lunes, 3 de noviembre de 2014

Mar de otoños

Ha sido sorprendente, una ola de lodo transportada a través del aire ha sacudido y arrasado con todos los colores. Le han cambiado la caja de colores a un niño para que dibuje el mismo paisaje que antes, pero esta vez contiene colores más dejados, más cercanos a la muerte. Cada paso por la ciudad, cada pisada en el suelo se vuelve nueva, el papel sigue siendo el mismo, las líneas no han cambiado, ¿entonces por qué me eriza la piel de una manera tan fría? Al no haber ningún pasajero en el tren de mi viaje por el dibujo, y aún así, me ha mostrado que todo ha cambiado. Todo se deja caer, se le agotan las fuerzas. Seguramente me llueva encima, pero da igual, es solo agua, únicamente borrará mis huellas sobre el camino. Ahora mismo, el mirador intenta echarme de su territorio con un fuerte oleaje y aún así, sigo sin dar con la clave del cambio. Volver a la montaña de hace tres años, intentar sin apenas frutos de buscar pequeños tesoros dentro del verdadero cofre, la naturaleza.


Lo verde muere lentamente tras el incesante calor que lo atraviesa, que le desangra a su gusto, tal y como ha pasado desde que tengo consciencia. Cada día descubro nuevas baldosas en un camino que me sé de memoria. Alrededor de ellas, crecen diminutas plantas con frágiles tallos que serán fácilmente destruidos por el paso de cualquier zapato que se interponga. Aún sabiendo esos problemas, esas dificultades, se mantiene... La vida se abre camino. La misma que muchos humanos quisieron perder o quitar de múltiples maneras y por millones de razones. Desde las partículas que forman el aire hasta las raíces de una secuoya canadiense forman parte de nosotros, nos revelará secretos de la vida, de cómo llegamos ser lo que somos.


Es enigmante y a la vez te llama la atención. Ese gran desconocido que a su vez está presente de tal manera, que nosotros mismos formamos parte de esa interrogación. Cada punzada verde hecha por el más fino pincel para tan perfectísimo detalle que nos alcanza la vista. Está bien que todo se forma a través de simples objetos, pero también nos quita parte de la magia, del reto que supone describir la vida misma.

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