sábado, 18 de febrero de 2017

Caída del mundo

Aquí no somos titanes, pero nos vamos a comer el mundo
para así mantener con vida esa rosa que tu alma alegra.
Pueden llamarme loco, pero pongo soles donde es oscuro
y tengo más de una cicatriz sin estar lejos de la bestia.
Hago puentes y árboles cuando veo suelto algún muro,
porque me encanta empezar, uno, otro, otro, a caer las piezas;
siendo la primera dominó que alcanza un ciclo hasta Neptuno.
Que por ti, en este planeta el ruido hace mucho que no suena.
Pero es el río al que no consigo parar con alas y ojeras de búho,
agotado por las mañanas llenas de luz innecesaria con hienas.
Venga, hazme ver que la noche nos hace jugar sin ser mudos,
retumbando paredes, palpitando labios, mojándonos hasta las fechas.
Ya te dije que yo se lo agarraba a la vida, pero que tengo mejor culo,
que solo quiero manos para montar en tus caderas mi mejor fiesta.


Juguemos con las lenguas, a ver quién tiembla primero.
Sí, sé valiente y muérdete el labio como a mí tanto me gusta;
hoy es noche de sex… de sensaciones para pasar del mil al cero,
así que dejemos de contar nuestras ganas y demos cuerda a la Luna.
Para que nos ilumine mientras rompo en ti como las olas de Febrero,
frías, aguantando el golpe, rebotando por tu entrepierna y sus dunas.
Lengua, labio, oreja, cuello… Con algún que otro beso en el tintero
guardado para ser revelado en la última página, ésa que no nos derrumba.
Sigo repitiendo curso en mi vida con tal de verte por el pasillo de nuevo,
por volver a jugar en sitios recónditos, en tener mil respiraciones agudas.
Cuerda, cuero, piernas, torso y ahora tira el dado, a ver dónde nos lleva el juego,
porque no es por temperatura, es por el diluvio de tus labios hasta la una.

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