jueves, 2 de febrero de 2017
Convocatoria y yo
Estoy en la playa y veo el tsunami de exámenes que viene hacia mí.
Me da pereza estudiar y por eso escribo, hasta arriba de frenesí;
ahora mi cuerpo se llena de energía pero más alto no puedo subir.
No, no son cosa de los diez Red Bulls en una noche a morir.
Hoy, duelo entre mi deber de estudiar y las ganas de gilipollear por fin.
Ni puta idea de quién gana, pero el retortijón del estómago es un sinvivir.
Su puta madre, voy mal si cuento las horas para… -¿Carlos Castaño? +Presente, sí…
El examen me mira y me dice a la cara: el tema que no entraba vale tres puntos aquí.
Oh… Qué pena, el tipo test es largo resta puntos, ahora necesitas un ángel para corregir.
Sales del aula con tres litros de sudor menor y con un dolor raro ahí atrás.
Convocatoria me llama, me giro, me lanza un beso con un mensaje: Septiembre.
Huele a vaselina pero sabes que a sido a pelo, sin saliva y sin avisar.
¿Tan difícil es esto? Si me he hartado de estudiar, pero aún así tengo un 3’7.
No te hace media, no le da la gana. Revisión para nada… Segunda matrícula vas a pagar.
Me conozco toda biblioteca. YouTube Perú me explica en vídeos y mi cerebro no puede.
Ya el librero me pregunta ¿qué estudias? Palmadita en la espalda, seguro la vas a sacar.
Ahora mi conciencia despierta: es que eres idiota. “Me emborracho, total, son solo parciales”.
Estas son las memorias de un chico que odia los kilos de libros y apuntes,
me señalan, soy “el rarito de la mochila con comida” en todos los búnkers.
Es raro oírlo, pero me da igual, entre tema y tema: me como otro tapper.
Al final, me quedo igual en Junio; sin tiempo y con versos de asignaturas que junte.
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