miércoles, 20 de abril de 2016

E.D.A.D.E.

Me equivoqué cada día de mi vida y ahora os echo de menos
sin haber sabido todo este tiempo, que el vivido con vosotros es ameno.
Que nadie me quite de vuestra naturaleza, sin vosotros, tormenta y truenos
son los acontecimientos de mis días por no saber nada, por no teneros.
Tantas veras que yo quiero, tanta familia que aún no saben que le aprecio.
Pero qué le hago yo, si de joven soy idiota, y de adulto, no os querré menos.
Que por mil horas que pasen, que por mil tumbas que vea… Juntos, lo prometo.
Un laurel y mil cenizas, solo pido una cosa, por favor volver a veros.
No hay nada como la familia, que te haga sentir con todos, un hombre entero
Mamá, Papá, Dani, Alejando y mi Elvira; como sea… Que vengan los abuelos.
De todas las locuras que existan, que ninguna sea veros en un suelo
estando yo lleno de vida, mientras que vosotros surcáis en velero
el mar a otro mundo, un mundo lejano, un mundo al que no quiero.

Mil cajas sin mudanza

No le tengo, en absoluto, miedo a la vida
pero todos los que se encuentran en ella, deberían.
Tengo una caja que esconde mi rabia contenida
en puños a hombres, mujeres… Toda una cacería.
Pateo una caja que dentro ocultan mis mil “palabritas”
que harían llorar a una piedra tras saber que les haría.
En mi escalera hay otra que guarda la estampida
de los animales que he dejado por creerles tontería.
Y una pequeña de mi habitación, no es más que mi guarida
donde está un Señor de las Mosca que te asustaría
tener como amigo, al que preguntar por intriga.
En la entrada hay una caja pesada, con mi faceta fría
para ahuyentarte. Anda, aún tengo alma caritativa…


En el rellano tengo 995 cajas que por mí las quemaba
pero es tan estúpido como si lo hiciera con mi piel.
Yo sólo sé que son mi vida, mi personalidad de hada
un ser que por mucho que vuele, piensa “no existiré”.
Me guardo dentro, y en una de ellas, están mis alas.
Jamás me quise resignar, ni de problemas saber.
Pero como todo en esta vida, nada se nos escapa
con mentiras cuyo destino se nos va a… Otra vez.
Solo pensemos si verdaderamente existe un mapa
por el cual, yo, mi bestia y mi locura, ser uno… En tres.
Ya que el lobo de esta historia, no ha llevado nunca capa
y está hasta la caperuza de verla llorar. ¿Por qué?
¿Por qué siempre ser una bestia? ¡Dile que salga!
No… No puede, ya lo hago, y espere que no me devore.
¡Todo se consigue! ¡Todo se guarda!¡Y todo se amansa!
Pero por si no te has dado cuenta, es de verdad, mi piel.

domingo, 17 de abril de 2016

Mi vaso con vodka

Remuevo mi vaso lleno de vodka con hielo.
Miro al frente y no estás, mi habitación está vacía.
solo queda imaginar que entre mis manos está tu pelo
Y que a pesar de verte por mi acera, jamás me iría.
No podría pasar ni un segundo más siendo velero
estancado en un muelle que arde noche y día.
Le doy un sorbo a este vaso fuerte y casi lleno
para saber que es duro no tenerte, pero tragaría
las mil penas y perjuras que se guardan de tierno
placer causadas en tu maldita botella vacía.

Remuevo mi vaso, que contiene vodka, hielo y agua.
Echo la vista a un lado para asegurarme de que sigue
la música puesta, para poder llorar; si volara sin alas.
Pero nada es tan real y oscuro como mi piel de esfinge.
Que por más que me cueste, intento nadar a brazas
hasta un pedestal que no rige destino, que solo se elige
si la fuerza de voluntad en mí no es un barco que naufraga.
Pero ahora solo mis labios son los que de verdad admiten
otro gran trago aguado de un calor que baja por mi garganta.
Desaparecieron en lo oscuro mis pies, me llamo Aquiles
pero me asusta la no-luz, la esperanza más que falsa.
Por la tenue amistad de un hilo y la cuchilla, sin fines…

Remuevo mi vaso con vodka y ya más caliente.
Intentan mis ojos tras pasar el suelo con la oscuridad.
Este cuerpo de ángel se desvanece, ya no queda temple
que aguante tanto dolor, cultivado con lágrimas sin par.
El viento me sopla para dejarme caer ante la estirpe
que se volvió tu presencia que se preocupa en azar.
Juegos que solo tú ganas, que solo tú consigues,
dime si te gustó saber de la presencia de un mar;
en el que tu sonrisa fue la pesa de mi pies
que me ahogó y solo dejó este cuerpo sin amar.
Doy un sorbo a mi vaso con olor a vodka
que se quedó como mi alma, seca y del revés.

Funeral para mi ángel

Hoy… Me vi envuelto en un funeral.
Pero no era el mío, eran todos invitados con alas.
Quería saber quién eras, en un ataúd de cristal
que además de transparente, traspasa las malas
y buenas ideas que viste en el oleaje del mar.
Esas tormentas de ideas corridas por tu mala
tan odiada visión de la careta sin gomillas ni antifaz.
Ahora camino hacia ti, en dirección a tu espalda
que sin saber por qué no voy recto, solo hacia atrás.
Mucho viento, se me va la pinza, vuela la manta.


Sudor frío que recorre mis párpados para no ver
ni la más mínima gota que cae en charcos de barro
ya que ni noto el hielo despedazando, lento, mis dos pies.
No tengo huesos cualesquiera, sino que pesan como jarros
llenos de odio con desesperación y unas gotas del revés
que de sudor salpiqué con ese golpe severo, turbio; sin atajos.
Aunque no perciba el mundo, sea yo el irreal, ya no me ves...
¡Por ser de huesos, capitán! No tengo ni pizarra, ni a Pizarro
para guiarme por la selva espeluznante que hay a tres
pasos de mí, sin ti y de golpes a bocajarro.
Solo te pido que al saber que estás sin vida, esta vez
ya no tengo ángel de la guarda, solo tu recuerdo; ya amargo.

domingo, 10 de abril de 2016

Fénix


Intentan matar la poesía que hay dentro de mí.

Mis versos le dejan sin aire... Por fin.
Resbalándose con tinta desde Haití
Algo dentro de esta caja torácica descubrí
que me hizo saber, no más del mundo, si no de aquí.
De este cofre que palpita, desde diez hasta mil.
Las alas que me creaste son de maniquí
pero jamás una madera me liberó así.
No quiero recibirte, no soy de presumir;
yo solo busco paz, ansío verme dormir
tras una guerra que terminar no tenía en sí.



Que si los pájaros se resguardan en mis hojas
me hace reforzar mi tronco hasta la mínima letra.
Todo es por la lluvia, quien con lágrimas me moja,
cuando yo fui duro, muy frío: hielo y piedra.
Por dentro me corre savia, astuta me tocas
por mi pecho, erizando mi piel enredadera,
para ser un detalle en tu camino devolverte loca.
Tras aprender juntos a cómo combinar estas caderas,
cobijando tu pasado, tu presente y nuestra memoria.
No dejaré de darte motivos, así seguro te quedas
aunque todavía no lo sabes, fui derrotado,
y en nuestro futuro... Reconquisté tu gloria.