martes, 31 de enero de 2017

Pequeña


Hoy ella viene caminando con su sonrisa de siempre,
con su pelo color plata haciendo juegos de malabares
y trabando mis palabras con sus caderas, con sus andares.
Ya solo me sale querer volar, surcar kilómetros para verte.

Ayer le llamaba pequeña, hoy la veo como la más grande,
puede con todo, tiene cuidado y sabe disfrutar de la vida.
A mí me enseña que el universo está siempre a su alcance
porque entre palabras y ternura, su manto de vida siempre hila.

Recuerdos de cama que terminan en abrazos de la noche
porque me roba mantas en madrugadas frías de Enero.
Ahora mi habitación está sola, quiero que ella sea mi derroche
de luz y armonías. Todo en una cajita que guarda nuestro fuego.

Tiene nombre propio en un mundo que no le gusta tanto,
yo la llamo Mi pequeña cuando le abro las puertas al mío.
Entre tantas las ganzúas y mis llamadas a latidos blancos;
que luego llenan de color a pinceladas este corazón escurridizo.


Te quiero, pequeña.

miércoles, 25 de enero de 2017

Señor Perro



Por las calles deambula sin rumbo noche y día, no lleva collar.
Sus piernas son frágiles, apenas puede mantenerse de pie,
cuando la fría noche arrecia contra su pecho, mendiga piedad
a los vecinos del barrio del Cariño para sentir calor por última vez.


Dicen que su pelaje huele a ropa sucia y a contenedor amargo
porque no tiene comida y consigue energías incluso en lo malo.
Aguanta valiente a pesar de las huidas de amores no santos,
que una vez le miraron bien, con cariño y lo llevaron alto.


-Toma ahora vengo -ríe- espera sentado y bebe agua.
Entonces, fue el momento cúspide, en el centro la patada
y  ríe sin saber, que en el corazón del Señor Perro ya no hay llama.
Su última esperanza, su último sorbo de la vida… Se le atraganta.

domingo, 22 de enero de 2017

Luz

Ella es quien me roba las zapatillas de andar por casa cuando está. De viernes a lunes encuentra excusas para caer en mi manta una vez más. Porque todo lo hace diferente, consigue a mi alma cautivar con simples juegos de risa, tequila y sal. Mi momento favorito es cuando se duerme en mi hombro, siente frío y me abraza con piel a ras; al borde de un ataque de sueños, como cualquier musa que desea que no termine su viaje a mar. Surcamos olas, muchas de ellas son tranquilizadoras, tanto como sus besos de paz, que calman pieles, apaciguan almas y prenden la mecha de una sigilosa cuenta atrás.

Tres, dos, uno… Desnudos, almohadas y acción. No supe si gané el juego, pero mi blanco siempre fue su punto débil, hacer sentir amor. Hoy no es que no lo sienta, hoy lo tengo dentro de mí por dos. Ni se suma, ni se multiplica; nada de eso. Hoy lo suelto, vuela libre sin coger frío en un rincón. Le dí rienda suelta a unas caderas que solo querían sentir tus latidos, saber que no eres carbón. Pero de todas maneras, siempre te quise por hoguera, por cuidados y por una sencilla razón: Corazón de hielo necesita calor.

Cuando caigo rendido y no estás es porque todo huele a ti. Abrazo un cojín mientras duermo al saber que te quedan menos horas para atravesar kilómetros, para venir. Hoy llámame loco empedernido, pero ninguna palabra va para mí. Dime quién mejor se las merece sino el perfume para la revolución de mi hormonas de color marfil. Tú te llevaste todo su azul, lo guardaste en el cielo al que perteneces y que así nunca veamos gris. No tienes varita, tampoco cartas; pero la magia me hace volar de mi cama a ese baúl de experiencias que contigo quiero vivir.

Luz.