viernes, 19 de septiembre de 2014

Primer día de clase

      Hoy es el primer día de clase, me encuentro sentado en una silla rodeado de extraños conocidos, gente nueva y a la vez familiar. Un 16 de Septiembre bastante caluroso, está bastante nublado, la verdad. Veía cómo las grisáceas nubes descienden a la vez que se desplazan. Noto cómo nada es igual que antes, no me siento cómodo conmigo mismo ni con el lugar en el que me encuentro. Puede ser que yo haya cambiado de manera brutal. Es posible que el causante de todo ello haya sido este verano tan desastroso, encerrado en casa la mayoría del tiempo, tumbado en mi cama, para ser exactos. Todos dicen que es una depresión causada por las muertes de varios amigos míos. Lo peor no fue la pérdida en sí, sino las razones: suicidios. Da pena ver que grandes personas se echen a perder por unos papeles, unos cartones y varios gramos de droga. Todo me hizo pensar sobre la fugacidad de la vida, la manera en la que se escapa el tiempo sin poder atraparlo, como agua entre los dedos. En cambio, si sufrimos, serían piedras, rocas pesadas, provocando que nos dañemos y cansemos de aguantar todo el peso que conlleva nuestra carga. ¿Hay veces en esta vida en la que podemos dejar caer todo? ¿Y si dañamos a terceras personas? Nunca lo hice, pero puede que ésta sea mi primera vez, y como siempre, temo por más cambios en mi vida, la desesperación de todo lo que creía conocer. Miedo por la desinformación...

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Seguirás siendo el mismo

“Tío, seguirás siendo el mismo, nunca cambiarás…”. Una frase como otra cualquiera, sí. Pero muy simbólica y repetida a lo largo de mi vida. Desgraciadamente ha sido nombrada por multitud de mis antiguas parejas. Como todo, también tiene su historia: Yo era un chico bastante alocado respecto al tema amoroso, aunque tampoco podría llamarlo así, ya que era la simple busca del placer.


Todo empezó hace unos cuatro años, en la ciudad de Sevilla. Una chica acabó con mis ganas de seguir adelante con todo respecto al tema del amor y las relaciones fieles, por el simple hecho de incumplir de manera brutal la mayor de las leyes no escritas: respetar al prójimo. Sí, tendría unos trece años, puede parecer un poco locura el haberme marcado tanto, supuestamente. Yo soy el primero que lo acepta, y el primero que se arrepiente, vaya. Total, andé destrozado y desconfiando de todas las personas que me decían que yo les gustaba, pensaba que se reían de mí, por el simple hecho de que si “ella” (por llamarla de alguna manera) jamás pudo ver nada bueno en mí, ¿por qué iba a hacerlo cualquier otra persona y en un periodo de tiempo menor? Total, que lo único que hacía era enamorarlas a posta de la manera más rápida posible. Al cabo de una semana estaban muertas de amor de una manera loca. Me convertía en un príncipe azul que salió de un lugar que ni ellas mismas podrían averiguar aún retrocediendo al pasado. Este corto, pero intenso proceso era para luego dejarlas, que lloraran para así yo poder reírme de ellas antes que ellas de mí (claro que yo andaba equivocado, ellas sí que me querían o les gustaba de verdad). Pero este proceso de idas y venidas duró hasta hace relativamente poco, un año más o menos, pasando por un listado de más de varios centenares de chicas. De ahí viene la primera frase del texto.


Pero lo más extraño de todo es ver cómo aún la gente sigue diciendo eso, a pesar de no haber sabido nada de mí en un gran periodo de tiempo, que para mi edad, 365 días es bastante extenso. Eso me indujo a pensar que nadie sería capaz de cambiar de opinión, pero no encontraba la razón hasta que, un día, encontré a alguien que era igual que yo con las chicas, se hizo amigo mío. Entonces pensé: “este chico no podrá ser diferente en ningún momento a lo largo de su vida”. Como un buen dicho popular dice: El ladrón cree que todos son de su condición. Triste realidad, pero muy cierta, muchas de las personas no lucharon por cambiar el mundo para un lugar mejor, empezando por ellos mismos. Y puede que sea la razón por la cual nadie supo cómo llegamos hasta aquí y cuál era el antídoto de la humanidad de la sociedad de hoy en día. El cambio en uno mismo será percibido por otros, valorando todo esfuerzo, por largo que sea o la intensidad del mismo.

Sinceridad hiriente

Jamás leí nada de poesía,
nunca me interesé en ella.
Mucho menos la palabrería
para enamorar a doncellas.
La verdad, eternamente arpía,
destroza la muralla aquella
que sume camino y valentía:
"Recuerdo tormentas". Centella...
Dice asustada por los días
sin echar culpa a plebeyas.



Solo queda mundo abierto,
aunque nunca tuve guía.
Pero el miedo es ahora cierto,
toda falsa sabiduría
será otro triste rey muerto
por otra maltrecha galería.
Viajaba como un experto
gracias a simple habladuría.
Me perdí, y sin descuento,
en caja que muerte ansía.
Buscando destino esbelto
esbeltando mil maestrías
por dejarme solo tuerto,
cuervo a mis ojos, escocía...

lunes, 15 de septiembre de 2014

Segundo pensamiento

    Todo nace, todo muere, todo acaba. Si supimos el final desde el principio, ¿para qué nos esforzamos en querer cambiarlo? Desde un primer momento, todos hemos querido dejar atrás la idea de la muerte a base de pensamientos sobre la inmortalidad. Extraña palabra, ¿no? La verdad es que es muy peculiar, la podemos definir como "carencia de muerte", lo cual significa que no tiene un fin. Si la misma vida fuera un libro, y llevara dicho palabra como título, ¿qué sentido tendría leerlo? No podrías acabar nunca de leerlo, estarías toda tu vida leyendo, sin parar, con ímpetu de terminarlo, sin parar. Aunque ciegamente sabemos que no podríamos, ¿cómo llamaríamos a ese sentimiento? Esperanza, todo aquello por lo que luchar, por lo que proseguir, un motivo para vivir. Es algo mágico, como una simple meta, nos consigue sacar lo mejor de cada uno. Un niño pequeño corriendo sin cesar tras un balón en una plazoleta, adelantando a todos sus amigos y compañeros de equipo, con tal de meter un gol en la portería rival; como un estudiante lee y lee para obtener información de su lectura, para posteriormente administrarla en su cabeza y así poder realizar de buena manera un examen que le ayudará a sacar la carrera universitaria que él desea.


       Todo alrededor nuestra, creado por el hombre, ha supuesto un esfuerzo, mezclado con ilusión, para obtener una meta, ya sea poder conseguir un lugar en el que puedan vivir personas o ya sea dar placer de manera gastronómica. Sin darnos cuenta, todas las imágenes que alguien ha visto, todas las conversaciones mantenidas, todas las relaciones que ha establecido una persona; cualquier acontecimiento que le ha ocurrido a una persona, acabaron por dejar huella en su interior, cambiando su actitud, tanto para bien, como para mal. También hay otras obras de personas que guardan recuerdos de manera física. Todos hemos visto por la calle una pintada con graffiti o rotulador en forma de corazón y, dentro de él, los nombres de una pareja; también miles de firmas, de dibujos, todos hechos por gente como tú, que me estás leyendo o como yo, que escribo pulsando teclas al ritmo de una base tranquila de violín. Pero jamás nos preguntamos el por qué: ¿por qué quisieron plasmar su amor en una pared? ¿Por qué construyeron un pueblo en cierto lugar? Todo son preguntas, y para ser felices, buscamos respuestas. Eso nos lleva a pensar que no estamos completos por dentro, que necesitamos más y más. Podemos demostrarlo de una manera muy simple: la curiosidad. Si no supiéramos una respuesta, no pararíamos de buscarla, sería nuestra meta, al no conseguirlo, dentro de nosotros ocurre algo. Nos decepcionamos al saber que ahí hay una pieza de nuestro puzzle de la vida, que tristemente, jamás podríamos cumplir, y ser cien por cien felices.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Pensamientos sobre el extremo

       Se supone que mañana todo será diferente, que conoceré gente nueva y que una decena de asignaturas se interpondrán en medio de mi tiempo libre. Muchos odian este día, por el simple hecho de ser el último de nuestras vacaciones. En cambio, yo estoy sentado encima de un banco de hierro pintarrajeado. En frente de mí hay un parque con multitud de toboganes, trampolines a ras del suelo y una gran concha colgante de un palo de madera en forma de columpio gigante. Docenas de palmeras me rodean, tapando parte del azulado cielo terminado con un color amarillento pastel hacia el horizonte. Una gran nube acecha por la derecha, intimidando ferozmente al atardecer de Huelva, el único capaz de dejarme sin habla hasta día de hoy.


       Hoy Carlos parece más idiota de lo habitual, no sabría explicarme con creces. ¿Por qué ponerse a describir un lugar cuándo lo único que él quiere es coger un taco de folios y ponerse a escribir cartas como loco para una destinataria bastante peculiar? Últimamente han pasado grandes cosas en su vida, todas con carácter insignificante. El seguir ligando con todas las chicas que se le ponían por delante ha tenido un fin bastante brusco, hasta él mismo se ha sorprendido de semejante ruptura de rutina. Ahora mismo, el pensar en cosas como un viaje que no sea hacia el norte de Huelva le revuelve el estómago de una punta a la otra. Apenas podría admitir que por su cabezota hueca únicamente pasa un nombre, solo pasa una voz, una sonrisa, un hilo de esperanza.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Primer pensamiento

       El mundo es un pañuelo, extendido a más no poder, convirtiendo el terreno en el lugar dónde todos jugamos a vivir, o mejor dicho, a sobrevivir. Podríamos decir que somos marionetas en un teatro, o jugadores de un futbolín. Al fin y al cabo estamos siendo manipulados por alguien en nuestra vida. Puede ser la Naturaleza, aquello a lo que llamamos Dios, o simplemente es el orden cronológico de una fuerza superior que no podemos percibir los seres vivos de este planeta. También tenemos gente que nos obligan a hacer cosas, sin ninguna otra opción, como por ejemplo; nuestros padres.


       Desde pequeños, todos y cada uno de nosotros, hemos estado siendo obligados a lavarnos la cara, vestirnos al levantarnos, comernos toda la comida que hay en la mesa (aunque siempre intentamos negociarlo con una cierta cantidad de cucharadas). ¿Y a ellos quién les controla? Pues suponemos que sus jefes, y a ellos, otras personas superiores, así hasta llegar al más alto poder, el miedo.



        Todo empezó cuando una persona razonó o experimentó la posibilidad de una pérdida de algo o alguien. Esa persona se dio cuenta que no podía perder la autoridad sobre sus objetos, si no, acabaría siendo una especie atrasada. Tan fácil como "la Ley de la Selva: sobrevive el más fuerte", y en el caso de un humano, la mayor fuerza que tenemos no es la de los brazos, ni la de nuestra mejor pierna; sino nuestra privilegiada mente. Por ello empezamos a usarla como un medio para ejercer la superioridad ante otros, para así ganar nosotros. Tampoco nos hemos fijado en que se volvió un arma, un arma de destrucción masiva a largo plazo. Toda la exclavitud de nuestra sociedad es gracias o a causa de varias personas que han sido medianamente más inteligentes que otras, lo cual les produjo una ventaja suficiente para realizar un plan que les reportara beneficios de algún tipo a costa de la actitud o las acciones de seres inferiores.



       Sí, sé que suena bastante extraño y parezco un lunático, pero hay miles de ejemplos para corroborarlo. Uno de ellos puede ser una finca con cerdos. Los humanos hacemos que los porcinos obedezcan ciertas órdenes en el lugar y tiempo indicado por el modo establecido, para posteriormente obtener la carne que les reportará beneficio económico. Otro ejemplo muy bueno puede ser reflejado en las personas incultas de cualquier país y los partidos políticos. Todos ellos intentan obtener votos para ser elegidos de la manera menos complicada, la cual está basada en engatusar al pueblo a través de palabras complejas que les haga creer que entienden el mensaje, mientras suelen significar cosas bastante distintas. Cosa que no vemos muy lejos de nuestro entorno, y más en estos tiempos que corren. Marionetas del teatro de la vida, jugadores del partido contra nuestra propia libertad...

martes, 2 de septiembre de 2014

De las mil y una noches

De las mil y una noches
quemo todas al solano,
fui sus castigos sin reproches,
ellas, mi coliseo romano.
Vi cómo lloraban en coches
por dejar vacías sus manos
con un corazón sin broche.
No confundas esto, hermano.


Llámalo triste relación
del placer de los juegos.
Escribo en negro o marrón
como el antes y después con fuego.
Me derribaste como un camión,
caí como pieza de lego.
No voy a sorprenderte, mi amor,
solo a sostener tus hilos de nuevo
haciéndote creer en la condición
que dejé escrita en el suelo
tras escupir la mierda en el tablón
de anuncios de tu cielo.


Yo solo busco razones nobles
para ver quién de aquí se fía
donde cuelgan zapatos en cobre
por los que cayeron un día
en esos pozos sin nombre.
Mis cambios no revivían
ni tampoco desde entonces.
Hagamos de sentimientos, jauría
para escuchar vuestras voces.
Rezad, poneos de rodillas cual María
solo indico con mi polla un “ven”,
siendo menos virgen que mi profecía.
Tan caídas y sin sostén
asustando tu sujeto de rebeldía
por tres o cuatro perras al mes,
siempre llevé conmigo la empatía.