martes, 25 de abril de 2017

Incendio


Cuidar de los renglones como si estuvieran hechos con los hilos de tus sentimientos.
Los desgarré a dentelladas con la bestia que guardo en mi más profundo adentro.
Me prometí ser el protector de tu mundo, el constructor de nuestra galaxia... Pero desaparezco.
Mi humo no es por gusto, soy ese penique de doble cara: corrernos y mojarnos; o me quemo.
Aguantando las mil tempestades de viento, avivando unos ojos de odio en puro fuego,
así vivo el día a día con las puñaladas a mis pulmones donde está el cerrojo de mis miedos.
Quiero ver en tus labios el cortafuegos de mi ira, volviendo la oscuridad al cambiar rojo por negro.
Escondernos entre unas nubes de tela que dejen carbonizados mis gritos desde mi cabeza hasta tu pecho.
Sobrevolar el mar de las llamas que carboniza una piel donde no quedan hojas, completo siniestro.
Vuelo como astros, soy un ave hecho de míseras cenizas volviendo al iris de un fénix tuerto.
Quiso perder un ojo para saber todo aquello que nunca podría ver... Y en su mente apareció su último momento.
Me volví animal al dejar en un horno mis modales, conocí al Sol, sin alas de cera, con un ojo menos.
Ni mil mares, por mucho que yo lo intente, saldrán de mi alma para apagar mi propio incendio.


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