Me gustaría saber tu nombre para gritarlo a los cuatro vientos
mientras dejamos atrás las penumbras de un pasado de cuento.
Que tragaba tanto mar que mis labios secan con su aliento
de animal gris para un mundo vacío y negro llamado desierto.
Al sonido de la orquesta de Aranjuez corremos por la libertad
que nos han reservado veinte años y ahora podemos saborear
con un buen mordisco a la vez que nuestra lengua destellará
por mil papilas embriagadas con el jugo dulce de jazz.
Sí, saborearé música y escucharé poesía como en Nunca Jamás.
Oiré cómo tus ojos tararean un himno a mis caderas de cristal
por tanto terremoto de orgasmos y grietas de uñas por detrás.
Siendo nuestras espaldas un lienzo causa de la rabia y la maldad
guardada en el pintor de tus ojos donde caerse para no saltar.
Solo diez frases para un paraíso que para terminar, oportunidad nunca se le da.
A la noche es cuando las estrellas empiezan a caer sobre la tierra
donde solo quedan estas cientos de playas, decenas de bosques y nuestra ropa sucia.
De tanto jugar con nuestra naturaleza de amantes con astucia
usada para besar la piel del otro con una fiereza mientras inunda
toda mi mente de sensaciones que no olvido con tus “soy tuya”.
Dispara, vamos. Llégame al alma y no falles; que entonces será mi culpa.
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