viernes, 19 de agosto de 2016

Herradura celestial



Me escondía tras la crueldad de un alma animal que no siente
en la que nadie percibía esperanza derramándose por el alma.
Fue cuando tu sombra cobijó mi regazo con cicatrices que no mienten
por mostrar la historia, el pasado presente y el futuro que salva.
Aunque no había brisa, por el vuelo de una pluma percibirte,
o más de una caricia por mis mejillas con tus labios al alba.
Por una noche enredados en la arena tu cuerpo me sigue
hasta el final de las sábanas donde acabamos cayendo a la nada.
Nadando volamos, descubriendo secretos que este fuego aviven
para los inviernos, para los otoños y alguna estación abandonada.
Caminando por las vías, como una musa de verdad, amante de raíles.
No es mi corazón ni mis fuerzas, solo pido poder que tu sonrisa satisfaga.
Ya sabemos a qué venimos, soltarnos es delito, muerde y solo dime
cómo mi rompecabezas lo resuelves, si de ojos y piel estás cegada.
Aguanta, sé fuerte y fluye por las letras, sé mi musa, y así no te olvide.
Quiero caer por la curva de tu pecho, para besar noches tu andanada
tras los días de muerte en cuerpo, en la vida que nadie ve ni sigue
ya que no son de aquí, vives en estrellas y jamás te olvidaba.



Piedrecitas



Eran las cuatro de la madrugada en este frío pueblo, Bloody Wale se llamaba. Era tan húmedo que las brisas atravesaban y rasgaban a su paso cualquiera de mis prendas, los zapatos, mis pantalones de pana negros y mi chupa de cuero sintético. A medida que mis pies creaban camino, también golpeaban sin cesar una piedra dándome un buen rumbo además de un entretenimiento absurdo. No me había percatado de que las suelas de mis botines tenían la suela desgastada, tan fina como la pluma de un colibrí, dejando buenas marcas del terreno en la planta de mis magullados pies. En mi último golpe a ese pedrusco, sentí un dolor tan fuerte que el mismo movimiento de la pierna provocaba que se moviera a mayor velocidad, dejando el trozo rodante muy lejos del alcance de mis ojos. Fue entonces cuando lo escuché, un golpe tímido en agua, como si cayera un objeto pequeño. Seguí la ruta para saciar mi curiosidad. Me encontré un socavón enorme y profundo en el que se podían ver las estrellas junto a la luna con un color azulado, nunca antes la había visto así. Empecé a bajar por él con mucho cuidado, pero resbalé sin poder aferrarme a nada. Caía y caía, hasta llegar a ese charco. No impacté, lo atravesé como si fuera de cristal, rompiéndose en mil pedazos. Pero... ¿Cristal y tan buen reflejo? ¡Era un espejo, eso es! Pero aún había más hueco. La gravedad cambió repentinamente, no parece que estuviera cayendo, sino que volaba de espaldas, como si alguien tirara de mí y me sacara boca abajo. Salí disparado al mismo lugar, fuera del agujero y lleno de polvo. Pero había algo diferente.


Apareció de repente una mansión enorme y horripilante. Estaba abandonada desde hace muchos años. Las ventanas estaban destrozadas, el portón principal era una puerta roñosa con remaches de metal oxidados. Todas las paredes blancas con manchas negras del musco ahí impregnado. Estaba muerto de miedo y no quería seguir, aunque me dije a mí mismo: "busca una señal para entrar y ver qué hay". Fue entonces cuando del mismo agujero salió la roca que estaba pateando, rodando ella misma hasta la puerta, golpeándola. Paró en seco y la puerta cayó, hacia atrás, un movimiento de un estruendo brutal. Ahora no sabía si parar el temblor de las piernas con mis manos o dejarme caer para no volver; pero nuevamente fueron mis pies quienes no quisieron dejar un rincón más sin descubrir. A medida que me adentraba, las hierbas altas cerraban mi paso trazado para no volver y a su vez, salía más viento frío de aquella puerta tan siniestra. Dentro no había nada, era un semicírculo gigante que descendía en forma de... De teatro.


Era un antiguo teatro. Las lámparas de araña en el techo, los balcones para disfrutar de las funciones; el telón estaba echado. La única rareza fue que no había ni una sola butaca, solo una simple silla en medio de todo el sillario. Sentía cómo unos hilos movían mis piernas, mis brazos y hasta mi cuello, hasta aquel asiento exactamente. Una vez sentado, se encendieron unos focos y una risa muy familiar sonó tras las telas tapaderas. Poco a poco se empezó a abrir el telón, y allí estaba. Era yo mismo, al nacer. Pocos después, creció mi personaje en la función. Estaba mostrándome los pasos de mi vida, estaba siendo una obra llena de alegría, de magia en estado puro. Hasta el final, que salía una persona idéntica a mí. Bajó del escenario, tenía mi misma ropa, idéntica, pero llevaba puesto un guante blanco de seda, tenía el puño cerrado, «¿querrá pegarme?». Se puso frente a mí y abrió la mano, era aquella piedrecita absurda. Se dio media vuelta, subió nuevamente al escenario, se dejó caer a un desnivel del escenario donde yo no era capaz de verle. Segundos más tarde, empieza a caer un cartel de madera con letras en pintura amarilla que pone: "Esta ha sido la obra de tu vida, enhorabuena". Todo se apagó, todo se acabó.





martes, 16 de agosto de 2016

Bulla



Al borde del abismo se encuentra mi barco,
sufriendo horribles ráfagas de agua en los cabos.
Que hemos dejado sin atar por míseras disputas
en las que nadie gana, solo el odio es quien disfruta.
Para vernos resurgir de mala manera; sin manos
para no poder palpar un buen final, con tacto.
Sí, se hunde este navío de recuerdos y asusta
cómo se cuela entre las paredes esta fría marabunta.
¡Por mí y por todos mis compañeros! Llamo.
Aunque quedé mudo a fuerzas, con diecinueve años.
"Nadie se muere de amor en esta vida, ricura".
Es la frase más dulce y agria que en mi cabeza retumba.
Por tantas cicatrices y marcas que viven... ¿Paramos?
Por un carril sin frenos; por un gas quemarnos.
Llamé a la puerta, y no abre por tener cuña,
con mi ahínco arrastro, mis fuerzas a las tuyas.
Caemos una, y otra; y otra... Vez, por el mismo barranco.
Donde no hay piedra y barro, si no pensamientos malos.
Para que nos ahogue la profundidad, tan mía como tuya.
Donde no queda hueco para más besos, solo queda esto, solo queda bulla.



jueves, 11 de agosto de 2016

Gaona

Si no me atrevo, con distancia y sin voz por teléfonos
quedo sordo sin saber nada más… No te cuelgo,
para escucharte dormir una noche con miedo
por si no te consigo ver, por no tratar de avivar fuegos.
Ambos deshojamos el alma de una cama que no vemos,
dejando taciturna la noche a través de tus piel y mis juegos.
Sin querer no cuenta, no besar no sientes este hielo
que con mil caricias curó, y con solo una caímos al suelo.
No sin dejar un hueco a este puerto para guardar velero,
que tras la tormenta de tus labios no dejó vivo marinero;
tras una, y otra, y otra estrella más que vista entre el pelo
que guardas, recogido, por manos apretando mi espalda a tu pecho.
Suena a guerra sin piedad, suena a juventud sin consuelo
para dos pequeñas almas que se divierten a lo plebeyo.


miércoles, 10 de agosto de 2016

Corazón oxidado

Un grito de más decibelios que tus latidos,
una lágrima que jamás tuvo que haber caído.
Aquella sonrisa que se escondió por miedo
a ser esculpida en lista negra de recuerdos.
Aquel camino de la muerte con olas de cielo,
dejando caer estrellas en forma de "te quiero"s.
Este desafío tan fuerte me echó de menos
cuando más de un brazo me echó por el suelo.
Teniendo los rayos del odio usurpando mi pelo,
sin conseguir que mi vida dejara de girar a tu duelo.
No fue el deseo de esconder las espadas de hierro
forjadas en el miedo a dañarnos con algo más que dedos.
Porque acabó siendo aquel estallido con color negro
que absorbió cada uno de estos oxidados recuerdos.
¿Hundiéndote? ¿Cómo? Si en botas de plomo te llevo.
Ese mar de iris multicolor lleno de anclas sin frenos.






Dime cómo

Como el sabor de la naranja, ácido.
Como la vida de un insecto, breve.
Como son las alas de una mariposa, delicadas.
Como se traza camino hasta la verdad, duro.
Como echar la vista hacia el pasado, doloroso.
Como el recuerdo de un café, aguado .
Como cualquier sábana de un motel, desgastada.
Como las mil escapadas de ideas, agobiante.
Como aquella dentada de cuchillo, insufrible.
Como ese hueso que jamás unió, roto.

Como aquel olor a pequeñas fresas, dulce.
Como una sonrisa al amanecer, deslumbrante.
Como más de una de tus risas, adorable.
Como otra de tus pequeñas sorpresa, alucinante.
Como las miles de caricias de tus pelos, incomparable.
Como todos los besos por el cuerpo, deliciosos.
Como más de un arrebato de los nuestros, desternillantes.
Como otra de tus ideas locas, inolvidables.
Como aquellos miedos superados juntos, indestructible.
Como ninguna otra etapa de mi vida; simplemente inigualable.

Aqua


Como el agua que fluye en ríos, te estancas
si de un lago se tratara, las piedras atas
bien profundo para no mover ni ver verdad.
Sabiendo que tras torrentes, la sangre bajará,
tiñendo a cada pez en su más mísera sinceridad.
Los sedimentos duelen, por no querer navegar
entre mares, océanos, desplegando frialdad.
Es todo capitán quien no teme oler ropa y sal
con tal de no aguar fiestas que no mejorarán.
Conseguí que tras paisajes se oculte piedad,
aunque tal estaca de hielo solo quiera vengar
las tormentas mostradas ante la marina vanidad.
Lágrimas, sudor, tinta, fluyen para perder más
de lo que tus dedos navegaron tiempo atrás.
Todo se fue con el terror en paisajes sin hermandad.
Juguemos con las olas, las ondas de truhán
que por escamas huyen y todo esto hundirá.
Saquea, destroza y vuelta con el derrame fatal
de una misericordia inmerecida por monedas de caridad.