Esta noche el roce con mi piel se llena de placer y sangre,
juntamos nuestros alientos en un tornado de saliva a oscuras
para llevarnos hasta la luz los gritos enterrados entre siempres.
Quiero que me marques con fuerza y luego termines con ternura
una noche que no termina por echar persianas pero no mi mente,
terminaremos extasiados como de sólida nuestra unión: suma.
Quitaremos de nuestro cuerpo aquella vieja sentencia de muerte
que solo nos quiere tapar los ojos sin que manos sean la cura,
el remedio a un muro de sudores impuesto por ser impacientes.
Mordiscos en piel de un alma que no acepta cumplidos por testaruda
siendo arropada, atraída, no como al resto, con intenciones de frente
que chocan contra sus esquemas, siendo derrumbados con mi lengua;
entre sus piernas, chocando con calores, tensiones y orgasmos en poniente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario