sábado, 15 de abril de 2017

Llamada a Caronte



Cerré los ojos y el atardecer perdió toda su fuerza.
Levanté mis brazos para que el viento me llevara con él,
pero no me dejó volar como alguna de tus golondrinas.
Mis pies se convirtieron en cemento y la ladera en agua,
sumergiéndome en la naturaleza sin bocanada de aire fiel.
Perdí cada tirada de los dados cuando estabas en mi partida.
Teniendo suerte en un corazón que se destiñe y naufraga
en unas olas que decoloran mis tobillos en la orilla de tu ser.
Me resiento por tus gotas saladas, dejamos de ser salvavidas
para darlo todo, un amor suicida entre jóvenes que todo aguantan.
No puedo mover mis pies, ya no veo la luz, disfruto de las vistas.
Porque aquí se encuentran mis mil barcos hundidos que nadie ve.
Solo nosotros, las enredaderas del pasado ocultas en mi caja blanca.
Las raíces pronto levantarán la Cordillera de Pandora, sin alma levadiza.
No me moverán de mi sitio, dijeron; no saben que mi lugar es la muerte,
para toda tinta que surque mis valles, a la tumba caerán sin sanas.
Pero antes, levanta los brazos, te daré un paseo por mi guarida.

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