No le tengo, en absoluto, miedo a la vida
pero todos los que se encuentran en ella, deberían.
Tengo una caja que esconde mi rabia contenida
en puños a hombres, mujeres… Toda una cacería.
Pateo una caja que dentro ocultan mis mil “palabritas”
que harían llorar a una piedra tras saber que les haría.
En mi escalera hay otra que guarda la estampida
de los animales que he dejado por creerles tontería.
Y una pequeña de mi habitación, no es más que mi guarida
donde está un Señor de las Mosca que te asustaría
tener como amigo, al que preguntar por intriga.
En la entrada hay una caja pesada, con mi faceta fría
para ahuyentarte. Anda, aún tengo alma caritativa…
En el rellano tengo 995 cajas que por mí las quemaba
pero es tan estúpido como si lo hiciera con mi piel.
Yo sólo sé que son mi vida, mi personalidad de hada
un ser que por mucho que vuele, piensa “no existiré”.
Me guardo dentro, y en una de ellas, están mis alas.
Jamás me quise resignar, ni de problemas saber.
Pero como todo en esta vida, nada se nos escapa
con mentiras cuyo destino se nos va a… Otra vez.
Solo pensemos si verdaderamente existe un mapa
por el cual, yo, mi bestia y mi locura, ser uno… En tres.
Ya que el lobo de esta historia, no ha llevado nunca capa
y está hasta la caperuza de verla llorar. ¿Por qué?
¿Por qué siempre ser una bestia? ¡Dile que salga!
No… No puede, ya lo hago, y espere que no me devore.
¡Todo se consigue! ¡Todo se guarda!¡Y todo se amansa!
Pero por si no te has dado cuenta, es de verdad, mi piel.
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