Juguemos en la selva a encontrar todos los zafiros.
Para que luego nuestras lenguas solo se maten a tiros.
No digo que esta tregua sea de verdad estando conmigo,
si sales, la caída atenúa dejándome a mí sin castigo.
Nunca he pensado en ti, solo te quiero y te escribo.
Siempre me calmas, como si fuera un caballo sin estribo;
como si este crimen fuese perfecto: con secretos, sin testigos.
Fuiste una fiera que a dentelladas se defendía. Me dió igual, yo me arrimo.
Nos unimos, rama a rama, a base de semillas, somos ese racimo
que nunca quise dañar, y menos dejar frío, como vientos de Vigo.
Caminamos por mil raíles, mil viajes prometidos
para un alma plena que con esfuerzo y carisma, ha cumplido
un trato que abarcar es difícil, del que nadie se hizo amigo.
¿Meta alta? Nunca fue mi pasión, hasta tu llegada, secreto a gritos.
De verdad sorprendes, con noche tan oscura y buena puntería tuviste, Cupido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario