miércoles, 24 de junio de 2015

Callejas



         Apenas había empezado el día, dejando con un triste y tenso color rojo en el cielo cubierto por las nubes. El autobús en el que el gran detective Landom se encontraba olía bastante mal, una mezcla entre humedad, pies y más a cerdo que ser humano. Ya estábamos llegando a su destino, pudo ver por su izquierda el gran río protagonista de muchas obras flamencas, una pista de patinaje para monopatines, rollers y bikers en la que se encontraban algunos adolescentes madrugadores divirtiéndose con algunos trucos. Tras haberse metido el automóvil por un pequeño puente, alcanzó la estación de Plaza de Armas. Fue bajar, y darse cuenta que todo había cambiado. Su estómago se le encogía levemente, por miedo a lo nuevo, al peligro que estaba sometido. Una vez fuera suspiró, dejó su maletín marrón de cuero en el suelo para poder quitarse su sombrero homburg y abrocharse bien su gran gabardina. Colocó sus dos manos en sus caderas, pestañeó de una manera muy tenue mientras se decía a sí mismo en voz alta “pues aquí estamos, nueva ciudad para vivir, Sevilla de mis amores”. 

         En la carretera solo se veían pasar taxis de un lado para otro, furgonetas y camiones de congelados. Apenas iluminaban las farolas, pero con la ayuda de las múltiples tiendas y sus focos, caminar por las calles no era un suplicio. No se había movido ni un solo kilómetro de la parada cuando se dió cuenta que estaba siendo vigilado. Se hundió el gorro sobre la cabeza y aligeró su paso notablemente. Él notaba ya de antes que el aire no era tan puro, que estaba siendo respirado por otra persona. Dos cruces más adelante, de un callejón salió una prostituta bastante colocada, le provocó tal susto a nuestro investigador, que recibió un disparo en toda la frente, como acto reflejo en el estado de alerta. Permaneció inmóvil, congelado por el acontecimiento que acaba de ocurrir. Solo podía mirar cómo el humo salí lentamente de la boquilla de su mágnum 44. Fue entonces cuando de esa misma callejuela, salió un hombre disfrazado de payaso y otro de vaquero, ambos con una recortada automática en la mano en dirección a Landom, dejando el gatillo pulsado.

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