Linda pesadilla,
siempre es contigo,
besos que ahogan mi barbilla
por la danza de tu ombligo.
Entre unas sábanas, de noche
poder en ellas perdernos
acabando en un amanecer,
disfrutando sin derroche,
que como siempre
en cada roce,
grabas tu nombre,
en mi piel.
Ser de terciopelo
o dulce como la miel.
Una muerte rápida,
un mordisco,
me valen cien.
Una huida
y un camino,
ser tu druida
y tú mi destino.
No saber viajar sin ti.
Sigue, esos son los pasos,
te llevan al fin
que maullan los gatos
sin saber decir:
“Que de ti me ato,
por verla sonreír”.
Besos con sabor a quédate,
respiraciones de fuego;
dos animales que solo desean
ser algo eterno.
No es querer ser feliz,
es obligarme a buscar
la manera de encontrar
que tu beso aquí,
el tiempo haga parar.
Ese miedo que engatusa,
volverme loco de atar
por mi pequeña musa,
así; sin más…