No hay peor noticia
para un corazón que saber que ya no hay fuerzas para luchar. Que el
único apoyo que tengamos sea un simple conejo gigante con una careta
plateada y unos dientes que sobresalen de lo normal. Todo se vuelve
absurdo, ilógico y desacorde a nuestros sentimientos. Quedando todo
en una nube de odio, desesperación, angustia y tristeza. Esta nube
trae consigo una tormenta, de las peores que he visto jamás en años,
hasta tal punto de apagar un verano entero sin algún tipo de
problema. La Tierra se está volviendo un mundo lleno de gente que
creemos que conocemos a pesar de la superficial y tan inestable
información que nos muestran. Porque si en algo destacamos en el
hecho de cambiar tanto de opinión como de entorno; cosa que no sé
si será coincidencia. A veces, con mirarme al espejo, puedo observar
las miles de transformaciones que he tenido en mí desde que tengo
conciencia y la inocencia intacta. Cada una de mis cicatrices salen
de este saco de carne y huesos <<más carne que huesos>>
para mostrarse ante esta superficie reflectante y cómo fue
producida. Pero ya no solo las creadas en la superficie de mi cuerpo,
sino también en las de mi alma, purificando, aunque sea por
momentos, a este chico con problemas.
Ahí es cuando me
doy cuenta, nadie me conoce, a pesar de lo mucho que hablo con ellas.
Al igual que yo tampoco a ellas. No sé si es falta de empatía en
ambos o por el hecho de que no llegamos jamás a sentir el dolor que
otros sienten si no fuéramos nosotros mismos aquellos personajes. El
estómago me da vueltas con cada paso por el mero hecho de estar tan
vacío que me debilita. Son las pisadas por una ciudad tan grande y
solitaria como Dublín los que me hacen ver la insignificante que
somos en esta vida los humanos, que nadie ni nada llega a recalcar el
valor por siglos y siglos. A su vez, ¿para qué queremos eso? ¿Para
qué queremos ser recordados? Yo creo que es un simple tapón o
excusa para no aceptar la verdadera muerte y querer darnos por
satisfechos. Porque el miedo me come por dentro al pensar en que ya
no habrá ningún latido dentro de mi pecho, ni sangre por mis
piernas mientras descubra mundo en unos patines cualesquiera. Yo
necesito a Jack en mi vida, un suplemento de fuerza, y unas buenas
cuerdas bañadas en la dorada y ansiada locura por muchos, dejando
atrás las normas que convierten un mundo precioso en la rígida vida
que nadie quiere, si quiera, empezar.
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