Que sí, que todo el mundo ha tenido o ha visto una pareja en su vida o a lo largo de ella. Muchos hablan sobre que la base de una relación es la confianza, otros comentan que es la transparencia, pero pocos caen en la cuenta de los “pilares”. Se olvidan de que toda construcción necesita estar sustentada para que no se caiga el tejado. Cuando preguntamos a una persona, hablan de lo bonito que es mantener ese hogar que queremos conservar, porque el amor es infinito hasta que se acaba, nos parece perfecto. Prestamos más atención a cómo está por fuera, la forma y el color de su jardín, la fachada y la azotea; claro que es bonito, pero esas dos personas fueron obreros que trabajaron día y noche para construir desde varios metros de profundidad para conseguir verdaderos cimientos hasta una decena de metros consiguiendo varias plantas en las que conseguimos habitaciones traducidas en sensaciones y experiencias.
Pero, ¿cuál es realmente la materia prima? Sí, la tierra, la arena, el cemento, agua, varas de hierro, etc. Éstos forman el hormigón armado, el amor. Que al fin y al cabo, la casa en su totalidad está formada por él. Es extraño, no hay persona que sepa describir a ciencia cierta qué es el amor. Lo que sabemos seguro es que lo sentimos cuando encontramos la persona ideal que no nos cansaría si estuviera a nuestro lado el resto de lo que queda de vida. Últimamente, solemos confundirnos entre estar a gusto y estar enamorado. Lo primero es algo difícil de conseguir, eres feliz, el tiempo pasa rápido, consigues acomodarte y estar atento a la vez que relajado. Mientras que lo segundo te provoca un calor interno muy parecido a ese beso de madre que quita el hambre, acaba volviéndose una necesidad sentimental y física. Por ejemplo, una tarde de invierno con nuestra pareja nos parece algo tan bueno, nos hace olvidar que el cielo está nublado, que está tronando y que el frío se cuela por los huesos gracias a su simple compañía aliñada con besos y caricias, esas mismas caricias se vuelven necesarias, nuestro propio cuerpo nos incita, es una droga, la felicidad.
Podemos deducir de ahí que el amor es una manera de llegar a la felicidad, de hacer más apaciguada ese tramo al que llamamos vida, que nos reta a un duelo con varias dificultades. Un calmante para todo, un apoyo. Esa misma casa que compartimos, es esa manta enorme que usamos en invierno y esa brisa de aire veraniega. Será que nuestra meta en esta vida es ser feliz, disfrutar antes de irnos lejos, de ese lugar de donde pocos han podido volver.
También podemos verla como un trampolín, sí, así es. Somos una persona pequeña en este mundo, la verdad. Una persona insignificante que para el Estado únicamente somos uno nombre y dos apellidos, que para la universidad somos un número insertado en un curso, nada más. Un día llega alguien que se esfuerza en conocerte, en averiguar más sobre tu vida, sin pedir nada que no sea que tú hagas lo mismo, llegando a un bonito final en el que los dos acabéis interesándoos tanto hasta el punto de convertiros en una única persona. Eso os hace grandes, gigantescos, inigualables e de valor incalculable. Pasar de una mota de polvo en un gigantesco salón a ser un gigante que pasa por la ciudad de Liliput, ese trampolín que os ayuda a alcanzar las metas.
Eso son dos consonantes y dos vocales, la palabra amor.
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