Una simple musa
encadena mis muñecas
unidas a la escritura.
Perderme como azteca
por la sombra confusa
que dibuja tu cadera
de forma difusa.
Saber que tú eres mi meta
¿estaré a la altura?
Recordar tu silueta
en los versos de Neruda.
Vente a mi cama,
dame simples lecciones,
viajando por las ramas
para acabar renglones
del árbol que ama
solo falsos corazones.
En el aire las escamas
con resto de arpones,
mis escrituran matan
como sicarios de Al Capone.
Acabar sin sentidos,
no tener soluciones
a este gran estallido
envuelto por menciones
de versos caídos
sin poder ser canciones.
Saber si en tu camino
pude convertirme en tu andar
indicando mi destino
para tu sonrisa salvar
de un cruel, cansino,
y maldito azar.
Siempre le digo
que me obliga a hablar
cuando viene conmigo,
otra noche más.
Saber que voy a la deriva
no saber qué escribir
porque con tu calor deliras,
dejas de existir,
fui persona tullida.
Apenas tenía un fin
para mis heridas
No me enseñaron así:
“aprende a volar, querida”.
Vamos, cree en ti
tengo tu salida,
bien, confía en mí.
Una simple estampida,
público de maniquí.
Oculto en tu guarida,
mudarme a Madrid.
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