viernes, 15 de agosto de 2014

Muñeca de trapo

Todos, absolutamente todos nos hemos sentido engañados por otra persona en nuestra vida, por pequeño que hubiera el percance sufrido a manos de segundos o terceros. Y todo por una simple razón, el bienestar de ellos mismos. La gran mayoría de veces -al menos en mi caso-, han sido por una causa que podríamos calificar como egoísta. A veces no llego a alcanzar el poder que tienen algunas sensaciones para conseguir que personas cometan acciones inmorales, evitando duelos con su propia conciencia, actuando como si nunca hubiera pasado nada malo. Y bueno... El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, ¿no? Por desgracia, me considero alguien bastante experto en traiciones en temas amorosos, también conocidas vulgarmente como “cuernos”. Escalé la montaña de la infidelidad de tal manera que veía normal, incluso forzado el tener que estar con otras personas cuando ya había entablado una relación con otra persona. Seguramente haya hecho llorar a más de una chica por haber jugado con sus sentimientos al haber salido con ellas y convertirla en algo peor que un pañuelo sentimental; les daba forma, les ponía una cuerda y las convertía en muñecas, jugaba con ellas de una manera inimaginable para cualquier persona cuerda de este mundo. Ya, me miro al espejo y no me veo bien, no sé si fue el karma, o simplemente el caprichoso destino, pero estoy vacío por dentro. Todos los que estaban a mi lado, se han largado, como si fuera yo ahora la muñeca, en desuso, tirada, en una triste papelera, esperando ser recogida por el camión de la basura y así caer en el olvido.

2 comentarios:

  1. Reflexiones como ésta merecen ser leídas.

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    1. Pues nada más que decirte que me agrada que alguien se disponga a leerlas y pueda hacerle meditar a ella también.

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