martes, 9 de febrero de 2016

El fin del baile

Escucho cada gota en el suelo,
la tormenta de tus ojos padezco.
Siento tus mil y un “te quiero”.
El corazón está indefenso
dentro de todo este tormento
que me deja sin alas, sin cielo.
Un roce me convirtió en tu siervo,
hasta que el beso asfixia el cuello.
No tengo fuerzas, me vuelvo plebeyo
tras mil noches frías de anhelo.
Trepo, corro, mato, cuido, vuelo;
incontables hazañas para un vano esfuerzo.
Son los mismos sentimientos, aquellos
del pasado que dicen “ya no puedo”.

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