martes, 28 de junio de 2016

Landom sin Jack

No hay peor noticia para un corazón que saber que ya no hay fuerzas para luchar. Que el único apoyo que tengamos sea un simple conejo gigante con una careta plateada y unos dientes que sobresalen de lo normal. Todo se vuelve absurdo, ilógico y desacorde a nuestros sentimientos. Quedando todo en una nube de odio, desesperación, angustia y tristeza. Esta nube trae consigo una tormenta, de las peores que he visto jamás en años, hasta tal punto de apagar un verano entero sin algún tipo de problema. La Tierra se está volviendo un mundo lleno de gente que creemos que conocemos a pesar de la superficial y tan inestable información que nos muestran. Porque si en algo destacamos en el hecho de cambiar tanto de opinión como de entorno; cosa que no sé si será coincidencia. A veces, con mirarme al espejo, puedo observar las miles de transformaciones que he tenido en mí desde que tengo conciencia y la inocencia intacta. Cada una de mis cicatrices salen de este saco de carne y huesos <<más carne que huesos>> para mostrarse ante esta superficie reflectante y cómo fue producida. Pero ya no solo las creadas en la superficie de mi cuerpo, sino también en las de mi alma, purificando, aunque sea por momentos, a este chico con problemas.



Ahí es cuando me doy cuenta, nadie me conoce, a pesar de lo mucho que hablo con ellas. Al igual que yo tampoco a ellas. No sé si es falta de empatía en ambos o por el hecho de que no llegamos jamás a sentir el dolor que otros sienten si no fuéramos nosotros mismos aquellos personajes. El estómago me da vueltas con cada paso por el mero hecho de estar tan vacío que me debilita. Son las pisadas por una ciudad tan grande y solitaria como Dublín los que me hacen ver la insignificante que somos en esta vida los humanos, que nadie ni nada llega a recalcar el valor por siglos y siglos. A su vez, ¿para qué queremos eso? ¿Para qué queremos ser recordados? Yo creo que es un simple tapón o excusa para no aceptar la verdadera muerte y querer darnos por satisfechos. Porque el miedo me come por dentro al pensar en que ya no habrá ningún latido dentro de mi pecho, ni sangre por mis piernas mientras descubra mundo en unos patines cualesquiera. Yo necesito a Jack en mi vida, un suplemento de fuerza, y unas buenas cuerdas bañadas en la dorada y ansiada locura por muchos, dejando atrás las normas que convierten un mundo precioso en la rígida vida que nadie quiere, si quiera, empezar.    

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