domingo, 22 de enero de 2017

Luz

Ella es quien me roba las zapatillas de andar por casa cuando está. De viernes a lunes encuentra excusas para caer en mi manta una vez más. Porque todo lo hace diferente, consigue a mi alma cautivar con simples juegos de risa, tequila y sal. Mi momento favorito es cuando se duerme en mi hombro, siente frío y me abraza con piel a ras; al borde de un ataque de sueños, como cualquier musa que desea que no termine su viaje a mar. Surcamos olas, muchas de ellas son tranquilizadoras, tanto como sus besos de paz, que calman pieles, apaciguan almas y prenden la mecha de una sigilosa cuenta atrás.

Tres, dos, uno… Desnudos, almohadas y acción. No supe si gané el juego, pero mi blanco siempre fue su punto débil, hacer sentir amor. Hoy no es que no lo sienta, hoy lo tengo dentro de mí por dos. Ni se suma, ni se multiplica; nada de eso. Hoy lo suelto, vuela libre sin coger frío en un rincón. Le dí rienda suelta a unas caderas que solo querían sentir tus latidos, saber que no eres carbón. Pero de todas maneras, siempre te quise por hoguera, por cuidados y por una sencilla razón: Corazón de hielo necesita calor.

Cuando caigo rendido y no estás es porque todo huele a ti. Abrazo un cojín mientras duermo al saber que te quedan menos horas para atravesar kilómetros, para venir. Hoy llámame loco empedernido, pero ninguna palabra va para mí. Dime quién mejor se las merece sino el perfume para la revolución de mi hormonas de color marfil. Tú te llevaste todo su azul, lo guardaste en el cielo al que perteneces y que así nunca veamos gris. No tienes varita, tampoco cartas; pero la magia me hace volar de mi cama a ese baúl de experiencias que contigo quiero vivir.

Luz.

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