Son las cuatro de la mañana y aún no está en la cama,
ya son más de sesenta los minutos que pasa frente al espejo.
Hoy, doce de Agosto, mis sábanas no viven sueño en calma
porque el sonido de la cuchilla con espuma entra desde lejos.
Por mucho que lo intente, no puedo tirar más de mis sábanas
porque se salen de la zona baja y el frío de los pies es un infierno.
Se queda como una gota de lluvia frente al mar de esta madrugada
en unos ojos que apenas ven la silueta borrosa de tu espalda enmedio.
Hace ya tanto tiempo que dejaste los crímenes que ni yo te recuerdo
como ese criminal que asomaba por las calles dejando hombres tuertos
porque no te contaban nunca nada interesante que te sonara a nuevo.
“Quiero dejar un recuerdo bonito, cariño. No pienses en lo feo”.
Ahora todo voló como lo hace el agua del mundo vivo del Nilo,
aprendiste a ser padre, amante y oyente cuando más falta hizo.
Mañana el pequeño Ton quiere ir a dar de comer a gatitos contigo,
pero sólo verá cómo el mundo deja el pasado erróneo y vivo.
Vuelves, sales con la toalla secándote la barbilla desnuda
junto a unos puntos rojos de cortes que se tornan de púrpura.
Son las luces azules del exterior con la grana de sirenas mudas.
Vienen a por ti, mi vida. Bésale en la frente y sal por la puerta.
Cada mes, cada semana y cada carta serán las miles huellas
que tendremos para la vida, donde todo refuerzo tiene prueba.
Veinte años no son nada, que eternidad sólo hay una.