jueves, 9 de junio de 2016

Males oscuros



Miro hacia el fondo y ya no te tengo de frente.
Dime qué es esta carga que tengo en manos otra vez.
Soy sujeto de Platón por cadenas en cuerpo y mente,
está todo oscuro, me caigo y el miedo a perderte
sólo recorre mi espalda con manos frías que no están presentes.
Tengo claro que yo así no sigo, la cueva ni la quiero; ella ni me siente.
Yo sé que esto es Troya, pero solo veo llamas, no queda gente;
si pudiera resguardar cada recuerdo, tendría un altar, no soy prudente.
¿Acaso estoy hecho de barros para infiernos? Queriendo a flote mantenerme
con mi barca en el mar de cuchillos por cuellos y pulmones ardientes.
No son marcas en la espalda, sino cicatrices que sangran, son siete
las Lunas que nos convertimos en lobos, devoraste, poema; termíname.
La sangre que fluye se estanca en mi corazón, ayuda permanente
es lo que necesitan mis pálpitos cuando mi pupila se fue al oeste.
Ya mi marea baja, asumo el egoísmo; seco las mil serpientes
de mi pelo que petrificaron esa esperanza tuya de sonrisa latente.
Eres mi reina, mis alas, mi dolor, mi quemazón, todo lo tienes.
La electricidad de mi Estrella del Norte provocó alta tensión en Julio Verne,
que supo ver mi tonta caída desde hace siglos; ahora que me tienes,
dime si soy a quien quieres, delicados dedos por mi pecho, me duermes...

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