No es que me enamorase de ti,
tampoco fue causa de tu pelo.
Siempre busco tu sonrisa sin fin,
para valorar desde lo malo a lo bueno.
¿No es un cuento?¿O sólo sin perdiz?
Todo es real, aunque no toco suelo,
¿pero a quién le importa mi vivir?
Si sólo buscaba oído y consuelo.
“¡Ahora muestra tus cartas!”, reí.
Y entre ellas, jugamos a ser abuelos
Una, veinte, cien; hasta diez mil
son los versos; por tus huesos,
los que no me dejan nunca dormir.
Te doy sin miedo el corazón, y no es mi dedo,
es una caja de cristal, solo para ti
donde resguardo todos mis miedos.
Guárdalos, para siempre, hasta morir…
Que en la próxima vida, lo haré de nuevo.
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