Si no me atrevo, con distancia y sin voz por teléfonos
quedo sordo sin saber nada más… No te cuelgo,
para escucharte dormir una noche con miedo
por si no te consigo ver, por no tratar de avivar fuegos.
Ambos deshojamos el alma de una cama que no vemos,
dejando taciturna la noche a través de tus piel y mis juegos.
Sin querer no cuenta, no besar no sientes este hielo
que con mil caricias curó, y con solo una caímos al suelo.
No sin dejar un hueco a este puerto para guardar velero,
que tras la tormenta de tus labios no dejó vivo marinero;
tras una, y otra, y otra estrella más que vista entre el pelo
que guardas, recogido, por manos apretando mi espalda a tu pecho.
Suena a guerra sin piedad, suena a juventud sin consuelo
para dos pequeñas almas que se divierten a lo plebeyo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario