Hoy ella viene caminando con su sonrisa de siempre,
con su pelo color plata haciendo juegos de malabares
y trabando mis palabras con sus caderas, con sus andares.
Ya solo me sale querer volar, surcar kilómetros para verte.
Ayer le llamaba pequeña, hoy la veo como la más grande,
puede con todo, tiene cuidado y sabe disfrutar de la vida.
A mí me enseña que el universo está siempre a su alcance
porque entre palabras y ternura, su manto de vida siempre hila.
Recuerdos de cama que terminan en abrazos de la noche
porque me roba mantas en madrugadas frías de Enero.
Ahora mi habitación está sola, quiero que ella sea mi derroche
de luz y armonías. Todo en una cajita que guarda nuestro fuego.
Tiene nombre propio en un mundo que no le gusta tanto,
yo la llamo Mi pequeña cuando le abro las puertas al mío.
Entre tantas las ganzúas y mis llamadas a latidos blancos;
que luego llenan de color a pinceladas este corazón escurridizo.
Te quiero, pequeña.
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