domingo, 7 de septiembre de 2014

Primer pensamiento

       El mundo es un pañuelo, extendido a más no poder, convirtiendo el terreno en el lugar dónde todos jugamos a vivir, o mejor dicho, a sobrevivir. Podríamos decir que somos marionetas en un teatro, o jugadores de un futbolín. Al fin y al cabo estamos siendo manipulados por alguien en nuestra vida. Puede ser la Naturaleza, aquello a lo que llamamos Dios, o simplemente es el orden cronológico de una fuerza superior que no podemos percibir los seres vivos de este planeta. También tenemos gente que nos obligan a hacer cosas, sin ninguna otra opción, como por ejemplo; nuestros padres.


       Desde pequeños, todos y cada uno de nosotros, hemos estado siendo obligados a lavarnos la cara, vestirnos al levantarnos, comernos toda la comida que hay en la mesa (aunque siempre intentamos negociarlo con una cierta cantidad de cucharadas). ¿Y a ellos quién les controla? Pues suponemos que sus jefes, y a ellos, otras personas superiores, así hasta llegar al más alto poder, el miedo.



        Todo empezó cuando una persona razonó o experimentó la posibilidad de una pérdida de algo o alguien. Esa persona se dio cuenta que no podía perder la autoridad sobre sus objetos, si no, acabaría siendo una especie atrasada. Tan fácil como "la Ley de la Selva: sobrevive el más fuerte", y en el caso de un humano, la mayor fuerza que tenemos no es la de los brazos, ni la de nuestra mejor pierna; sino nuestra privilegiada mente. Por ello empezamos a usarla como un medio para ejercer la superioridad ante otros, para así ganar nosotros. Tampoco nos hemos fijado en que se volvió un arma, un arma de destrucción masiva a largo plazo. Toda la exclavitud de nuestra sociedad es gracias o a causa de varias personas que han sido medianamente más inteligentes que otras, lo cual les produjo una ventaja suficiente para realizar un plan que les reportara beneficios de algún tipo a costa de la actitud o las acciones de seres inferiores.



       Sí, sé que suena bastante extraño y parezco un lunático, pero hay miles de ejemplos para corroborarlo. Uno de ellos puede ser una finca con cerdos. Los humanos hacemos que los porcinos obedezcan ciertas órdenes en el lugar y tiempo indicado por el modo establecido, para posteriormente obtener la carne que les reportará beneficio económico. Otro ejemplo muy bueno puede ser reflejado en las personas incultas de cualquier país y los partidos políticos. Todos ellos intentan obtener votos para ser elegidos de la manera menos complicada, la cual está basada en engatusar al pueblo a través de palabras complejas que les haga creer que entienden el mensaje, mientras suelen significar cosas bastante distintas. Cosa que no vemos muy lejos de nuestro entorno, y más en estos tiempos que corren. Marionetas del teatro de la vida, jugadores del partido contra nuestra propia libertad...

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