Andando, con zapatos de plomo fundido, sobre una cuerda de cristal.
Se rompe, caigo, tengo vértigo, miro mi caída, al lago; me estampo.
Aguanto la respiración, veo miles de burbujas a mi alrededor, no sé nadar.
Agito los brazos, pataleo como un crío en su cama, me estoy ahogando.
Me entra agua por la nariz, hostias; qué asco, trago agua; sabe a sal.
Veo que hay cosas que no cuadran, todo se vuelve geometricamargo.
Las curvas se transforman en flechas, los colores pierden su alma y piedad.
Todo avanza más lento, el tiempo se frena, mis latidos no tienen el mismo impacto.
El tendedero del universo no aguanta mi cuerpo tejido a base de realidad.
Me quedo sin calor, el mundo se aclara, el frío llega a las velas de mi barco.
Toda partícula inmóvil, no se escucha nada, sin ver cómo, dejan de vibrar.
¿Será posible? ¿Qué ha pasado? Mi mente es mi último examen, en blanco.
De repente, a la misma velocidad que antes, volvemos hacia atrás.
Todo el cuerpo me vuelve a doler, pataleo para no ahogarme; del agua salto
hacia afuera, rebobinamos como nunca nuestra mente hizo jamás.
Intento controlar mi cuerpo, me es imposible; alguien o algo me está dominando.
Trozos de cristales resurgen de las profundidades, vuelan y me acompañarán.
Se reconstruye el pequeño puente translúcido que dejó en nada desde un todo.
Los metales de mi planta del pie resurgen, enfriándose, dejando el mundo en la paz.
Ésta es la cinta de vídeo de un universo oruga que hiberna, el invierno de su Mundo Topo.
No quería que nadie le viera, pero mi mente lo sabe. Guardo su secreto. Bienvenido, Big Crunch.
No hay comentarios:
Publicar un comentario