la vista al frente y sin duda alguna, era la primera vez en la que un dios en la Tierra se sentía asustado por la magnitud y fiereza que mueve a los elementos de la naturaleza. El cielo gris tenebroso que provocaba una lluvia atroz y fría como la piedad del viento hacia las arboladas que arrancaba de cuajo sin dejar una rama por el suelo. El sendero de arena parecía no tener fin, pero mirando hacia lo más lejano, veía cómo una inmensa bola de fuego estaba destruyendo por completo la ciudad vecina. Cayó un rayo justo en frente de mí, dejando un hueco en la arena convirtiendo la superficie en carbón.


Tras ese sorprendente movimiento de Gaia, el viento cambió su dirección para traspasar toda mis hombros para dirigirse a aquel infierno rojo en el que se había convertido el conjunto de casas y edificios. La fogata dejó de ser una pequeña mota en el horizonte para alzarse al cielo mientras giraba sobre sí misma, un tornado se había creado de la nada. Crecía por momentos y las nubes tomaban un color anaranjado que transmitían la rabia y el rencor guardado por la madre de todo ser vivo durante millones de años.

Me bajé del escalón para poder caer sobre la arena. Caminé directo hacia la fuente de luz y calor. Pude llegar tras unos arduos veinte minutos, mis pies apenas pueden ser levantados de la arena mojada que se convertía en un peso imposible de arrastrar para mis entumecidas piernas. Me quito la capucha y dentro del mismísimo tornado, en el ojo de aquel terrible huracán, ahí estaba Hades con sus secuaces, liberados del Inframundo por la curiosidad de un humano.


viernes, 18 de diciembre de 2015

Esfuerzos y resignaciones

La gente normal y corriente quiere conocer a personas para así ampliar su entorno y sus conocimientos. Pero lo que realmente ven en ellas, de una manera u otra, es un foco por el cual desfogarse alguna vez a lo largo de su vida. Aunque, lo que se necesita en realidad es una pequeña fuga constante dentro de nuestro cuerpo. Ya que de lo contrario, la máquina con sentimientos que llevamos dentro explotará sin mediar palabra y sin preocuparse de lo más mínimo de los efectos colaterales hacia el medio en el que vivas. Todo se vuelve oscuro, frío y doloroso; pero al mismo tiempo, es un calor que se siente por dentro a causa del furor y toda la pasión por el esfuerzo vano que recorre tu piel a la vez de la mente de uno mismo. ¿Pero por qué nos provoca el mundo dolor, angustia y cólera? Pues por el simple hecho de que los planes no salgan como los teníamos pensados: en nuestro verdadero beneficio; que nada ni nadie acabe de acuerdo con nosotros.


Nuestro camino acaba resultando un cúmulo de palos que nos caen. A veces pensamos que nos caen todos de golpe durante un corto periodo de tiempo. Pero en realidad es que al tener una herida abierta en nuestra caja de las emociones cualquier brisa resulta dañina. Sin ni siquiera pararnos a meditar sobre las reacciones de todas las acciones <<por ver que no hay espacio disponible entre la sanación y el descanso>>, tomamos como primera rienda la más sencilla y tal vez, la más ilógica de este universo: 'El mundo me odia y se ha puesto en mi contra'. Empiezas a percibir la pesadez dentro de ti mismo, dejas de respirar correctamente, tus pulmones se llenan con más dificultades y sus paredes se vuelven más gruesas. El propio andar acaba por ser una tarea tan dura como si unas rocas estuvieran atadas a los tobillos, dejando como movimiento final el no sacar las manos cansadas de los bolsillos. No tomamos decisiones que pueden ser vitales a lo largo de lo que sería nuestra vida, pero por no cambiar de plan; el azar y la poca toma de importancia del mundo se vuelven los factores principales del día a día.


¿Todo esto a qué nos conduce? Pues a un sendero vacío, ordinario, aburrido, sin nuevas experiencias, y mucho menos, sin detalles que nos muestren un afán de seguir verdaderamente vivos. Lo que viene siendo una bolsa llena de mediocridad espiritual la cual tendrá un pequeño hilo de esperanza cuando quiera cambiar las cosas a mejor pero será acompañada de un fuerte sentimiento de impotencia moral a causa de todos los derroches personales que hemos tenido a lo largo de los años. ¿Pero qué se ganaba con aquellas pérdidas? Simple placer físico, tan efímero como inútil.


Si nos resignamos por todo lo que nos salga mal, será el futuro mismo el que se destruya, mostrando la ausencia de ayudas. Lucha por lo que quieras de verdad, sé claro, firme y constante a la vez de flexible, ágil y misterioso.  


jueves, 17 de diciembre de 2015

Ángeles de Nunca Jamás


El sol brillaba con más fuerza que nunca, él mismo sabía que sus días estaban contados y hoy se le estaba agotando el tiempo; que en un par de minutos, sus rayos dejarían de irradiar en mis ojos. Yo, aquí sentado en el borde de un edificio de más de diez plantas, pienso en el sentido y fugacidad que tiene la vida hoy en día mientras mis piernas son balanceadas libremente con la brisa del viento. A mi izquierda, apoyados en la barandilla en la que reposa mi cuerpo, están mis hermanos Alejandro y Daniel; junto con mi gran prima Eva. Mientras que a mi derecha tengo a unos pequeños, y a la vez enormes cantautores españoles como son Toni y Refu; también acompañados por Clara, una reciente conocida. Al percibir la presencia de todos estos personajes ya presentados, miro al abismo que supone el mar a la vez que mi vista se centra en la orilla que provoca la rotura de todas y cada una de las olas. Hago fuerza con mis brazos en este agarradero, la planta de mis pies se apoya en la pared de este gran bloque de hormigón y salto sin pensármelo dos veces. Extiendo mis brazos lentamente, junto las piernas a la vez que mis párpados caen de manera tenue y suave; empecé a desviar la dirección. Vuelo.



Todos mis acompañantes rezuman paz, armonía, sabiduría, gratitud, comprensión, amor y actitud de superación. Mientras vuelo como si del pequeño personaje de James Matthew Barrie se tratara. ¿Pero qué pasaría si en lugar de variar esa vertiginosa caída fuera directo al suelo que me espera ansioso por ver quién golpea más fuerte? Pues eso mismo, que las cadenas de diamantes que me unen a mis verdaderos ángeles de la guarda, se partirían. Por muy valiosas y difíciles de mantener que fueran. Que a pesar de tanto intento y engaño de uno mismo con el resto, solo importas tú. No se nos debe ocurrir el permanecer en el mundo por los demás. Vida hay una, aprovechémosla al máximo. Pero si en lugar de estar sentados en la torre, ésta está en llamas o derruida; lánzate antes de que te gane ella misma.



Pero si hay algo verdaderamente importante en estos seres humanos, y su vez alados, que nos resguardan a sus respectivas veras; es que a través de ellos hemos vivido multitud de experiencias capaces de hacernos valorar, percibir, y resolver los problemas de nuestro día a día. Que la vida son escalones que superamos con más o menos agilidad, velocidad y continuidad. Todo lo que nos propongamos y nos encontremos, debemos superarlo siempre recordando que si nos tiramos, debemos volar y volar; hasta llegar a nuestro país de Nunca Jamás.