lunes, 29 de febrero de 2016

Amor celestial


Llegados a este punto, por cada detalle me voy dando cuenta
que no es tenerte presente, sino verte de día y sentirte de noche.
Eres diferente, ¿lo sabes? A pesar de tus mil prendas, sigo sin saber lo que aparentas.
Pero si de algo estoy segura: Mi mundo es un cofre, una cárcel, y la llave; tu roce.
Muchos dicen que me estoy volviendo loca, pero no me canso de decir que no mientan,
porque esto lo puede todo, me proteges de tempestades, consiguiendo que no me moje.
Aunque cada madrugada tu falta, el frío, la ausencia… Me despierta.
Ésta fue siempre nuestra batalla batida en mil lugares, usando estoques
de un perfil sin defensas…
Entrándonos la risa si percibíamos un golpe.

Siempre que mis ojos no atienden a la realidad, vuelo.
A tu lado, viendo mundo y descubriendo el millón de secretos
que guarda una de las cuevas subterráneas que decoran nuestro pueblo.
Pero no por ello eres diferente, tampoco te lo dije: pero no te quiero como Príncipe Maquiavelo;
por tu silencia, tu escucha y verdadero <<y contínuo>> esfuerzo.
Todo lo que siento por ti es una fuente de algo nuevo.
No lo entiendo, cuando hablo con alguien, estás aquí… Y ellos dicen que estás lejos.
Posa sobre mis doloridos hombros tus alas, te lo ruego.
El peso del mundo en contra me hace daño, deseo que fuera ameno,
aunque tu fuego consigue hacer más llevadera mi vida, fría y oscura, la llamo Invierno.
Jamás sabré si soy valiente o cobarde por decirle a un fantasma “te quiero”.

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