Me di cuenta
que el cinco no dice la verdad.
Fueron sólo tres de querer
y dos de ellos, últimos, esperar;
que pena no fuera... Se hizo realidad.
Entre dos columnas, mi árbol piensa:
¿hice bien en querer salvar o es el mal?
Me supera el aliento de mi risa tensa,
que carcajeé por el final de ésta nuestra.
Así apilé este poema imposible de bailar.
El ritmo de los recuerdos de mi cabeza
resuena a balada triste y desigual,
donde se lloran unas manos sangrientas
por una cuerda rota al aguantar.
Siento habernos sostenido por pena,
cuando debí permitirnos el esperar
las prisas del túnel nos hicieron chocar.
Infinitivo directo, pretérito imperfecto.
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