sábado, 3 de febrero de 2018

Requiem de pólvora


Son las cuatro de la mañana y aún no está en la cama,
ya son más de sesenta los minutos que pasa frente al espejo.
Hoy, doce de Agosto, mis sábanas no viven sueño en calma
porque el sonido de la cuchilla con espuma entra desde lejos.
Por mucho que lo intente, no puedo tirar más de mis sábanas
porque se salen de la zona baja y el frío de los pies es un infierno.
Se queda como una gota de lluvia frente al mar de esta madrugada
en unos ojos que apenas ven la silueta borrosa de tu espalda enmedio.

Hace ya tanto tiempo que dejaste los crímenes que ni yo te recuerdo
como ese criminal que asomaba por las calles dejando hombres tuertos
porque no te contaban nunca nada interesante que te sonara a nuevo.
“Quiero dejar un recuerdo bonito, cariño. No pienses en lo feo”.

Ahora todo voló como lo hace el agua del mundo vivo del Nilo,
aprendiste a ser padre, amante y oyente cuando más falta hizo.
Mañana el pequeño Ton quiere ir a dar de comer a gatitos contigo,
pero sólo verá cómo el mundo deja el pasado erróneo y vivo.

Vuelves, sales con la toalla secándote la barbilla desnuda
junto a unos puntos rojos de cortes que se tornan de púrpura.
Son las luces azules del exterior con la grana de sirenas mudas.
Vienen a por ti, mi vida. Bésale en la frente y sal por la puerta.
Cada mes, cada semana y cada carta serán las miles huellas
que tendremos para la vida, donde todo refuerzo tiene prueba.
Veinte años no son nada, que eternidad sólo hay una.

jueves, 1 de febrero de 2018

Alas de hilos


Tras tantos días, uno cae por la cuerda floja sin razones.
Quiere sentir que la pesa de sus alas se vuelve arena
desvaneciéndose gracias a la brisa de Febrero sin condiciones.
Hoy sólo me calma una voz que resurge sólo de madrugada,
casi inconsciente “te quiero muchísimo”; la abrigo con sus mantones.
Para volver una mañana, sabiendo que tus penas son mías, sin alas.
Guardando mil secretos de los sueños encerrados en el mundo ocre
donde componen las líneas en búsqueda del hilo grana.

Dejándote una pluma más allá de donde el horizonte te deja,
para que la mariposa la vuele con su efecto a tu ventana.
Siendo todo huracanes y tormentas cayó entre dos viejas tejas,
resbalando por sus ríos de agua para posar en unas sábanas.
Ahora, aunque tarde, te pido perdón por pincharte cuando las pliegas
porque me quedé bajo tu almohada antes de que él te lanzara
sobre los hombros una lluvia de gotas marrones en señal de tregua
al tiempo y su guerra con los “por favor, que sea ya, que sea ya…”.