Al borde del abismo se encuentra mi barco,
sufriendo horribles ráfagas de agua en los cabos.
Que hemos dejado sin atar por míseras disputas
en las que nadie gana, solo el odio es quien disfruta.
Para vernos resurgir de mala manera; sin manos
para no poder palpar un buen final, con tacto.
Sí, se hunde este navío de recuerdos y asusta
cómo se cuela entre las paredes esta fría marabunta.
¡Por mí y por todos mis compañeros! Llamo.
Aunque quedé mudo a fuerzas, con diecinueve años.
"Nadie se muere de amor en esta vida, ricura".
Es la frase más dulce y agria que en mi cabeza retumba.
Por tantas cicatrices y marcas que viven... ¿Paramos?
Por un carril sin frenos; por un gas quemarnos.
Llamé a la puerta, y no abre por tener cuña,
con mi ahínco arrastro, mis fuerzas a las tuyas.
Caemos una, y otra; y otra... Vez, por el mismo barranco.
Donde no hay piedra y barro, si no pensamientos malos.
Para que nos ahogue la profundidad, tan mía como tuya.
Donde no queda hueco para más besos, solo queda esto, solo queda bulla.
sufriendo horribles ráfagas de agua en los cabos.
Que hemos dejado sin atar por míseras disputas
en las que nadie gana, solo el odio es quien disfruta.
Para vernos resurgir de mala manera; sin manos
para no poder palpar un buen final, con tacto.
Sí, se hunde este navío de recuerdos y asusta
cómo se cuela entre las paredes esta fría marabunta.
¡Por mí y por todos mis compañeros! Llamo.
Aunque quedé mudo a fuerzas, con diecinueve años.
"Nadie se muere de amor en esta vida, ricura".
Es la frase más dulce y agria que en mi cabeza retumba.
Por tantas cicatrices y marcas que viven... ¿Paramos?
Por un carril sin frenos; por un gas quemarnos.
Llamé a la puerta, y no abre por tener cuña,
con mi ahínco arrastro, mis fuerzas a las tuyas.
Caemos una, y otra; y otra... Vez, por el mismo barranco.
Donde no hay piedra y barro, si no pensamientos malos.
Para que nos ahogue la profundidad, tan mía como tuya.
Donde no queda hueco para más besos, solo queda esto, solo queda bulla.
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