jueves, 30 de octubre de 2014

Bestia cicatrizada

Un día tras otro, un invierno tras otro, un San Valentín tras otro… Ya eran diecisiete años en los que el pobre Landom llevaba sin encontrar alguien que no le conociera de nada, le apartara por sus acciones ocurridas en el pasado. Hoy, 30 de Octubre, se queda sentado nuevamente en el mirador abandonado. Digo nuevamente porque anteriormente le sucedió, cuando su última pareja seria le dejó, por ejemplo. Fue un 16 de Diciembre, pero no recuerdo muy bien el año, duraron aproximadamente tres semanas, un periodo muy corto, vaya. Sí, yo también creo que para ser considerado algo serio, necesitaba  una base más estable, pero eso para él era imposible.


Para hacernos una idea, este chico de Aracena, pasó por muy malos tragos a lo largo de su vida sentimental cuando era más pequeño, casi un pre-adolescente. A la temprana edad de trece años, empezó a gustarle una chiquilla de un año mayor que él y además, era su compañera de baile en la actuación de fin de curso. ¿Su nombre? Nerea. La chica no es que fuera muy guapa, la verdad, pero tenía unas curvas muy enigmantes. Hasta tal punto que él mismo aprendió la forma de sus caderas con solo tocarle en los momentos necesarios del baile. Su personalidad era muy normal, lo poco que podía llamarle la atención que no fuera físico era su manejo de los hombres. Los hombres caían rendidos, tal y como lo cuento, cada chico que le conocía era otro inmenso en la incesable lista que se hunde en el Mar Muerto por su peso de la tinta.


Landom se envalentonó, empezó a sacarle tema de conversación día a día, alcanzando su objetivo, empezar una relación con Nerea como compañera, como caminante de raíles. Durante largos y pesados cuatro meses, fue feliz: tenía a una persona que se preocupaba por él, varios amigos con los que salía entre semanas mientras los viernes y sábados se iba al skatepark a patinar con sus rollers hasta las tantas de la madrugada. El día que cumplían un cuatrimestre juntos, le tenía preparado un regalo no muy ostentoso, pero sí muy lleno de sentimientos, un colgante de chapa con forma de tabla de surf con una mordedura de tiburón. Era un presente hecho a mano, lo hizo él mismo a base de cortar y lijar un pequeño rectángulo que se encontró en la calle, bajo su ventana, tardó unas dos semanas en terminarlo. Él mismo se dirigió a su casa, le llamó al porterillo, un 3ºB muy humilde.


Estaba fascinante, un vestido blanco acabado en falda de varias capas. Pero al momento de abrir, se quedó blanca, boquiabierta, como si fuera algo inesperado. En ese instante, le cogió del brazo y se lo llevó dentro del portal, poniéndole contra la pared.


- Landom, de veras, lo siento mucho, pero hoy había quedado para ir al cine con unas amigas. No me acordaba de que hoy habíamos quedado para comer, por favor, quedamos mañana, ¿vale? Te quiero -le besó tiernamente los labios y lo abrazó, pero aún así notaba que algo no encajaba, que le mentía-.



Se fue por el mismo camino que el de ida, y a los pocos pasos de cruzar la manzana, se fijó que un chico, un poco más alto, se llevaba cogida de la mano, a la que era su novia, a Nerea. Volvió a girar la cabeza, la agachó resignado, metió su mano derecha en el bolsillo de su abrigo, envolvió la caja donde tenía el colgante y cerró tan fuerte su puño que se escuchó cómo crujía y se rompía el regalo en varios trozos. Sacó la mano y dejó caer todas las piezas imposibles de montar. Ahí decidió no volver a confiar en nadie para una relación, empezaría a llevar el “ojo por ojo, diente por diente” a un nivel muy sentimental, demasiado sigiloso para segundas personas.


Desde entonces, este chico no paró de salir con decenas, incluso cientos de personas para enamorarlas, follárselas y acabar con ellas tras ponerles los cuernos una o varias veces. Eso le dió mucha fama. No fue tanto la caída, sino los testigos. Hasta hace bien poco, medio años más o menos, acabó reinsertado nuevamente en la sociedad, pero cuando fue a hacer vida sentimental, no había ni una sola persona que no le viera como un monstruo, hasta la gente que ni le conocía, solo por lo que contaban terceras personas. Era un humano que tiene cicatrices de haber sido bestia, pero aún así, solo quieren ver las marcas en lugar de los secretos y sentimientos que ahogan las pupilas de sus ojos, sentía la necesidad de huir del mundo, de llegar a un lugar en el que el pasado no fuera importante, siempre que se haya pagado por él.

domingo, 26 de octubre de 2014

Distancia Kilométrica

        Siempre se habla de que la distancia rompe relaciones, para ser exactos, una gran mayoría de ellas. Eso me indujo a pensar muchísimo, bastante más que cualquier otra cosa, la verdad. En mi opinión, ella no tiene la culpa, porque podemos sacarle muchísimo provecho, tiene sus defectos, pero también otras virtudes. A veces pensamos que jamás veremos a esa otra persona, que todo es una falsa esperanza que nos hará felices un tiempo, pero que la realidad nos aplastaría como si fuera una gran roca que se despeña. Pero nadie piensa en la multitud de posibilidades para poder viajar al lugar en el que se encuentra. Puede que nos salga caro, claro que lo es, pero el amor nunca tuvo unas tasas en las que podamos fijarnos y comprobar si nos sale rentable. Todo ello es porque cada persona es diferente a otra, yo mismo me gastaría una cantidad razonable para alguien de mi edad con tal de ver a mi pareja una tarde. También se puede reforzar la confianza que hay entre dos personas, a la vez que aumenta el aguante con el paso de los días. Eso me lleva a una observación, se puede resumir en muy pocas palabras; para ser exactos, tres: "queremos como locos". No todo tiene que ser un sentimiento tan intenso, lo cual no es malo, pero puede llegar a cegarnos locamente sin tener muy en cuenta las consecuencias, entre ellas el acabar llorando por las esquinas la rotura de la relación. Yo ahora mismo soy feliz sabiendo que una persona me quiere y le soy correspondida, muy poca gente tiene dicha suerte, por no decir que es algo extraño. Y aunque mucha gente desanime con el problema de la distancia kilométrica, yo lo veo una ventaja. Eso me enseña a vivir los momentos de una manera especial, dando lo mejor de mí, haciendo todo lo posible para que sea inolvidable. Gracias a esos recuerdos, las personas sacan fuerzas de donde no las hay con tal de revivir una sonrisa que jamás hubiera salido a la luz si no fuera por alguien que hay tras una pantalla que apostó por ti, por convertiros en uno.

jueves, 23 de octubre de 2014

Sexo sevillano


La cogería en brazos de un salto. Empezaría a besarla lentamente, la tumbaría en la cama mientras me dirijo hacia su oreja y se la muerdo con muchas ganas y a la vez de manera suave; haciéndole notar mi respiración acelerada. Bajaría un poco hasta el cuello y mordería sin cesar mientras bajo mi mano por dentro de sus pantalones. Meto los dedos corazón y anular lentamente, hasta el fondo, dentro de ella. Noto cómo arde y sus brazos empujándome hacia ella. De repente, uno de ellos baja hasta mi polla y empieza a mover su mano de arriba a abajo, sin pausa y de manera algo brusca, haciéndome notar noto. Le quito la ropa a dentelladas, quedándonos totalmente desnudos. Finalmente me agarra por el cuello y me susurra: “hazme tuya..”.

domingo, 19 de octubre de 2014

Asesino de estrellas

Por fin era Mayo, mandaba a tomar por culo todas aquellas horas de estudio tan pesadas como un collar de melones. Día de la graduación, todos mis compañeros trajeados, felices de haber conseguido lo que al principio veían como imposible. Y yo, como no, dando la nota. Iba en chándal, sin apenas peinarme, con cara de dormido, ojos rojos como ríos de sangre desembocados en un lago azabache de forma circular que se dilataba por momentos. Miraba el folio que llevaba en la mano cada dos por tres, tenía que decir un discurso sobre todos mis compañeros, de las experiencias vividas estos dos años y los profesores. Vaya, el chico asocial que no encaja en ningún lado, tiene que comentar cosas de gente que apenas conocía y mucho menos ellos me conocían a mí. Qué cómica es la vida a veces, ¿eh? Total, que me empieza a vibrar el móvil, lo miro sigilosamente y era una ex-novia mía, una vieja amiga de la capital andaluza. Cuelgo para que me salga una llamada perdida, a los pocos segundos me llega un mensaje de la misma persona: “Mis padres y mi hermana han muerto, ayuda”. En ese momento se me paró el corazón, alcé la vista al frente, salí corriendo del Salón de Actos de la escuela, le dí mi discurso a la chica de mi derecha mientras que pedía perdón porque la ida tan inesperada. Cogí el coche y me fui directo a la A-49 para ir a buscarla.



Una vez allí, la recogí en la estación de Plaza de Armas, nada más entró en el coche y se puso el cinturón, estalló, rompió a llorar. Llegamos a mi casa, abrí la puerta y me senté en el sofá, tumbándose ella en mi regazo, sollozando de dolor como nunca había visto hacer a nadie jamás. 


- Es que… No sé qué ha pasado. Los forenses dicen que tenían los frenos cortados, como si alguien hubiese querido matarles. Pero es que eran unos cachos de pan, no creo que nadie quisiese matarles, joder -agarró muy fuerte mi camiseta con su mano, cerrándola en forma de puño-. 

- Entiendo que a veces se vayan de la lengua y tal, pero eso no son razones para asesinar a nadie, ¿verdad? Lo peor de todo es que podrían haber ido a por mí, han fallado y ha sido mi puta familia, es que no lo entiendo, de veras.

- Tranquilízate, chiquilla. Lo primero de todo es que no tienes la culpa de nada, eso tenlo en mente siempre, ¿vale?

- Pero es que no, yo soy la única culpable de esto, joder… Que nunca hago nada bien, además, ellos iban a la playa, a pasar el fin de semana. Si les hubiera dicho de quedarnos en casa, no habrían cogido el coche y seguirían vivos ahora mismo, por favor, mátame.



En ese momento, fui a la cocina, miré en el cajón de las medicinas, cogí un tranquilizante en polvo, un vaso de cristal con agua, y le hice tomárselo. Al cabo de unos diez minutos, acabó rendida en el sofá. La cogí en brazos como si fuera una niña pequeña y la llevé a mi cama de matrimonio, la arropé y dejé que descansara. Yo me dispuse a liar un pequeño cigarro de la risa desmenuzando un pequeño cogollo de Pineapple-lemon. Estaba sentado en una butaca cuando me puse a pensar que no era la primera vez que ella estaba ahí, tumbada en mi cama. De una manera u otra, era eso, una parte de mi vida que ya he vivido. La diferencia en que yo rompía la pared con la cama y ella mi espalda con sus uñas, cuando ahora lo que está realmente roto es su corazón y todos sus recuerdos. Cogí el liado de color verde, miré al suelo de la calle y lo tiré como si golpeara con mi dedo intermedio una canica en una partida de capturas. La fugacidad de la vida es tan inesperada, como frágil es el cristal de bohemia ante un martillo de carpintería. Yo no sabría qué hacer en su lugar, entre que la mitad de mi familia me odia, la gente que dice ser “amiga mía” y que nunca fui relevante para nadie, me hubiera dignado a sacar todo el dinero de los bancos que hubiera recibido de herencia, una maleta con ropa, una mochila y me habría largado a otro país donde nadie me conociera, a conocer mundo, empezar de nuevo. En cambio, ella solo piensa en irse. En un aspecto es como yo, también cree que las estrellas que brillan en el cielo, son almas que se fueron para no volver, conocidos con los que vivimos, que nos miran desde allá arriba. No sé, el mero hecho de que se quiera convertir en una estrella, que espero que sea brillante, me aterroriza, muchísimo. Decidido, no la dejaré sola, jamás.



Al día siguiente, cuando le desperté con un desayuno espectacular en la cama: una jarra llena de zumo de naranja y uva, varias tostadas con mantequilla, un yogur con jalea de frambuesa, y una servilleta con una sonrisa dibujada en ella. Veía perfectamente que ella sonreía con todas sus ganas, pero tenía unos ojos tristes, vacíos, oscuros. Me recordaba muchísimo a Robin Williams, eran miradas idénticas. Además, también era una persona muy cómica, alguien que alegraba a todo el mundo, pero ahora no puede seguir los consejos que siempre daba, acertados hasta el más pequeño de los detalles, se ve incapaz, sin fuerzas, sin esperanza. Dejé que se duchara tranquila, al mismo tiempo me dispuse a barrer un poco la casa, ya que llevaba varias semanas sin habitarla, había bastante polvo por los pasillos y las habitaciones. Me vestí y cuando ella también pudo, nos dispusimos a ir al supermercado a comprar comida para subsistir. Entonces, cuando teníamos el carro a medio llenar, me lancé.


- ¿Y qué te parecería la idea de venirte conmigo a vivir? No sé, tú y yo siempre nos hemos llevado de puta madre y no creo que haya problemas. Además, yo tengo que venir aquí a vivir en un par de meses por la universidad, así que podría adelantar esa fecha a ahora para que así no tengas ningún problema. Vamos a medias con los gastos y listo.

- ¿Lo dices en serio? Es que no sé, sabes que no quiero molestar nunca, y todas las cosas que tengo en mi casa… ¿Qué haría con ellas? 

- Nada, ya la casa está pagada, ¿no? Cortas el suministro de agua, luz, gas y demás, para así no tener que pagar más.


Tras una larga discusión, conseguí que aceptara, aunque con ciertas condiciones bastante raras a mi parecer como por ejemplo el que no se folla intenta follar con la otra persona, somos únicamente amigos y ya tuvimos nuestra época. Pero bueno, lo importante es que ya llegamos al acuerdo en el que ella se viene a vivir a casa. La verdad es que se asemejó bastante bien, fui con ella a recoger ciertas cosas de su casa que necesitaba, cambió su dirección a la mía y además, le pillaba más cerca que su anterior hogar para el centro de estudios y los lugares de ocio a los que solía ir. Casi todo ventajas, vaya. Un sábado por la tarde, como otro cualquiera, nos fuimos a las canchas de basket que había debajo de casa para echarnos un partido con unos viejos colegas de mi barrio, de mi clase para ser exactos. En el descanso, que fuimos a la fuente a beber agua, ella miró a las ventanas de casa y se quedó petrificada. Cayó de rodillas llorando a más no poder sin dejar de mirar en la misma dirección. Fui corriendo como alma que lleva el diablo, le levanté y me indicó con el dedo el ventano del salón, se podía ver a una persona con una máscara blanca con sangre que había pintado el cristal de blanco y con algo sobrepuso los nombres de los padres y la hermana de ella.

 

No sabría explicar como lo hice pero acabé en menos de un minuto en la puerta de casa, que estaba abierta, y cerré rápido con llave para que ese alguien no pudiera salir. Cogí el bate de béisbol e indagué por toda la casa, había escapado. Ni puta idea de quién era, bueno, sí, era el asesino de su familia. Llamé rápidamente a la policía y les explicamos todo lo sucedido. Nos pusieron vigilancia veinticuatro horas del día, por seguridad. Al día siguiente, llegué a casa de estudiar en la biblioteca, fui a entrar en el dormitorio donde estaba ella normalmente. Y podía escuchar una voz de forma muy vaga, apenas entendía todas las frases:


- No puedes… Sabes que todo es culpa tu… Que no puedes huir… Debes destruirte y no dañar… Cógela, úsala, ¡ya!


Corrí desde la otra punta del pasillo, tiré la puerta abajo y nada más miré hacia la cama, estaba ella, de rodillas con un puñal cogido con las dos manos, atravesándose mil y una veces el abdomen hasta caer rendida, inerte, encima del colchón. La ventana estaba abierta y veía como la persona de la máscara de ayer huía sin cesar, surcando hasta por encima de los coches que pasaban por la carretera. Fui directo al camastro, pero era imposible, solo pude escuchar sus últimas palabras antes de morir.


- Es “Toni”...


Como no, ya había escuchado hablar de ese puto espécimen de mierda. Alguien tan miserable que ni el mismo Hitler o Stalin serían capaces de ponerse a su altura. Tenía tanta maldad dentro que si pasaba por un campo de flores, hasta la rosa más bella y fuerte se convertiría en cenizas. Alguien cuya alma rechazó el diablo por miedo a contagiarse y envenenar al resto del infierno.


Cerré los ojos un momento, y en cuanto los abrí tenía cogido por los pelos al ex-novio de ella. Giré la cabeza hacia atrás y había un  camino de sangre en pleno centro de la ciudad que llegaba hasta el cuerpo que sujetaba. La gente miraba desconcertante, petrificada. Al parecer, cogí a ese hombre en el aeropuerto, lo llevé a la catedral, desde allí lo tiré al suelo, estampándose contra el cemento. Bajé, lo cogí de la cabeza, milagrosamente seguía con vida. Le arranqué sus débiles piernas y empecé a arrastrarlo por todas las calles, provocando su muerte por desangramiento con un dolor inmedible y tremendamente lento. Te vengué, querida, ya nada ni nadie podrá evitar que formes junto a tu familia la más brillante de las constelaciones.


    Te quiere, una temprana estrellita fugaz.

viernes, 17 de octubre de 2014

Verdad de doble cara

Dios... Vaya vida llevas, ¿eh? Tanta mierda a cuestas, tantos insultos en tu puta cara y a pesar de la rabia que tienes por conseguirlo, no sirves ni para suicidarte... Si es que manda huevos, chaval. Es que yo no quiero reírme de ti ni nada por el estilo, que quede claro, pero hartarte de pastillas una noche para que luego solo tengas un triste dolor de barriga... Penoso.


A ver, entiendo que la gente se alegre de ver tu cambio tan repentino de actitud y que sepan de que vas a durar más. Pero si no les dices la verdad, únicamente se la ocultas, podrían considerarlo como una mentira, ya sabes. Obviamente no te mirarán igual ni queriendo, no te engañes. Ambos sabemos que te empezarán a cuidar porque por un momento, podrías haber dejado de existir y habrían, incluso, llorado por ti al enterarse de que te has despedido de la vida en silencio.


Ellos no quieren llorar, y con tal de mantenerse en la brillante felicidad, huirán de la fría y oscura muerte. A todos nos gusta en cierto modo el frío, nos hace sentir más cercano a la muerte, ¿la razón? Nos gusta balancearnos en el hilo cuyas puntas Fría y Caliente se fusionan en una misma formando el riesgo. Acabaríamos sin piernas, los músculos desgarrados y la esperanza perdida como si se apellidara Del Castillo. Finalmente, en ese pasillo de hospital abandonado, nos absorbe la mísera oscuridad. Notamos cómo sus garras delgadas y afiladas nos traspasan de espalda a estómago, rompiendo a llorar y gritar por el dolor. Pero es el de la misma estocada o que del mismísimo esfuerzo sobrenatural que has realizado ha sido para nada, para tener el mismo final del que huías un fracaso...


Todo con tal de no llorar, no es por ti, es por ellos. Hay veces en la que te das cuenta que nada es lo que parece, que toda esa gente que hay a tu alrededor es en realidad una fiesta de maniquíes, nada del otro mundo. No es porque sean falsos ni que no mueven un dedo por ti, puede que hayan hecho algo por ti y todo, quién sabe. Pero me vengo a referir a que no tienen memoria: hablan contigo unas semanas para luego no acordarse apenas de ti, saben que existes, pero han olvidado todo lo que sufrieron, rieron o se esforzaron junto a ti porque sí, porque realmente fuiste un entretenimiento para ellos cuando se encontraban solos o aburridos.

¿Merece la pena seguir viviendo a pesar de toda esa gente que aún existe y pudren la sociedad como una manzana en una planta química de fosfoyesos? Tal vez, eso me pondré a ver estos meses, si me descontenta el resultado, podré largarme feliz, ya he terminado mi lista real de deseos, todos mis objetivos cesaron.

jueves, 16 de octubre de 2014

Enseñanza de bichos

       

       Bueno… Pues todo empezó una tarde de Julio, recuerdo que era sábado y hacía una burrada de calor, más que follándose a un cerdo debajo de un plástico (para que así os hagáis una muy sutil idea). Estaba en Sevilla, tumbado en una toalla rosa fucsia, secándome de la piscina y a la vez hablando por el teléfono móvil con una amiga con la que tenía muy buena relación y encuentros bastante divertidos. Me tumbé un rato y veía cómo pasaban una cantidad notable de pequeños seres de todos los colores por la tierra, entre matojos, ramas y demás naturaleza. Todos eran hexápodos, excepto algún u otro arácnido que pasaba por ahí. También podía observar que gran cantidad de ellos transportaban de todo, ya fueran rocas o restos orgánicos, lo cual me indujo a pensar:


       Todos somos pequeños insectos, pongamos un ejemplo bastante conocido, la hormiga. Siempre nos ponemos a trabajar por sobrevivir, ya sea de una manera u otra, pero al fin y al cabo, es para eso. No paramos jamás hasta el momento en el que nuestro cuerpo ha aprovechado toda gota de sudor, cada latido del corazón y toda articulación de nuestro cuerpo. La única pega de todo esto es que en un principio nos parece un trabajo obligatorio y que realmente no nos será necesario en el futuro, vaya. Desde que éramos unos renacuajos, nos obligaron a empezar a mover esa tremenda roca que a nuestro parecer, es imposible de mover. Nuestro primer movimiento contra ella es el básico de todo animal, de todo ser vivo: enfrentarse físicamente a ella, nos abalanzamos hacia ella sin pudor ni impedimento aparente ni visible. Y como no, tras la pedazo de hostia que nos hemos dado con toda la cara, pues nos ponemos a llorar y nos tienen que curar nuestros padres o la gente que estuviera a nuestro cargo. Mientras estamos sentados dejando curar nuestra pequeña y débil cara, el adulto mueve la roca como le sale prácticamente de las narices. Tan fácil para él o ella y tú, que has ido con toda tu fuerza de voluntad y la máxima fuerza que tu cuerpo podía descargar, no la has hecho ni moverse un mísero centímetro.


       Ese momento únicamente tiene dos respuestas posibles: un cabreo del carajo, o quedarte flipando en colores.

       En la primera de ellas, nos enfadaremos de una manera un tanto absurda, no cambiaremos de pensamiento, que el procedimiento para mover ese maldito trozo de ahí (otra vez, a pesar de que ya no nos estorba y podemos proseguir nuestro camino) es el mismo que antes, solo que no usamos la fuerza suficiente, incluso habiéndote roto alguna que otra fibra muscular. Y otras mil veces, nos habremos dañado de una manera burda, hasta que nos rendiremos por cansancio y proseguiremos nuestra ruta hacia delante, resignados por el resultado y no haber obtenido nuestra victoria en el primer enfrentamiento con un problema del “mundo real”.

       En la segunda es todo lo contrario, te quedaras quieto, pensando todo lo posible hasta hallar una solución, así que te pones a recordar cada uno de los movimientos que hizo la persona que nos asistió para poder refrescar las ideas y aclarar aún más el planteamiento a nuestra dificultad (joder, ya parece que hablo como un libro de texto). Total, que finalmente aprendes paso a paso cada una de las técnicas que necesitas llevar a cabo, lo cual te resultará más fácil y prácticamente intuitivo mediante pasa el tiempo.

       La diferencia a todo esto es abismal, claro que sí, es algo que vemos todos, pero lo que muy poca gente nota a primera vista, es que están íntimamente relacionados, algo tan básico como un teléfono móvil antiguo de éstos a los que tenías que sacarles la antena para poder llamar a otra persona con un mínimo de cobertura, y un teléfono de pantalla táctil de última generación. No se parecen en nada, pero ambos sirven para llamar; ya tienen algo en común… Pero a lo que yo quiero llegar no es a las similitudes ni nada de eso, es simplemente que es una evolución.

       Toda evolución lleva un proceso, y en este caso, la podríamos resumir tal que: “Si en la vida te dan más palos que al tambor del Rocío, cógete las ramas y hazte el puto escudo de madera, cacho maholo”. Sí, parece algo basto, rudo, bárbaro incluso, pero es que la vida es tan simple que si no te fijas en el espacio usando la lógica, el palo te llega por el mismo lado y tú sigues centrado en mirar hacia otro lugar. Finalmente, aprendes a usar el oído, la vista y la sensación de equilibrio para poder esquivar perfectamente el golpe que te va a propinar la vida en esa situación determinada. En algún momento de tu vida, llegará el punto en el que el simple roce de una hoja te sea incómodo y apenas puedas moverte, por lo que podrás esquivar menos hostias todavía. El sufrir es cosas de gilipollas que quieren creer que todo cambia por arte de magia, ¡y no es así, joder! Si de repente llegas a tu casa y tu padre nada más verte te pega cuatro hostias no es porque sí, sino porque cree que te has comportado mal (no nos engañemos, te ha pillado esa pedrola de hachís que tenías en el armario guardada). Todos sabemos cuando la hemos liado parda y cuando no. Así que negar la realidad es taparte los ojos.


       Mira que no me gusta repetirme, pero cada vez que escribo y sé que me van a leer, quiero que os quede claro las cosas que son importantes de lo escrito.La vista, el oído y el sentido del equilibrio son primordiales a la hora de no llevarte la mascá, así que no seáis idiotas, no os tapéis los ojos, ni os pongáis las manos en las orejas para no oír la verdad. Todos tenemos miedo a la verdad porque sabemos que no nos agrada, pero también sabemos que es necesaria en todos los casos. Tan fácil de entender como que cada mentira es un naipe, sí, esas cartas guarras que siempre se lleva un amigo para jugar en la playa, las que están comidas por las esquinas. Que eso, que si son simples trozos de cartón y las metas en la vida son castillos, por más cartas que pongas, las paredes son muy blandas, frágiles e inestables. Nada en este mundo acaba oculto para siempre.


       Toda persona sabe que el esfuerzo tiene su recompensa, y que la mejor manera de aprender es practicando mucho, gastar cantidades tremendas de energía para que a la hora de la verdad, no nos cueste apenas trabajo. Por ello la pequeña hormiga es capaz de mover la piedra, pero antes se partió la cara cincuenta veces, se tiró dos horas pensando cómo moverla bien y el compañero se tiró moviéndola otra media hora en forma de muestra. ¿Moraleja de la historia?


       

Que esa piedra no sea de hachís, si no, estás perdido. No entres en tu casa.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Torre desmoronándose


       Es raro, no me pasa desde hace… Unos dos años, por lo menos. Las ganas de vivir, la esperanza resurge, aunque también viene teñida de rabia, dureza, y demás males de una Caja de Pandora que nunca tuvo que ser abierta. No quiero ponerme muy poético, sale solo, vaya. Para que nos entendamos un poco: Que me hayan los cojones me ha provocado volver a sonreír, irónico ¿eh? Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? Cuando nos toca, nos toca. Puede parecer que estoy hablando como si no me gustara estar feliz, no os confundáis, a todos nos gusta sonreír sin parar y sin intención de relajar los músculos de la cara. El problema de todo esto es que… Me siento raro, soy un soldado intruso en territorio hostil y rodeado de centinelas por cualquiera de los grados a los que gire mi cabeza. Cada paso que doy en este mundo que es nuevo y a la vez lo recuerdo de una manera milimétricamente. Ese sueño en el que nos adentramos, notamos que esto lo vivimos en un sueño, pensamos que es un deja vu que poca veces se vive, y empiezas maniobrar las leyes de la física por estar en un sueño lúcido. Volver a ser alguien libre, que no quiere preocupaciones, se lo toma todo a su manera, tranquilo, pero sin vaguear.


       Para ser sinceros… Tenía pensado hartarme a pastillas desde hace ya casi un año, esta vida se me hacía aburrida de una manera brutal. Hice una pequeña historia de todas las cosas que hacer antes de morir, para cuando la terminara y la completara, horas después habría quedado un cuerpo sin vida, trajeado, tumbado en la cama, dejando el mundo de una manera bastante peculiar. Estaba todo oscuro, mi móvil nunca recibía un simple mensaje de buenos días, nadie se preocupaba por cómo estaba, ni un simple “Tío, ¿cómo te va?”, nada. Y los días, noches, semanas, meses así. La vida se convirtió en una triste rutina de soledad, una caída en depresión.


       Puedo destacar que ya no me hablaba ni con mi familia a excepción de mi hermano mayor y mi prima del alma, a los cuales estoy tremendamente unidos. Me llamaban “monstruo”, les asustaba, no era yo, dejé de ser humano, mentalmente. Lo cual me llevó a pensar si realmente tenían miedo de que yo cambiara de manera drástica y no encajara en su prototipo de “humanoide”. Ese fue el comienzo de todos mis textos con carácter y una fuerte naturaleza filosófica. Joder, me voy por las ramas. Que eso, me sentía frustradísimo porque ni mi puta familia me aguantaba. Yo no cambiaba ni he cambiado de actitud, vaya. Vivo cabreado con la vida por tanta mierda acumulada en mi espalda a pesar de ya ir en una cuesta demasiado empinada para cualquier tobillo relativamente humano… Empecé a fumar, me relajaba con mundos de chocolate mirando a la chica de ojos color esmeralda. No salía de mi casa de Huelva a excepción de irme patinando al Puente Sin Fin, para liarme en mis ralladuras y respirar profundamente por cada respuesta quemada que recibía en forma de golpe en el pecho…

domingo, 12 de octubre de 2014

12 de Octubre


      Se me ha olvidado por completo el arte de contar cartas con la vista, cosa lógica cuando la triste vida empieza a taparte los ojos con sus frías manos, sin apenas capacidad de reacción. Al final acabé acostumbrándome, pero jamás me he acostumbrado de buena manera. Y eso es lo que me pasa siempre, que soy aquella pieza del puzzle gigante que en nuestra infancia siempre forzábamos a que encajara con una pieza de forma parecida. Apenas me he sentido querido y aceptado realmente una decena de veces a lo largo de diecisiete años, entre las ciudades de Huelva y Sevilla y el pueblo de la sierra; Aracena.


      Hoy ha sido un día para recordar, mejor dicho: mi sueño ha sido para recordar, ha demostrado a la perfección cómo me siento cada vez que me levanto, cada momento en el que pienso si merece la pena derribar el pilar de mis pensamientos e ideales…

 
       Todo empezó en una clase de Filosofía, en la que mi profesor nos explicaba cómo era la vida para él:


       "Bueno, muchos sabrán que estamos vivos. Otros apenas se dan cuenta. Pero todos pensamos en cuál será el resultado cuando nuestro corazón deje de latir y nuestro cerebro no vuelva a funcionar. Como no, nos acojamos de una manera sobrenatural, nuestro estómago se cierra bestialmente, impidiendo que respiremos y nos dispongamos a pensar en otra cosa. Tan fácil como una pared de escalada, pero en este caso, pongámosle que cada piedra saliente, sea un ladrillo, y que justo en frente, a unos diez centímetros, haya un muro de los mismos ladrillos que se desmenuce cada parte que tocas. En nuestro mundo subiríamos con un arnés y una cuerda atada a nosotros que nos mantiene seguros, pero aquí no habrá protecciones y será al revés".


       Como no, yo me puse en lo alto del muro y quise descender de la manera que me enseñó mi profesor. ¿Para qué? Pues supongo que para sentirme vivo, asustado, y a la vez poder ver claro qué soy y dejo de ser. Total, que empecé a tirar ladrillos del muro con los pies mientra me bajaba de saliente en saliente, con las manos y la espalda apoyada en la pared. Llegué a un momento en el que podía sentarme en el propio muro, una especie de zona de descanso. Ahí noté que se tambaleaba demasiado, no se mantenía por sí mismo. No se me ocurrió otra cosa que mirar hacia abajo, allí estaba toda mi clase, mirándome absorta y con miedo, sin saber qué hacer. Entonces, miré hacia mi izquierda, allí había una chica sentada a mi lado, mirando al suelo, que sin girarse me dijo: “Todo en esta vida deja de merecer la pena una vez que sabes que no cambiará el final del libro. Las experiencias que has vivido se esfumarán y nadie las obtendrá, las tendrá en su recuerdo, porque tendrá también un final. Así que dime, ¿por qué no saltar y dejar que todo sufrimiento acabe? Ya has visto morir a demasiada gente y sabes el dolor que eso conlleva, vida solo hay una y nadie es egoísta, cosa ilógica, ¿verdad?”. Callé, sólo volví a bajar la mirada, me incliné un poco hacia delante y solté las manos. Vi cómo caía desde bien alto, unos setenta metros. El aire que pasaba tras de mí cortaba irremediablemente, sin poder frenarme.


       Estaba tranquilo, no gritaba, mi cara no expresaba nada, mi boca cerrada, aguanté la respiración y caí. Lo peor no fue el impacto, lo peor era que estaba vivo, sobreviví al maldito descenso desenfrenado. Todo el mundo vio que no tenía salida en esta vida, que no servía para nada, ni siquiera para acabar con mi puta vida, vacía de sentimientos, calor y buenos recuerdos. Ahora yo era quien daba pena en este mundo y como quise morir, es cuando los demás se acercaban a mí a darme cariño en intentar buscarme una salida que no fuera la muerte. Es que me toca mucho los cojones (daré gracias al destino si no me cargo el teclado con lo fuerte que pulso las teclas): Nunca fui de importancia para nadie y ahora se preocupan, cuando por fin han visto que no quería seguir adelante. Pues no, no lo quiero, y jamás lo quise, todo por compasión y nada por vocación, ¡vergüenza de sociedad! Lo que está claro que cuando me quiera tirar de algún muro o me infle a pastillas, harán lo mismo que en el sueño. Si quiero irme, dejadme, es mi vida, mis pensamientos, mi decisión. Nadie me ha conocido realmente, no creo que sepan nada de mí en realidad, que no se preocupen ahora, vamos. Es la triste realidad: Ahora no puedo ni expresar mis sentimientos en mi blog porque lo lee mi familia y se preocupa, cuando eso, nunca aprendieron nada de mí.


       Cuando me vaya (cosa no muy tardía), me iré feliz, cansado, y sintiéndome realizado. No quiero impedimentos, únicamente comprensión, y si aún así es demasiado; aceptación.