miércoles, 16 de agosto de 2017

Silueta



Cuando el tiempo no avanza, nuestra cama suspira.
Quiere un amor marcado por siluetas de una mañana
que sola, pide una tregua de paz donde ni la Tierra gira.
Pudiendo ahogar cualquier colchón con tu mar de ganas,
que sin pudor alguno quiere nombrar un océano de vida
por mi ombligo y terminando en el hueco de mi garganta
Así que no respetemos a Gaia, hagámosle saber quién grita,
entre espejos que desean unirse a esta guerra entre sábanas.


Del sur al este mando una carta de letra ilegible, tiemblan piernas
que no conocen cansancio si no vienen sometidas a esclavitud.
Arrancando unas cadenas a un corazón que late incluso a mis hienas
perdidas en un barracón pasado que guarda llave saliendo dirección ‘Tú’.
Le pedí a Odín que me trajera la paz, apareciste; me retó como fiera
en un paseo de la muerte camino a tu labios, lengua dentro, pared de azul
que marca un fin al primer salto de la piedra en bote por una sombra certera.
¿Perdonará a mi espalda por sus pecados? Quiero que la cicatrices tú.


sábado, 12 de agosto de 2017

Tormenta


Hoy el marinero busca su tesoro perdido en medio del oleaje
intentando mirar al ojo de un huracán que solo azota su alma.
Cada ola que viene es un recuerdo que paga su alto peaje
a un baúl del que difícilmente podrá salir con zapatos de calma.
Su red sirve para pescar, no para encontrar sin luz esa llave
capaz de abrir y calmar un amor que arde entre sus peores llamas.
En sus últimas a palabras está Poseidón, suplica que su dolor acabe
con el mejor de los finales, sin ver que se hunda su barca.

Diez años atrás, durante la peor tormenta jamás vista,
la ira de las aguas intentaba volcar una humilde barqueta.
Con fuerza, un hombre agarraba la mano de su querida;
las almas del mar querían su presa y se hundiera.
Sus piernas patalean el vacío, sus ojos gritan por la vida.
Fue cuando a la Luna le tapó una ola sumida en cresta.
Las manos se rindieron, cabeza y ancla chocaron en caída.
No lo recuerda, ahora todos los días se volvieron la estrofa primera.

Plumas



Dicen que una vez hecha la maleta, la mente se hace a la idea.
Hoy soy yo quien se ata los zapatos no demasiado fuerte
con la esperanza de verte en el vagón pidiéndome que los dejara.
Que tus labios susciten un 'sí' tras vivir alejados de las suertes,
como si fuéramos ese dado trucado en el bolsillo de un camarada.
Dando vueltas por cada paso, teniendo un resultado bonito siempre
aunque aquello significara condenar la verdad a las llamas.
Al principio sólo era salir del paso, ahora hincamos en falso el diente
para un postre que no llena, sino que arde por cuerpo y alma.
Solo el mar de tus ojos nos hizo calma, pero en tus mejillas llueve
con una tormenta que arrastra nubes de desidia y rabia.
Pájaros perdidos querían volar, sin ver que soplaban vientos de la muerte.


Añoro


Su balbuceo cuando duerme,
el abrazo inesperado en la cama
que roba mi calor para su pecho.
Cuidando de su cintura y su suerte,
para no romper su sueño de almohada,
acompañado de caricias por el pelo.

Su andar sin pantalones mientras reclamo
una camiseta perdida en batalla de sus hombros,
dejando vacío mi armario para cuidar su cuerpo.
Que su titiriteo nocturno acabe con un '¿cenamos?'
para dejar que en invierno, nos cobijemos como lobos.
Que diga que hace frío por un abrazo, sin ser cierto.

Esa preocupación que funde cualquier latido helado
queriendo dejar sueños a un lado por escucharle.
Con más de doscientas noches con un hilo rojo
atado en dos dedos que añoran el tirón de sus manos.
Ver cómo nace y se desvanece el color de marcas mate
de labios que muestra el mundo en señal de amor loco.