Hoy el marinero busca su tesoro perdido en medio del oleaje
intentando mirar al ojo de un huracán que solo azota su alma.
Cada ola que viene es un recuerdo que paga su alto peaje
a un baúl del que difícilmente podrá salir con zapatos de calma.
Su red sirve para pescar, no para encontrar sin luz esa llave
capaz de abrir y calmar un amor que arde entre sus peores llamas.
En sus últimas a palabras está Poseidón, suplica que su dolor acabe
con el mejor de los finales, sin ver que se hunda su barca.
Diez años atrás, durante la peor tormenta jamás vista,
la ira de las aguas intentaba volcar una humilde barqueta.
Con fuerza, un hombre agarraba la mano de su querida;
las almas del mar querían su presa y se hundiera.
Sus piernas patalean el vacío, sus ojos gritan por la vida.
Fue cuando a la Luna le tapó una ola sumida en cresta.
Las manos se rindieron, cabeza y ancla chocaron en caída.
No lo recuerda, ahora todos los días se volvieron la estrofa primera.
intentando mirar al ojo de un huracán que solo azota su alma.
Cada ola que viene es un recuerdo que paga su alto peaje
a un baúl del que difícilmente podrá salir con zapatos de calma.
Su red sirve para pescar, no para encontrar sin luz esa llave
capaz de abrir y calmar un amor que arde entre sus peores llamas.
En sus últimas a palabras está Poseidón, suplica que su dolor acabe
con el mejor de los finales, sin ver que se hunda su barca.
Diez años atrás, durante la peor tormenta jamás vista,
la ira de las aguas intentaba volcar una humilde barqueta.
Con fuerza, un hombre agarraba la mano de su querida;
las almas del mar querían su presa y se hundiera.
Sus piernas patalean el vacío, sus ojos gritan por la vida.
Fue cuando a la Luna le tapó una ola sumida en cresta.
Las manos se rindieron, cabeza y ancla chocaron en caída.
No lo recuerda, ahora todos los días se volvieron la estrofa primera.
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