Hoy quiero volver a hablar conmigo, y con vosotros, contaros qué ha pasado ahora por mi cabeza. Aunque pueda parecer sorprendente, el suicidio ya no está entre mis objetivos principales, he encontrado algunos hilos para así poder tejer una linda hamaca y disfrutar de esta vida que me place.
Anoche, tras varias vueltas por mis colchones me di cuenta de una cosa: no puedo decir que he superado un problema si por él lloro o veo mi vida afectada nada más baja el sol y sube la Luna. De hecho, este problema es por una ruptura, mucho más repentina de las que he tenido que vivir, lo cual me trastocó muchísimo todos los esquemas. Lo que no he sabido llevar <y creo que nunca podré, pero ojalá me equivoque> es el hecho de que si el amor se diluye por parte de la otra persona, no saber cómo remediarlo o qué lo causó. Porque quiero creer que siempre he dado lo máximo de mí e incluso haber empezado a mejorar en algunas cosas que ella me enseñaba, ¿sabéis a lo que me refiero? Sé que a veces me explico mal, pero qué se le va a hacer. A ver, a lo que iba, he ido repasando mi vida en todo este último mes y me he dado cuenta de que he desganado algunos aspectos, pero debido a los cambios tan grandes que he vivido en mi vida: me he independizado, tengo mi propio trabajo, cositas de familia y algún que otro detalle suelto. Entonces no sé si ha podido ser eso, aunque sí es cierto que no lo veo tan grave como para provocar un desenamoramiento. Pero claro, no me puedo meter en la cabeza y el corazón de una persona; a veces ni siquiera ella puede y nos duele a ambos.
Con todo esto me doy cuenta de que puedo ser feliz y que hay personas estupendas en este mundo que pueden tener un momento de flaquez, que hagan alguna cosa mal y se pueda romper un pilar. Ése ha sido otro de mis miedos más vitales, no el hecho de fallar en algo, sino de errar en una acción o momento vital. No sabría cómo reaccionar al ver que lo hice mal o que me hagan ver que hay opciones mejores y mi solución no fue adecuada. Por eso creo que tampoco debería echar <mucho> en cara este tipo de acciones pero sí hablarlas con delicadeza. Jamás me gustaría convertir en lobo a quien mató un rebaño. Por eso la templanza y la perspectiva son tan importantes en este tipo de situaciones. Como bien dice mi familia: a quién queremos podemos perdonarles hasta lo más cruel. Lo comparto con todo mi corazón, pero no creo que existan tickets para el perdón, en casos graves podría dar lo que se dice un ultimatum.
Así que esta mañana lo he hecho, conmigo mismo y con esa persona <sin que lo supiéramos ninguno de los dos> por el mero hecho de que mi corazón necesita reconciliarse con quien le ha hecho sentir más vivo que nunca. Aunque duela, toca aprender a vivir de maneras distintas con personas de siempre. No quiero perder la bondad nunca ni hacer como que nada ha pasado. Pasos de hormiga para la boca y años luz para un corazón que no sabe parar si aún sigue latiendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario