Remuevo mi vaso lleno de vodka con hielo.
Miro al frente y no estás, mi habitación está vacía.
solo queda imaginar que entre mis manos está tu pelo
Y que a pesar de verte por mi acera, jamás me iría.
No podría pasar ni un segundo más siendo velero
estancado en un muelle que arde noche y día.
Le doy un sorbo a este vaso fuerte y casi lleno
para saber que es duro no tenerte, pero tragaría
las mil penas y perjuras que se guardan de tierno
placer causadas en tu maldita botella vacía.
Remuevo mi vaso, que contiene vodka, hielo y agua.
Echo la vista a un lado para asegurarme de que sigue
la música puesta, para poder llorar; si volara sin alas.
Pero nada es tan real y oscuro como mi piel de esfinge.
Que por más que me cueste, intento nadar a brazas
hasta un pedestal que no rige destino, que solo se elige
si la fuerza de voluntad en mí no es un barco que naufraga.
Pero ahora solo mis labios son los que de verdad admiten
otro gran trago aguado de un calor que baja por mi garganta.
Desaparecieron en lo oscuro mis pies, me llamo Aquiles
pero me asusta la no-luz, la esperanza más que falsa.
Por la tenue amistad de un hilo y la cuchilla, sin fines…
Remuevo mi vaso con vodka y ya más caliente.
Intentan mis ojos tras pasar el suelo con la oscuridad.
Este cuerpo de ángel se desvanece, ya no queda temple
que aguante tanto dolor, cultivado con lágrimas sin par.
El viento me sopla para dejarme caer ante la estirpe
que se volvió tu presencia que se preocupa en azar.
Juegos que solo tú ganas, que solo tú consigues,
dime si te gustó saber de la presencia de un mar;
en el que tu sonrisa fue la pesa de mi pies
que me ahogó y solo dejó este cuerpo sin amar.
Doy un sorbo a mi vaso con olor a vodka
que se quedó como mi alma, seca y del revés.
Y olé.
ResponderEliminar