Un día tras otro, un invierno tras otro, un San Valentín tras otro… Ya eran diecisiete años en los que el pobre Landom llevaba sin encontrar alguien que no le conociera de nada, le apartara por sus acciones ocurridas en el pasado. Hoy, 30 de Octubre, se queda sentado nuevamente en el mirador abandonado. Digo nuevamente porque anteriormente le sucedió, cuando su última pareja seria le dejó, por ejemplo. Fue un 16 de Diciembre, pero no recuerdo muy bien el año, duraron aproximadamente tres semanas, un periodo muy corto, vaya. Sí, yo también creo que para ser considerado algo serio, necesitaba una base más estable, pero eso para él era imposible.
Para hacernos una idea, este chico de Aracena, pasó por muy malos tragos a lo largo de su vida sentimental cuando era más pequeño, casi un pre-adolescente. A la temprana edad de trece años, empezó a gustarle una chiquilla de un año mayor que él y además, era su compañera de baile en la actuación de fin de curso. ¿Su nombre? Nerea. La chica no es que fuera muy guapa, la verdad, pero tenía unas curvas muy enigmantes. Hasta tal punto que él mismo aprendió la forma de sus caderas con solo tocarle en los momentos necesarios del baile. Su personalidad era muy normal, lo poco que podía llamarle la atención que no fuera físico era su manejo de los hombres. Los hombres caían rendidos, tal y como lo cuento, cada chico que le conocía era otro inmenso en la incesable lista que se hunde en el Mar Muerto por su peso de la tinta.
Landom se envalentonó, empezó a sacarle tema de conversación día a día, alcanzando su objetivo, empezar una relación con Nerea como compañera, como caminante de raíles. Durante largos y pesados cuatro meses, fue feliz: tenía a una persona que se preocupaba por él, varios amigos con los que salía entre semanas mientras los viernes y sábados se iba al skatepark a patinar con sus rollers hasta las tantas de la madrugada. El día que cumplían un cuatrimestre juntos, le tenía preparado un regalo no muy ostentoso, pero sí muy lleno de sentimientos, un colgante de chapa con forma de tabla de surf con una mordedura de tiburón. Era un presente hecho a mano, lo hizo él mismo a base de cortar y lijar un pequeño rectángulo que se encontró en la calle, bajo su ventana, tardó unas dos semanas en terminarlo. Él mismo se dirigió a su casa, le llamó al porterillo, un 3ºB muy humilde.
Estaba fascinante, un vestido blanco acabado en falda de varias capas. Pero al momento de abrir, se quedó blanca, boquiabierta, como si fuera algo inesperado. En ese instante, le cogió del brazo y se lo llevó dentro del portal, poniéndole contra la pared.
- Landom, de veras, lo siento mucho, pero hoy había quedado para ir al cine con unas amigas. No me acordaba de que hoy habíamos quedado para comer, por favor, quedamos mañana, ¿vale? Te quiero -le besó tiernamente los labios y lo abrazó, pero aún así notaba que algo no encajaba, que le mentía-.
Se fue por el mismo camino que el de ida, y a los pocos pasos de cruzar la manzana, se fijó que un chico, un poco más alto, se llevaba cogida de la mano, a la que era su novia, a Nerea. Volvió a girar la cabeza, la agachó resignado, metió su mano derecha en el bolsillo de su abrigo, envolvió la caja donde tenía el colgante y cerró tan fuerte su puño que se escuchó cómo crujía y se rompía el regalo en varios trozos. Sacó la mano y dejó caer todas las piezas imposibles de montar. Ahí decidió no volver a confiar en nadie para una relación, empezaría a llevar el “ojo por ojo, diente por diente” a un nivel muy sentimental, demasiado sigiloso para segundas personas.
Desde entonces, este chico no paró de salir con decenas, incluso cientos de personas para enamorarlas, follárselas y acabar con ellas tras ponerles los cuernos una o varias veces. Eso le dió mucha fama. No fue tanto la caída, sino los testigos. Hasta hace bien poco, medio años más o menos, acabó reinsertado nuevamente en la sociedad, pero cuando fue a hacer vida sentimental, no había ni una sola persona que no le viera como un monstruo, hasta la gente que ni le conocía, solo por lo que contaban terceras personas. Era un humano que tiene cicatrices de haber sido bestia, pero aún así, solo quieren ver las marcas en lugar de los secretos y sentimientos que ahogan las pupilas de sus ojos, sentía la necesidad de huir del mundo, de llegar a un lugar en el que el pasado no fuera importante, siempre que se haya pagado por él.
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