En verano le robé un beso a Teresa en un banco, aprendí a calmarme con Laura, y se me olvidó lo aprendido con Nerea; supe encandilar gracias a Alicia. También conseguía valentía gracias a Rocío, jugué a los desamores con Marta para que así apareciera Sara. Fui un mono de feria junto a Rosa María, por ello, me hacían fotos, siendo Refu la cámara. Me desesperaba por un guiño de ojo, como aquellos que Cristina me dejaba al salir de la cama. Me reí por el instituto de la mano de Isabel, sin saber que a mi lado realmente quería estar otra chica, Nereida. Bajaba los escalones y de refilón me encontraba con Naiara; ella misma me advirtió del peligro; del choque de caderas de Melody. Cuando solo podía pensar en la vecina rubia de ojos azules, Noelia.
Tras un tiempo probé a querer a Navitidad, siendo inútil; la seductora y ardiente Carmen me esperaba con los brazos abiertos. Le enseñé el mundo a Andrea, para que así su tocaya supiera resguardarse del frío en las hogueras de San Juan. Tania me desveló la obra de teatro que la carne guarda para todo ser humano, aunque Julia le prendiera fuego para así hacer juego con su pelo. Luego los feriantes me engañaron para participar en el juego de la silla; junto con la compañía de Rocío, Almudena, María y Beatriz. Alicia Martín lloraba sin cesar por no saber que la niña con los ojos de cristal Nieves se iba a llamar. Al cabo de tres juegos, una simple Taniidad vino para una más sumar. Con Almudena quise jugar a ver quién recaía con más facilidad. Lucía fue un simple juego de azar, pero con la seguridad de saber ganar. Paola jamás erraría como yo en aquella escalera de una escuela abandonada. Para desahogarme en un parque como uno de los besos de Lydia. Siempre se tiene brevedad con Sara y catástrofe con Desiré.
Corazones rotos como los de Alba seguro que hubo pocos, ¿aprenderé a besar como Raquel sin amar ni querer? Desolado y estupefacto, el amor primero ha abarcado 21 días junto a mil y una noches, las historias de Natalia jamás serán derroche. Aunque todo tiene su parte oscura, como May y sus paseos entre sótanos sin ojos ateos. Pasatiempos, crucigramas, besos de Cristina por las ramas; sin acabar mal sin beber, como aquel beso de Elisabeth. Gente que desaparece de mi mente como Noelia y no sabía, ni cómo ni porqué, mis sábanas olían a Rosalía. Pero poco a poco Marta José puedo volverme cuerdo, aunque Ángela tardó poco en no verlo; a través de Paula yo me oculté. No fuera a ser que Rocía nos fuera a ver. Aurora boreal fue la creación de raíles, de Cristal. Luego vino María José por dos tragos sin beber, cayéndome Lucía por falta de Esperanza. Me sorprendió la fugacidad y pasión de Estela antes de que en dos nos partiésemos Eva yo. Noches extrañas junto a Inés y la luna como semicírculo hasta que llegaran a mi espalda las uñas de Saray.
Para reponer fuerzas intercalé con Sara y Sandra mientras enseñaba francés a Lauri por madrugadas y albas. Nada de Cristina supe hasta que perdí la mano de Noelia, por el simple hecho de cabrear al padre de María. No me conocía la madre de Sandra, y eso que los rumores por Rocío y Julia son devastadores. ¿Lucía o Lucifer? Mientras no se comportara como Alicia no me iba a entristecer. Marta León fue la chica de las galletas y Elena mi caja de Pandora. Con Marina fue un romance por las aulas que sin saberlo finalizó con los acordes de la guitarra de Albiz. Me desfogué y apasioné con Lucera Stinson para no desgarrar mis secretos en el mirador de Sonia. Tras la vida de color de Rosa, conseguí dar nombre y razón a la estabilidad con la cuna de Copi, un recuerdo nada fugaz. Malas etnias las de Sabah por mi piel, su tonalidad. Sin contar con lo oscura que fueron las curvas de Trinidad. Nuevos pétalos, Rosa María, sépalos por decorar. Sara fue mi agua de Valencia mientras que Berta supo ser una verdadera amante. Jugando entre parques con las manos de Katelina sin saber que desembocaría en el cuello de Alejandra y un tren de biblioteca. Con Adela nada era negro, veía con pestañas albinas. Para resquebrajar la inocencia de Sheila solo fue cuestión de acertijos y esperar. Noita, sin querer su nombre olvidé tras una buena tarde de juegos por doquier. Me sabe a Gloria bailar toda una noche y plasmarlo con seda y traje para fijarme en los ojos que Eva tenía.
La locura la compartiré siempre con María, un balón e instinto carnal. Por Isla Cristalina una tal María perdí sin saber que con Elena no me debía de rendir, aunque por bendición o desgracia, en el Miraflores con Clara caí. Andrea subo buscar mi laberinto perdido y saber llegar al fondo del cofre del cariño. Luego llegó la despedida de Alejandra, ineficaz, para poco recordar. En el pueblo de Juan Ramón dejé huella en María, para viajar hasta Chile y seguirle la pista a Sandra. Luego apareció Verónica, para dejarme sin explicaciones ni excusas por aparación. Rocco fue de todo, menos malo; puede que extrañísima combinación. María Jesús dejó todo por los suelos, sin saberlo, pasó al odio; olvidó el anhelo.
Soy una gran cantidad de acciones, no sé, extraño, ¿verdad? Feliz, entretenido y de experiencias vivirás. Sé un barco de vela a la deriva, sabrás dónde navegar, que con todo esto, aprenderás.
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