Tras tantos días, uno cae por la cuerda floja sin razones.
Quiere sentir que la pesa de sus alas se vuelve arena
desvaneciéndose gracias a la brisa de Febrero sin condiciones.
Hoy sólo me calma una voz que resurge sólo de madrugada,
casi inconsciente “te quiero muchísimo”; la abrigo con sus mantones.
Para volver una mañana, sabiendo que tus penas son mías, sin alas.
Guardando mil secretos de los sueños encerrados en el mundo ocre
donde componen las líneas en búsqueda del hilo grana.
Dejándote una pluma más allá de donde el horizonte te deja,
para que la mariposa la vuele con su efecto a tu ventana.
Siendo todo huracanes y tormentas cayó entre dos viejas tejas,
resbalando por sus ríos de agua para posar en unas sábanas.
Ahora, aunque tarde, te pido perdón por pincharte cuando las pliegas
porque me quedé bajo tu almohada antes de que él te lanzara
sobre los hombros una lluvia de gotas marrones en señal de tregua
al tiempo y su guerra con los “por favor, que sea ya, que sea ya…”.
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