Es inimaginable el gran poder que obtiene la soledad con el avance de los días. He llegado al punto en el que no salgo con nadie, paso los días jugando a la consola, para ser exactos, al vídeo juego Final Fantasy IX. Gracias a ello he aprendido que la gente que realmente se interesa por ti, te preguntarán o harán lo imposible por ello. Bueno, para no irme por las ramas, estoy escribiendo ésto a las seis y veinte de la mañana. Ha sido la primera vez en todo el mes de Agosto en la que me he vestido por una razón que creía necesaria, y en efecto, así es. Como todas las noches, me fui a la cocina de mi casa, la atravesé de punta a punta, notando cómo sombras me miraban desde la oscuridad que guardaba mi hogar. Bebí unos tragos de agua de una botella del frigorífico. Me fui al balcón de la biblioteca, vi un gato negro subiendo las escaleras del Paseo de Santa Fe. Era de color negro y bastante pequeño, no creo que tuviera más de tres meses, ojos verdes kiwi. Me recordaba muchísimo a "Desdentao", un pequeño Pesadilla Noctura, un tipo de dragón muy veloz. Total, que le llamé la atención al pronunciar las letras t y s de manera consecutiva, se paró y me miró, sabiendo que estaba a unos ocho metros de altura. Le tiré una pinza que se encontraba en un cubo, a mi lado. Se acercó a investigar qué era lo que yo le había tirado, supongo que el animal callejero estaba un poco hambriento, por la rapidez que tuvo su acercamiento. Cogí otra y se la lancé más cerca del lugar en el que yo me encontraba y de nuevo, volvió a aproximarse a él. Pensé rápido y fui a mi cuarto, cogí un par de folios, los convertí en unas bolas, me asomé de nuevo y allí estaba el minino, moviendo la pinza, persiguiéndola; jugando sin cesar. Le llamé de nuevo y le lancé una bola, esta vez fuera de las escaleras, a un lugar más cercano de la puerta de mi portal, como vi que me hizo caso, le tiré la última para que se divirtiera un poco más. En ese momento fui a mi cuarto, me puse mis pantalones piratas azules y una camiseta de color blanco con The Beatles transformados en muñecos, cruzando Abbey Road. Fui corriendo a la nevera, la abrí, saqué un paquete de salchichas y las rajé con un cuchillo, cogí mis llaves y me fui directo a la calle. Al abrir, ya no estaba allí. Igualmente, manteniendo la esperanza, lo llamé. Tiré una salchicha a las escaleras y no se acercó, supuse que fue por el tamaño tan grande, volví a tirar una segunda vez, pero esta vez una porción de la mitad de tamaño que la anterior. Apareció el felino, me miró desconfiado, se acercó lentamente al trozo de comida, lo cogió con los dientes y salió a correr. Sus ojos se dilataron muchísimo al cogerlo, me lo tomé como si fuera su agradecimiento por el trozo de comida.
Bueno, la moraleja de todo esto me fue muy valiosa, hizo realidad una de las frases en las que menos creía y es que los pequeños detalles marcan la diferencia entre un día y otro.
viernes, 29 de agosto de 2014
martes, 26 de agosto de 2014
¡Ups, se me olvidó!
Muchos nos hemos preguntado qué pasaría si se nos olvidara todo por completo, como si nos hubiera entrado alzheimer, o que un hombre de negro se pasó de la raya con ese maldito rayo que borraba la memoria. Pues yo me asusté esta mañana, me desperté sudando, con el corazón palpitando como nunca e imaginando que mi vida se había esfumado. Pero, ¿qué relación tiene esa acción con lo contado primeramente? Pues simplemente, un sueño; justo lo contrario a lo dicho: que todos se olvidaran de ti, esa parte de su memoria en la que actúas y ocupas un lugar, se esfumó.
Bueno, todo comenzaba el día 1 de Septiembre de 2014, al parecer una chica me pidió salir y acepté. Salí de mi casa y empecé a hacer la compra en el Carrefour como cada fin de semana. Justo cuando salgo, paso por un "ceda el paso", de repente, sin venir a cuento, me atropella un taxi de manera brutal. No sentía dolor, en cambio, cerré los ojos lentamente de manera voluntaria, como si quisiera descansar tumbado en mi cama. Escuchaba las voces de todas las personas de mi alrededor, al parecer había pasado algo terrible, todos lloraban y gritaban sin cesar. Por si fuera poco, una mujer estaba llamando por teléfono a una ambulancia, tenía la voz rota, como desolada, me resultaba muy familiar; era, era... ¡Mi madre! ¡Eso es, era ella! El escenario era el mismo, negro, oscuro. Pero los tonos de voz cambiaron, eran algo más relajado, también es cierto que notaba un cambio de posición de mi cuerpo, estaba en una cama, de mala calidad, pero se le consideraba como tal. Estaba tan centrado en mí mismo que apenas podía oír bien un diálogo que estaba teniendo lugar justo en frente de mí, así que dejé de hacer el bobo con mi mente y me puse serio.
- Señora Del Castillo, me lamento comunicarle que su hijo Carlos aún sigue en coma -dijo una voz grave, como de abuelo-.
- Pero doctor, lleva así más de un año, ¿no cree que debería haberse recuperado ya? -dijo Elvira con un tono de tristeza y desgana-.
- Eso esperábamos pero parece que puede tardar un poco más de lo previsto, no estamos seguros de nada en este campo, puede que jamás llegue... Ya sabe, a despertar, Dios no lo quieras.
- ¿De verdad cree que no va a...? -se escuchaba como lloraba sin cesar, se me rompía el alma por dentro con solo imaginar que mi madre está mal por mi culpa-.
Pasaron las horas y nada cambiaba, excepto cuando sonaba la radio, entonces si podía mover los dedos de mi mano derecha, no mucho, solo levantarlos unos milímetros del colchón, costándome mil veces más esfuerzo que antes de aquel accidente. Empezó a sonar una canción bastante peculiar, más que nada porque no es lo típico que ponen en un programa de radio de música, era de un grupo poco conocido, se llamaba Algo Perdido y sonaba mi canción favorita, una de amor adolescente, El Fin. Y todo este melodrama es porque ese tema me recuerda muchísimo a una pareja desastrosa que tuve. Total, mientras esperaba que llegara al estribillo, notaba cómo mis ojos lloraban sin cesar y una máquina a mi lado empezaba a pitar sin cesar, no tenía ni idea de qué era, pero me fastidiaba por el mero hecho de que obstruía la melodía que salía del radiorreceptor. Unas enfermeras vinieron corriendo junto a mi madre, milagrosamente obtuve de nuevo el sentido de la vista. Pero deseé no tenerlo al ver que mi hermano mayor estaba justo detrás de las sanitarias que me atendían, llorando, desconsolado, aunque fuera de felicidad, llorando.
Cuando comprobaron que ya estaba bien, cosa que no tardó ni cinco minutos, por fin pudo mi hermano quedarse conmigo en la cama, lo primero que hizo fue abrazarme y darme un "coscorrón" en la cabeza.
- Tú, cabezón, no te muevas de aquí, voy a llamar un momento al resto de la familia -me dio un beso en la frente y se fue por la puerta-.
- Venga, vale, no te rayes, que ya estoy bien.
- Normal, hijo, bicho malo nunca muere -dijo con una sonrisa de oreja a oreja-.
Se escuchaba desde el cuarto en el que yo estaba, estaba más feliz que uno niño pequeño con zapatos nuevos. Creo que no tardó ni un solo minuto en que viniera el médico que estaba cuidándome a preguntarme cómo estaba y también a hacerme un pequeño análisis ocular. Vaya, yo ya podía hablar, me notaba débil, pero supongo que era por estar en cama tanto tiempo, a excepción de eso, yo me encontraba de puta madre. Todo me parecía súper raro, me sentía diferente, pero no sabría explicar qué era exactamente lo que había cambiado.
Ya estaba toda mi familia alrededor de mí, como no, sonriendo sin cesar y algunos llorando, como el caso de mi hermana menor. Me sentía como si fuera alguien nuevo en la familia, como si acabara de parir y mi madre me mantuviera en brazos, y por ello todos centraran su atención en mí. Entonces, como no, la pequeña de la familia hizo la pregunta que todos deseaban hacer, cómo no, los pequeños no tenían vergüenza ni escrúpulos para ese tipo de cosas.
- Pero Landom, ¿cómo te has sentido al estar tanto tiempo dormido? ¿En el punto ése? -preguntó con una mueca de curiosidad típica de un renacuajo-.
- Es en coma, no en punto, cacho bestia -mi segundo hermano mayor le dio una colleja en toda la cabeza-.
- Eh, eh, tranquilos, que el torpe bestia aquí soy yo, que cruzo sin mirar a los lados. Bueno, pequeñaja, te contaré. Es algo muy extraño, porque bueno, era como estar dormido, pero sin estarlo. Yo en mi mente estaba en una dimensión distinta a la vuestra, estaba totalmente oscuro y no había suelo, yo flotaba como si estuviera en el espacio. Pero a la misma vez de estar en un lugar diferente, podía escuchar todo lo que decíais. Yo podía mover todo mi cuerpo en mi mente, pero no en la realidad, eran una especie de cadenas atadas a mi cuerpo.
Ya habían pasado dos días y me dieron el alta. Nada más llegar a casa, lo primero que hice fue saludar a mi gato, hacía más de uno año que no lo veía, estaba arisco conmigo, no sé, me trataba como a un extraño. Aunque era de esperar, este animal era lo más pasota que había conocido jamás. Dejé las cosas al lado de mi cama y me tiré en ella, notando cómo rebotaba y el aire me chocaba en la cara. En ese momento de acordé de ella, la chica con la que había empezado a salir justo antes de aquel fatídico día. Salí de casa y fui a dar una vuelta, primero a su casa, para darle la sorpresa. Llamo a la puerta y veo que la abre.
- Eh, tú, Sirena, que ya he salido del hospital -dije abriendo los brazos, para ver si por casualidad me quería dar o no un abrazo.
- ¿Quién eres y por qué sabes mi nombre? -dijo extrañada y con cara de asco-.
- ¿De verdad no te acuerdas de mí? Soy yo, Landom, empecé a salir contigo el año pasado, el 1 de Septiembre, ese mismo día tuve un accidente de tráfico. ¿Cómo no puedes recordarme?
- Lo siento mucho chico, creo que te has confundido de persona, porque no me suenas de nada.
Vino un chico de complexión fuerte y le dio un beso, entonces cerró la puerta despidiéndose de mí con un movimiento de cabeza. Ya que no quería hablar más conmigo, me fui directo a mi instituto, al menos a saludar y poder dar la gran noticia. Esperaba encontrármelos allí era la hora del recreo, así que no creo que haya mucho problema. Cuando entré, todos los alumnos del patio me miraban de reojo, podría llegar a decir que con desconfianza. Entonces me paró el jefe de estudios del centro apoyando su mano en mi pecho.
- Buenas chico, tú no eres de este centro, ¿verdad?
- Claro que sí, si me he llevado estudiando aquí más de tres años, es más, ahora estoy en segundo de Bachillerato.
- A ver, dime cómo te llamas, para buscar en la lista.
- Me llamo Landom, soy estudiante de la rama de ciencias.
- Lo siento mucho pero no figuras como alumno, así que por favor te pediría que salieras del estacionamiento si no quieres que llame a la Policía.
Mientras salía, vi a unas compañeras de clase que estaban siempre conmigo, eran el típico grupo de chicas bastante pijas. En ese momento me acerqué para poder hablar con ellas y hacer recapacitar a ese hombre.
- Chicas, por favor, decidle al jefe de estudios que yo sí estudio aquí, que estoy en clase con vosotras, que debe de haber un error.
En ese momento todas me miraron mal, ellas tampoco me creían, empezó a formarse un corral de personas alrededor. Finalmente me tuve que ir si no quería más problemas.
Pero ya no entendía nada, ¿por qué nadie me recuerda? Solo han pasado trece meses desde aquello, ¿de verdad que han hecho borrón y cuenta nueva todo el mundo de tal manera que no quieren saber nada de mí? ¿Qué pasa, se han puesto todos de acuerdo para olvidarme y expulsarme de esta sociedad con tan malas maneras? Esto no puede estar pasando, si mi familia consigue acordarse de mí, ¿por qué mis amigos y conocidos no? Es cómo si un Dios hubiera borrado o suprimido una parte de la memoria de las personas en las que yo tengo lugar, hacer como si no yo no existiera, como si tuviera que empezar desde cero mi vida. En ese momento pensé, subí las escaleras de mi casa, llegué a la azotea, me senté en la hamaca y pensé: Este no es mi mundo. Me levanté, corrí como alma que lleva el diablo y salté, cuarenta metros de caída ante mis ojos.
Bueno, todo comenzaba el día 1 de Septiembre de 2014, al parecer una chica me pidió salir y acepté. Salí de mi casa y empecé a hacer la compra en el Carrefour como cada fin de semana. Justo cuando salgo, paso por un "ceda el paso", de repente, sin venir a cuento, me atropella un taxi de manera brutal. No sentía dolor, en cambio, cerré los ojos lentamente de manera voluntaria, como si quisiera descansar tumbado en mi cama. Escuchaba las voces de todas las personas de mi alrededor, al parecer había pasado algo terrible, todos lloraban y gritaban sin cesar. Por si fuera poco, una mujer estaba llamando por teléfono a una ambulancia, tenía la voz rota, como desolada, me resultaba muy familiar; era, era... ¡Mi madre! ¡Eso es, era ella! El escenario era el mismo, negro, oscuro. Pero los tonos de voz cambiaron, eran algo más relajado, también es cierto que notaba un cambio de posición de mi cuerpo, estaba en una cama, de mala calidad, pero se le consideraba como tal. Estaba tan centrado en mí mismo que apenas podía oír bien un diálogo que estaba teniendo lugar justo en frente de mí, así que dejé de hacer el bobo con mi mente y me puse serio.
- Señora Del Castillo, me lamento comunicarle que su hijo Carlos aún sigue en coma -dijo una voz grave, como de abuelo-.
- Pero doctor, lleva así más de un año, ¿no cree que debería haberse recuperado ya? -dijo Elvira con un tono de tristeza y desgana-.
- Eso esperábamos pero parece que puede tardar un poco más de lo previsto, no estamos seguros de nada en este campo, puede que jamás llegue... Ya sabe, a despertar, Dios no lo quieras.
- ¿De verdad cree que no va a...? -se escuchaba como lloraba sin cesar, se me rompía el alma por dentro con solo imaginar que mi madre está mal por mi culpa-.
Pasaron las horas y nada cambiaba, excepto cuando sonaba la radio, entonces si podía mover los dedos de mi mano derecha, no mucho, solo levantarlos unos milímetros del colchón, costándome mil veces más esfuerzo que antes de aquel accidente. Empezó a sonar una canción bastante peculiar, más que nada porque no es lo típico que ponen en un programa de radio de música, era de un grupo poco conocido, se llamaba Algo Perdido y sonaba mi canción favorita, una de amor adolescente, El Fin. Y todo este melodrama es porque ese tema me recuerda muchísimo a una pareja desastrosa que tuve. Total, mientras esperaba que llegara al estribillo, notaba cómo mis ojos lloraban sin cesar y una máquina a mi lado empezaba a pitar sin cesar, no tenía ni idea de qué era, pero me fastidiaba por el mero hecho de que obstruía la melodía que salía del radiorreceptor. Unas enfermeras vinieron corriendo junto a mi madre, milagrosamente obtuve de nuevo el sentido de la vista. Pero deseé no tenerlo al ver que mi hermano mayor estaba justo detrás de las sanitarias que me atendían, llorando, desconsolado, aunque fuera de felicidad, llorando.
Cuando comprobaron que ya estaba bien, cosa que no tardó ni cinco minutos, por fin pudo mi hermano quedarse conmigo en la cama, lo primero que hizo fue abrazarme y darme un "coscorrón" en la cabeza.
- Tú, cabezón, no te muevas de aquí, voy a llamar un momento al resto de la familia -me dio un beso en la frente y se fue por la puerta-.
- Venga, vale, no te rayes, que ya estoy bien.
- Normal, hijo, bicho malo nunca muere -dijo con una sonrisa de oreja a oreja-.
Se escuchaba desde el cuarto en el que yo estaba, estaba más feliz que uno niño pequeño con zapatos nuevos. Creo que no tardó ni un solo minuto en que viniera el médico que estaba cuidándome a preguntarme cómo estaba y también a hacerme un pequeño análisis ocular. Vaya, yo ya podía hablar, me notaba débil, pero supongo que era por estar en cama tanto tiempo, a excepción de eso, yo me encontraba de puta madre. Todo me parecía súper raro, me sentía diferente, pero no sabría explicar qué era exactamente lo que había cambiado.
Ya estaba toda mi familia alrededor de mí, como no, sonriendo sin cesar y algunos llorando, como el caso de mi hermana menor. Me sentía como si fuera alguien nuevo en la familia, como si acabara de parir y mi madre me mantuviera en brazos, y por ello todos centraran su atención en mí. Entonces, como no, la pequeña de la familia hizo la pregunta que todos deseaban hacer, cómo no, los pequeños no tenían vergüenza ni escrúpulos para ese tipo de cosas.
- Pero Landom, ¿cómo te has sentido al estar tanto tiempo dormido? ¿En el punto ése? -preguntó con una mueca de curiosidad típica de un renacuajo-.
- Es en coma, no en punto, cacho bestia -mi segundo hermano mayor le dio una colleja en toda la cabeza-.
- Eh, eh, tranquilos, que el torpe bestia aquí soy yo, que cruzo sin mirar a los lados. Bueno, pequeñaja, te contaré. Es algo muy extraño, porque bueno, era como estar dormido, pero sin estarlo. Yo en mi mente estaba en una dimensión distinta a la vuestra, estaba totalmente oscuro y no había suelo, yo flotaba como si estuviera en el espacio. Pero a la misma vez de estar en un lugar diferente, podía escuchar todo lo que decíais. Yo podía mover todo mi cuerpo en mi mente, pero no en la realidad, eran una especie de cadenas atadas a mi cuerpo.
Ya habían pasado dos días y me dieron el alta. Nada más llegar a casa, lo primero que hice fue saludar a mi gato, hacía más de uno año que no lo veía, estaba arisco conmigo, no sé, me trataba como a un extraño. Aunque era de esperar, este animal era lo más pasota que había conocido jamás. Dejé las cosas al lado de mi cama y me tiré en ella, notando cómo rebotaba y el aire me chocaba en la cara. En ese momento de acordé de ella, la chica con la que había empezado a salir justo antes de aquel fatídico día. Salí de casa y fui a dar una vuelta, primero a su casa, para darle la sorpresa. Llamo a la puerta y veo que la abre.
- Eh, tú, Sirena, que ya he salido del hospital -dije abriendo los brazos, para ver si por casualidad me quería dar o no un abrazo.
- ¿Quién eres y por qué sabes mi nombre? -dijo extrañada y con cara de asco-.
- ¿De verdad no te acuerdas de mí? Soy yo, Landom, empecé a salir contigo el año pasado, el 1 de Septiembre, ese mismo día tuve un accidente de tráfico. ¿Cómo no puedes recordarme?
- Lo siento mucho chico, creo que te has confundido de persona, porque no me suenas de nada.
Vino un chico de complexión fuerte y le dio un beso, entonces cerró la puerta despidiéndose de mí con un movimiento de cabeza. Ya que no quería hablar más conmigo, me fui directo a mi instituto, al menos a saludar y poder dar la gran noticia. Esperaba encontrármelos allí era la hora del recreo, así que no creo que haya mucho problema. Cuando entré, todos los alumnos del patio me miraban de reojo, podría llegar a decir que con desconfianza. Entonces me paró el jefe de estudios del centro apoyando su mano en mi pecho.
- Buenas chico, tú no eres de este centro, ¿verdad?
- Claro que sí, si me he llevado estudiando aquí más de tres años, es más, ahora estoy en segundo de Bachillerato.
- A ver, dime cómo te llamas, para buscar en la lista.
- Me llamo Landom, soy estudiante de la rama de ciencias.
- Lo siento mucho pero no figuras como alumno, así que por favor te pediría que salieras del estacionamiento si no quieres que llame a la Policía.
Mientras salía, vi a unas compañeras de clase que estaban siempre conmigo, eran el típico grupo de chicas bastante pijas. En ese momento me acerqué para poder hablar con ellas y hacer recapacitar a ese hombre.
- Chicas, por favor, decidle al jefe de estudios que yo sí estudio aquí, que estoy en clase con vosotras, que debe de haber un error.
En ese momento todas me miraron mal, ellas tampoco me creían, empezó a formarse un corral de personas alrededor. Finalmente me tuve que ir si no quería más problemas.
Pero ya no entendía nada, ¿por qué nadie me recuerda? Solo han pasado trece meses desde aquello, ¿de verdad que han hecho borrón y cuenta nueva todo el mundo de tal manera que no quieren saber nada de mí? ¿Qué pasa, se han puesto todos de acuerdo para olvidarme y expulsarme de esta sociedad con tan malas maneras? Esto no puede estar pasando, si mi familia consigue acordarse de mí, ¿por qué mis amigos y conocidos no? Es cómo si un Dios hubiera borrado o suprimido una parte de la memoria de las personas en las que yo tengo lugar, hacer como si no yo no existiera, como si tuviera que empezar desde cero mi vida. En ese momento pensé, subí las escaleras de mi casa, llegué a la azotea, me senté en la hamaca y pensé: Este no es mi mundo. Me levanté, corrí como alma que lleva el diablo y salté, cuarenta metros de caída ante mis ojos.
jueves, 21 de agosto de 2014
Ojalá no vivir
Da miedo, nos aterra el saber que podemos ser rechazados por alguien o algo que deseamos. Intentamos poner todo de nuestra parte para poder estar satisfechos de un trabajo cuyo resultado es el fruto del árbol del esfuerzo. Pero bueno, ¿para qué os voy a volver a soltar otro rollo filosófico hablando de mis mierdas si seguramente no me lea nadie en este podrido blog? Todo da asco, y yo soy el primero que está muerto por dentro de todos vosotros. Triste pero cierto. Es mágica la facilidad con la que me voy a la mierda, con la que todo se derrumba por debajo y encima de mis pies. Muchas veces subo a mi azotea para sentarme mientras miro perplejo al mar preguntándome si todo lo que hago o dejo de hacer merece la pena. Siempre tengo una falsa esperanza, una sonrisa de plástico que hace creer a todos que me encuentro mejor. La verdad es que ya han pasado cinco años y sigo siendo ese chico deprimido que no encuentra esperanzas por ningún lado, el mismo que nunca quiere ver mal a ninguna persona de su alrededor.
Me toca los huevos eso de ser el que peor está y tener que poner cuerpo y alma para ninguna persona lo pase mal, para que ni por asomo, llegue al punto tan desesperado al que yo mismo llegué por ciertos acontecimientos que sucedieron a mi alrededor, afectando a mi familia, cuyo efecto colateral me reflejó muchísimo. Bueno, a lo que iba: Muchos piensan que soy un chico genial por ayudar a los demás, pero me cuestiono si ellos pueden o no ver el vacío que hay dentro de mí. Apenas un par de personas pudieron llenar algo dentro de mí, sin contar con mis hermanos y mis padres. Tengo diecisiete años y no debería estar así de mal, muchos me dicen que soy un exagerado al escribir tantos rollos de éstos, pero si no lo hiciera, yo tengo claro que cogería una soga, iría a un parque cercano y me ahorcaría en la barra superior de algún columpio. Lo peor de todo es que estoy totalmente solo, muchos me intentan apoyar, pero no les dejo, porque sé muy bien que les decepcionaré y acabaré por dañarles de una manera descomunal que ni yo mismo puedo imaginar. Todo porque sé que lo más doloroso de una ida no es la ausencia, ni por asomo; es la decepción causada por la acción determinada.
Ahora mismo escribo sin parar de mirar a un ordenador, a las 06:08 de la mañana con una taza de café a mi derecha y sabiendo que algún día, tendré un fin desastroso. Lo peor de toda mi vida es el dolor que llevo dentro por la decepción acumulada de los demás reflejada hacia mí… El haber luchado por conseguir mi meta, el haber escalado una montaña a dentelladas cuando la garra de la gravedad tiraba de mí. Aunque bueno, a veces se pierde, ¿no? Pero... ¿Tantas? ¿De verdad? ¿Nunca puede haber un verdadero momento de felicidad en el que digamos: “si muriera ahora, merecería la pena”? También fui un capullo descomunal con gran cantidad de chicas que pasaron por mi lado, pero creo que aprendí de ello y fui castigado. Soy un cobarde, sí, pero esto ya es demasiado dolor para mí, y no creo que pueda aguantar mucho tiempo más, jamás llegaré a ser tan fuerte…
domingo, 17 de agosto de 2014
Pérdida del juicio
Es ver caer del cielo
una lluvia de estrellas.
sentado mientras pienso
cual será mi Atenea.
Son como trozos de hielo
sonando cual centrella,
siendo el trueno de tu mente,
desgastado cual hiena,
por un segundo al frente
en el ejército de tus caderas.
Atento al sirviente,
agarrando mis cadenas
cuando preso mis hirientes
señales de larga pena,
en corazón inerte.
Dame una sola pluma,
trozos rotos de un papel,
para calcular la suma
de todos tus "por qué".
Siendo en una selva, el puma
que la recorre a pies.
Así poder verte, mi cuna
arropándome al amanecer.
La métrica es nula
en nuestras apuestas, al revés:
siempre te dejo muda
tropezando cual cien pies.
Bucear entre lagunas
de los planes infantiles,
que todos niños juran
para sus finales felices.
Un mundo muy complejo
basado en lo simple,
no soy nadie, ni de versos
deja que me estirpe,
fui rajando tu cuerpo.
Sabemos que no existe
ni tu muerte ni mi nexo.
Busco rincones invisibles
para convertirme en cebo
de prendas incosibles
arropando de nuevo,
dime cómo lo hiciste
y si vivo en el medievo.
Muchas noches en vela
tirando de mi tinta,
quise sentirte cerca
cuando solo veía fintas.
Nunca tuve ofrendas
una sola guinda
entre tantas monedas
una era de mentira,
trucada fue mi venta.
Un corazón de licra
hundido por las sendas
que recorre por la India
tu vestido de seda.
Recuerda: nunca hubo vida.
Ante la caída cuerda
levantamiento sin salida.
Pocilga de la puerca
y con mierda acribilla
saliendo de la celda.
Si tuercen las manillas,
oculta esta escena
con sangre y ladillas.
No es asco, solo pena
que tu muerte atiza
y en otros no cuela
por conseguir arriba
saltar hasta mi suela.
Mi deber es ahorcarte
en la plena oscuridad,
para el gran Cervantes
es solo querer manejar,
para proseguir delante
de tu carrera al igual
que las vías chirriantes
de tu tren al estallar.
Tu columpio tambaleante
y tus cuerdas he de cortar
para tal caída enigmante
mostrarte placer será.
Si ves suelo punzante
para hundirte allí valdrás.
Muestro el mundo loco
en versos muy usuales
que te hacen comer cocos
para ganar tú los modales.
Imponer respeto es poco
dales miedo si tu vales,
depiadado y bestia, orco
es lo que renta en zagales
si no quieres futuro roto.
No hay boca ni canales
por lo que oídos rotos
brotan desde los árboles.
No quieras vender moto,
irán despedazándote.
sábado, 16 de agosto de 2014
Verdad entre las sombras
Era un día muy frío y lluvioso, se podía escuchar perfectamente cómo las gotas de agua impactaban contra las ventanas y las paredes, dejando un leve sonido en el ambiente; la típica tarde de invierno en Aracena. La casa de Mad estaba hecha un completo desastre: los pasillos eran una auténtica pocilga con cuadros en las paredes, las cuales estaban manchadas; apenas podía verse el suelo de la cantidad de alimentos que se encontraban esparcidos por él y los papeles de periódico manchados abundaban, llegando a formar parte del propio inmobiliario. Él estaba tumbado en el sofá viendo la televisión, cada semana que pasaba, se despreocupaba más por las cosas que le quedaban aún por hacer. Notaba que le faltaba algo, que estaba apagado, así que se dirigió a la mesa de la cocina, esquivando todos los envoltorios de comida que había tirada. Cogió una tarjeta de crédito y sacó de una pequeña bolsa de plástico del cajón, tenía unos polvos blancos, obviamente eran cocaína. Separó una fina raya del material, cogió una pajita de plástico que había al lado del fregadero y esnifó la droga de una sola vez.
- ¡Por Dios, qué bien sienta una de éstas por la mañana!- Agitó un poco la cabeza ya que es la reacción que le provoca al meterse por la nariz esa droga.
De repente escuchó varios golpes del llamador de la entrada principal. Miró su reloj de pulsera y vio que eran ya las seis de la tarde. <<Esa debe ser Bras, seguro. Odio que llegue tan temprano, apenas me da tiempo a limpiar todo, maldita seas.>> Abrió la puerta y allí estaba ella. Venía totalmente mojada, con la cabeza agachada, un chubasquero de color negro que le cubría todo el cuerpo y unas botas de agua. Una vez dentro, se quitó la ropa y Mad le dio una manta para que pudiera secarse y no pasar frío.
- Oh, muchas gracias, tío -se la puso por encima de los hombros, en forma de capa, la cual le llegaba por los tobillo-. Llego a saber que llovería tanto esta tarde y me habría traído un paraguas.
- No te preocupes mujer, para algo somos colegas ¿no?-Rió y se fueron andando hacia la sala de estar, dejando la ropa mojada de la chica en un cesto-. Por cierto ¿quieres algo de beber? Es que te veo muy pálida.
- Pues no me vendría nada mal un chocolate caliente, si no es mucho pedir-se sentó en el sillón y él preparó la bebida para ella-. Joder, tío… He perdido la cuenta de las miles de veces que te habré dicho que dejes ya esto de la droga, no me puedo creer que aún sigas gastándote el dinero en esa mierda.
- Ya te dije que este iba a ser el último año que iba a consumirlas, así que no tienes de qué preocuparte-el chico se cabreaba cada vez que se lo recordaban, nunca le gustó que le echaran en cara todos los errores que tuvo en la vida, por fáciles de corregir que fueran.
-Eso fue lo mismo que dijiste el año pasado y no paras. Anda, vuelve ya, que estoy poniendo a cargar el ordenador para ver una película-de vuelta al salón, le dejó su taza al lado y empezaron a ver la película, no paraban de reír y gritar. Al terminar la película, el chico cocainómano fue a la mesa y se metió otra raya, pasándose de lo que esnifaba habitualmente-. Tío eres idiota, te vas a acabar haciendo daño, pero allá tú -tenía una mirada fría, indicando desprecio y pasotismo-. Voy al baño anda.
Él volvió a sentarse y se tapó con una bata que tenía ahí tirada. Ella salió del baño, aunque algo diferente, se sentó y se puso las dos manos entre las rodillas para calentarse.
-A ver, dime una cosa: ¿Cómo y cuándo empezaste a drogarte? Porque es algo bastante preocupante.
-Pues ya sabes, como todo el mundo…- Ahora empezaba a hablar con un tono más bajo, como si se sintiera avergonzado.
- Como todos no, porque yo soy una persona y no me he drogado nunca.
- Joder, es una forma de hablar. Yo empecé en el instituto, para hacerme el guay. Casi todos los chicos populares de mi curso fumaban tabaco, en cambio, yo era el típico pardillo que al que jamás miraban bien por ser igual que ellos y eso era muy duro ¿sabes…? -Se mordía los nudillos y le dolía mucho hablar del tema-. Con el paso del tiempo empecé a estar más integrado y ya llegaron al paso siguiente.
- ¿Al paso siguiente? ¿A qué te refieres?
- Pues a lo típico, a los porros. Entonces fue ahí cuando ya dejaba todo de lado, solo me encerraba en mi habitación para liarme los canutos, luego me iba con mis amigos por ahí a la plaza y nos fumábamos todo lo que teníamos, dejando así, pasar los días-. Se estaba mareando bastante, así que decidió parar un momento.
- Eh, Mad, ¿te encuentras bien? Se te ve bastante pálido.
- No es nada, es simplemente que no he comido, me tomo una pastilla y listo- Nada más pronunciar esas palabras, se puso de pie y cogió un paquete de medicamentos que había encima de la chimenea y tomó tres cápsulas.
- ¡Serás burro! Como sigas así vas a empeorar y cualquiera te lleva ahora al médico con el temporal que hace. Bueno, sigue explicando.
- Pues… Mi familia se enteró de que fumaba porros, al principio se preocuparon, pero luego pasaron, diciendo que yo era ya una causa perdida. Suspendía todos los trimestres, y acabé repitiendo dos cursos, cuando yo era una persona de sobresaliente-. Ya sus lágrimas saltaban solas de sus ojos-. Un amigo mío, Landom, acabó muerto por deberle dinero a un camello de aquí del pueblo; lo arrojaron a las vías de un tren. Después de eso, la Policía no paraba de vigilarnos y de registrarnos cada vez que nos veían. Terminando por ser los chicos que todos miraban mal y pasaban de ellos porque sabían que le tratarían mal luego.
- ¿Nunca intentaron tus padres ayudarte de alguna manera con el tema de las drogas? -Preguntó preocupada.
- Pues claro que lo hicieron, me metieron en una clínica de desintoxicación, pero terminé escapándome por estar con el ansia de volver a fumar más y más. Me buscaron por todos lados, incluso salí en las noticias. Dándome por desaparecido, hasta que me encontraron caminando en un viejo puente de camino a una ciudad. Después de todo eso, mis padres se divorciaron, por mi culpa, causándoles miles de problemas y dejando un agujero muy grande en la economía de mi casa… Después del divorcio, mi madre se suicidó tirándose por un barranco en el coche, con mi hermana pequeña de copiloto. Prefería que muriese antes de que la tuviera que cuidar un monstruo como yo…-No paraba de llorar, la cara estaba completamente roja y los mocos le bajaban por toda la parte inferior de su cara. Sus llantos eran horribles, cualquiera que le viera pensaría que acaba de perder a un familiar cercano.
- Nunca imaginé que hubieras pasado por tantos conflictos en tu vida, y menos por culpa de la droga. De verdad, lo siento muchísimo.
- Que vas a sentir tú, joder. ¿No te das cuenta que soy el ser más mierda que existe? Si he provocado que hasta la gente de mi familia se quite la vida, y todo ha sido por mi culpa, si es que no puedo más, tío…-Se tumbó y no paró de llorar, nada ni nadie le podía consolar.
- Pues ahora te aguantas, fuiste un imbécil que solo pensaba en él y pasaba de todo lo que le rodeaba. Normal que se suicidara tu madre.
Ese cambio tan brusco en la personalidad de la chica hizo que Mad dejase de llorar al instante. Se tornó, cogió la taza en la que estuvo la bebida caliente y se la lanzó a la cabeza de la chica. Al chocar contra su nuca, ella ni siquiera se inmutó, apenas se movió un solo milímetro. Las luces, el ordenador y al pantalla de la televisión del salón se apagaron al momento. Un frío llenó la habitación al levantarse la mujer, lo miró fijamente. Sus ojos no eran normales, de repente se volvieron negros.
- Tú, tú no eres Bras… ¿Verdad?
Estaba paralizado por el miedo, su mente no daba crédito a lo que estaba sucediendo en esos momento. La “chica” dio un paso hacia delante, al momento, corrió por las escaleras como alma que lleva el diablo, tropezándose a mitad de la subida. Se encerró en su cuarto, en el que casualmente había luz. Se metió en la cama, tapado, esperando que no le encontrara. Una especie de humo negro muy denso empezó a manar de la parte inferior de la puerta, llegando hasta la esquina superior del techo. Se condensó y tomó la forma de él mismo, a diferencia de ser de un color negro mate y unos ojos rojos como la sangre.
- No tienes de qué preocuparte, no voy a hacerte daño, y mucho menos tener intención de matarte. Así que respira tranquilo -Se quedó ahí, flotando en el rincón.
- ¿¡Pero qué infiernos eres!? ¿¡Cómo no vas a matarme, si casi lo haces allí abajo!? -No podía contener su miedo, movía incesantemente sus piernas, soltando las sábanas y fundas de la cama.
- De verdad que no te enteras… No soy nada y a la vez lo soy todo. Puedo cambiar tu mundo tal y como lo conoces en un segundo -chasqueó los dedos y la habitación se convirtió en el espacio exterior, dejando ver todas las estrellas. Los chasqueó de nuevo, volviendo todo a la normalidad. El chico no sabía hacia dónde mirar ni cómo actuar, estaba totalmente perdido.
- Es que no puede ser ¿dónde está mi amiga? ¡Dime dónde se encuentra! -Le respondía, armándose de valor con cada grito-. ¿¡Qué has hecho con ella, eh!?
- Sigues sin verlo claro ¿verdad? Soy yo, de veras, puedes preguntarme si quieres, a ver si puedes calmarte de una vez -siempre respondía tranquilo, era demasiado surrealista para la mente de Mad, su compañera se había convertido en una especie de cuerpo oscuro con poderes sobrenaturales-. En serio, pregúntame -el chico se quedó pensando varias cuestiones durante varios segundos hasta que por fin encontró algunas que pueden ser adecuadas.
- A ver, dime cuándo te conocí, quién fue tu último novio y la última película que vimos juntos en el cine -ya mostraba más seguridad en la forma de hablar, dando a entender que nunca sabría la respuesta.
- ¿De veras me vas a hacer decir que te conocí cuando fuiste a aquel garito de Sevilla, que salí con Cid y qué vimos “Armaggedon”? Parece que no te fías ni de tu propia sombra. Por cierto, sí que lo soy, por lo que me sé todo sobre ti, si no, compruébalo -el joven no tardó ni un segundo en darse la vuelta y ver que su zona umbría no se reflejaba en la pared, que estaba iluminada como si la luz de la lámpara le estuviera dando de lleno.
- Esto no puede estar sucediendo, es simplemente una pesadilla ¿a que sí? -se pellizcó fuertemente el brazo, sintiendo dolor y sin despertarse; no era un sueño-. Entonces dime una cosa, por favor, ¿por qué me pasa esto? ¿Por qué?
- Por el simple hecho de saber que te queda poco tiempo de vida y, si tu mueres; yo también. Piensa que si tú desapareces, yo también; y no voy a dejar que desaparezcas tan fácilmente ¿me entiendes ahora? -Bajó de la parte superior del techo y se puso de pie en el suelo, como una persona normal y corriente.
- Sí, creo que ya lo he entendido todo. Me has hecho sufrir, llorando incesablemente, te he hablado sobre todos mis problemas, sin contar que has hecho desaparecer a mi amiga. ¿Y todo para que luego me dijeras que debía tener mucho cuidado con mi vida porque yo podría morir pronto?
- Chico listo, vas aprendiendo, después de tanta mierda en tu cuerpo para callarte las verdades, ¿sabes? La gente como tú está mal vista, hazte a la idea de por qué.
¿¡Qué están muy mal vistas!? ¿¡Pero estás loco!? ¡Vas a morir ahora mismo! -Metió la mano por debajo de la almohada y sacó un revólver, disparó a bocajarro a la penumbra. Todas las balas acabaron incrustadas en la pared, atravesando sin dificultad alguna al reflejo de Mad. Al ver que no hacía ningún efecto, el chico salió rápidamente de la cama y se dispuso a pegar físicamente a su sombra. Casualmente, eso sí le hacía efecto, por cada golpe que la ella recibía, también lo recibía su dueño. Se quedó quieto durante un momento. <<Todo el daño que reciba yo, también lo recibirá él, así que lo único que realmente me queda por hacer es...>>. Cogió en brazos al cuerpo oscuro, tan fuerte que no se podía liberar de ninguna manera, corrió con mente fría hacia el balcón y saltó, dejando atrás todo en lo que creía.
- Te dije que ibas a morir pronto -le susurró la sombra mientras se desvanecía entre sus manos.
En ese mismo instante, Bras salió del baño. No encontró a Mad por ningún lado, fue a la planta superior y tampoco vio nada. Entró en su cuarto, y al ver que el suelo estaba mojado por la lluvia, echó una ojeada fuera, al mirador de la habitación. Entonces encontró el cuerpo de un amigo en el suelo, dejando un charco de sangre por la carretera, el cual se extendía a causa de la lluvia. Rompió a llorar.
viernes, 15 de agosto de 2014
Muñeca de trapo
Todos, absolutamente todos nos hemos sentido engañados por otra persona en nuestra vida, por pequeño que hubiera el percance sufrido a manos de segundos o terceros. Y todo por una simple razón, el bienestar de ellos mismos. La gran mayoría de veces -al menos en mi caso-, han sido por una causa que podríamos calificar como egoísta. A veces no llego a alcanzar el poder que tienen algunas sensaciones para conseguir que personas cometan acciones inmorales, evitando duelos con su propia conciencia, actuando como si nunca hubiera pasado nada malo. Y bueno... El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, ¿no? Por desgracia, me considero alguien bastante experto en traiciones en temas amorosos, también conocidas vulgarmente como “cuernos”. Escalé la montaña de la infidelidad de tal manera que veía normal, incluso forzado el tener que estar con otras personas cuando ya había entablado una relación con otra persona. Seguramente haya hecho llorar a más de una chica por haber jugado con sus sentimientos al haber salido con ellas y convertirla en algo peor que un pañuelo sentimental; les daba forma, les ponía una cuerda y las convertía en muñecas, jugaba con ellas de una manera inimaginable para cualquier persona cuerda de este mundo. Ya, me miro al espejo y no me veo bien, no sé si fue el karma, o simplemente el caprichoso destino, pero estoy vacío por dentro. Todos los que estaban a mi lado, se han largado, como si fuera yo ahora la muñeca, en desuso, tirada, en una triste papelera, esperando ser recogida por el camión de la basura y así caer en el olvido.
La moneda
No sé, últimamente ando un poco perdido, sigo sin encontrar un lugar en el que sentirme a gusto, por si fuera poco, ni luces de referencias he podido obtener a lo largo de esta vida. Todo, para mí, ha sido siempre engaños, tanto para mí mismo como para el resto de personas a mi alrededor, principalmente a mi familia. Ahora que me pongo a meditar, sería extraño para mí saber de repente que estuviera viviendo con un completo desconocido, y más si pensé que tuve un lazo importante, casi irrompible con dicha persona. Sinceramente, creo que al menos yo, me volvería loco, habría vivido en un mundo de no-cuerdos. Nunca pensaría que hubiera llegado a tener recuerdos que tuvieran que borrarse porque ellos mismos han fallado, es un error en mi vida. Lo peor de todo no es cambiarme la piel por cualquier persona de mi familia cercana, sino que yo mismo, sé que me miento, que vivo en un mundo interior el cuál se ha creado una ilusión para no salir al exterior, para no salir dañado de ninguna de las maneras. Esa frase que decía: “Aparenta ser fuerte cuando más débil te encuentres, entonces ningún depredador acechará”. Pues mi mente se la tomó a su manera, inventando ser otra persona, con otros supuestos puntos débiles, para que así, no me dañaran realmente. Todo esto es demasiado… ¿Cómo decirlo…? ¿Ficticio? Puede ser, todo lo es en esta vida, a excepción de sufrir daños colaterales por cualquier cosa. Pero en lo que menos pienso siempre no es en mí, sino los efectos exteriores que tienen las acciones que salen de mis manos, cosa que nunca sale de mi mente para ponerse frente a mí. Finalmente, noto cómo esta máscara se cose, por sí sola, en mi piel, sin mi permiso, ni por obligación de nadie, dejándome atrás.
jueves, 7 de agosto de 2014
Fines y cualidades
“Todo tiene un fin en esta vida”, caprichosa es la frase que acabo de escribir, ¿no crees? Si todos somos supuestamente diferentes, por pequeña que sea esa diferencia entre nosotros, puede indicarnos para qué o para qué no somos aptos ahora y en un futuro. Jamás sabremos cuándo, tanto el haber empezado o el terminar de una vez. Todos tenemos un principio, ¿pero tenemos todos un final? ¿Podríamos decir que no existe o no debería existir la palabra “inútil”? Todo es demasiado exacto en esta sociedad de hoy en día, siempre queremos encasillar a una persona por sus múltiples y diferentes cualidades en diferentes campos. Lo que siempre pensamos es si funciona o no, pero nunca meditamos sobre quién nos categoriza o nos analiza dichos resultados después de la prueba. Fácil respuesta: otro ser humano. ¿Por qué debemos sentirnos de cierta manera por poder o no ocupar cierto puesto en cualquier lugar? Nunca sabríamos con certeza si realmente funciona un experimento porque la teoría nunca está completa, y la práctica puede variar por cualquier detalle, por insignificante que sea.
miércoles, 6 de agosto de 2014
Velero nocturno
Miles de noches en vela,
veo todo a oscuras
sin saber cómo llegas
a guiarme por penumbras.
Personaje en escena
actúa en jornada dura
para ahogar las penas
al no haber ya ayuda
para arreglar la cadena,
que atada al cuello le sutura.
Eslabones para hienas
ahogan libertad madura
de aquella alma plena
que soñaba por amargura.
Buscar trampillas en teatros
para escapar de la vida
mientras otros sin espanto
consiguen metas seguidas
de muertes y arrebatos.
Se convertía en comida
de unos grandes y altos,
buscaba nombres arriba
pero caía por desacato.
Meditaba para hallar salida
pero no llenaba el plato
para esperanzar a su familia.
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