“Tío, seguirás siendo el mismo, nunca cambiarás…”. Una frase como otra cualquiera, sí. Pero muy simbólica y repetida a lo largo de mi vida. Desgraciadamente ha sido nombrada por multitud de mis antiguas parejas. Como todo, también tiene su historia: Yo era un chico bastante alocado respecto al tema amoroso, aunque tampoco podría llamarlo así, ya que era la simple busca del placer.
Todo empezó hace unos cuatro años, en la ciudad de Sevilla. Una chica acabó con mis ganas de seguir adelante con todo respecto al tema del amor y las relaciones fieles, por el simple hecho de incumplir de manera brutal la mayor de las leyes no escritas: respetar al prójimo. Sí, tendría unos trece años, puede parecer un poco locura el haberme marcado tanto, supuestamente. Yo soy el primero que lo acepta, y el primero que se arrepiente, vaya. Total, andé destrozado y desconfiando de todas las personas que me decían que yo les gustaba, pensaba que se reían de mí, por el simple hecho de que si “ella” (por llamarla de alguna manera) jamás pudo ver nada bueno en mí, ¿por qué iba a hacerlo cualquier otra persona y en un periodo de tiempo menor? Total, que lo único que hacía era enamorarlas a posta de la manera más rápida posible. Al cabo de una semana estaban muertas de amor de una manera loca. Me convertía en un príncipe azul que salió de un lugar que ni ellas mismas podrían averiguar aún retrocediendo al pasado. Este corto, pero intenso proceso era para luego dejarlas, que lloraran para así yo poder reírme de ellas antes que ellas de mí (claro que yo andaba equivocado, ellas sí que me querían o les gustaba de verdad). Pero este proceso de idas y venidas duró hasta hace relativamente poco, un año más o menos, pasando por un listado de más de varios centenares de chicas. De ahí viene la primera frase del texto.
Pero lo más extraño de todo es ver cómo aún la gente sigue diciendo eso, a pesar de no haber sabido nada de mí en un gran periodo de tiempo, que para mi edad, 365 días es bastante extenso. Eso me indujo a pensar que nadie sería capaz de cambiar de opinión, pero no encontraba la razón hasta que, un día, encontré a alguien que era igual que yo con las chicas, se hizo amigo mío. Entonces pensé: “este chico no podrá ser diferente en ningún momento a lo largo de su vida”. Como un buen dicho popular dice: El ladrón cree que todos son de su condición. Triste realidad, pero muy cierta, muchas de las personas no lucharon por cambiar el mundo para un lugar mejor, empezando por ellos mismos. Y puede que sea la razón por la cual nadie supo cómo llegamos hasta aquí y cuál era el antídoto de la humanidad de la sociedad de hoy en día. El cambio en uno mismo será percibido por otros, valorando todo esfuerzo, por largo que sea o la intensidad del mismo.
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