Sin pelos en la lengua puedo decir que yo mismo soy un claro ejemplo de la decepción sufrida por mi alrededor. Claro que todos hemos sufrido al brotar esperanza en el cráter equivocado, pero nunca llegamos a mostrar el intenso dolor que sentimos en nuestro interior, ese momento cumbre donde no queremos ni mover un milímetro nuestro cuerpo. ¿Pero por qué mantienen la esperanza? ¿Y por qué no cambio esta actitud? Entiendo que la gente que empiece a conocer ahora sí lo haga, ya que en cierto modo, sigo siendo una persona bastante desconocida. Nunca llegarían a saber si su plata la convertiría en oro o huiría con ella para no volver. Otros arriesgaron de tal manera, que la intención dio sus frutos. Aún así, estoy aquí escribiendo un triste ensayo para desahogarme con tal de dejar a un lado gran parte de la carga. Triste es, claro que sí. Pero no es comparable a la decadencia moral que se muestra al ser rechazado y alejado de la vida de alguien.
Cuando esa persona te ha recibido de buen trato por el hecho de mantener una simple conversación. Pensadlo bien: alguien que se abre hacia ti, deposita en tus oídos los más tristes y oscuros recuerdos de su vida para intentar crear un lazo resistente hacia tu persona. De esta manera, espera un secreto de vuelta para confirmar su bienestar en la conversación. La comodidad poco a poco se rompe porque tienes miedo de que realmente te conozca profundamente, te rechace por tu forma de ser o tú misma te sientas atraída por la suya. Claro, nos ha pasado alguna vez, y siempre encontramos una vocecilla dentro de nuestra y recóndita mente que nos incita a no dejarlo, ya que nos arrepentiremos, hablaremos con la gente y todo cambiará de color. Sí, puede ser un amor suicida, pero si no probamos a querer con locura, tampoco disfrutaremos de la vida tal y como es. No hace falta aprender a olvidar, sino a reírnos de nuestros recuerdos para un futuro mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario