Todo se vuelve tan oscuro
tras el último de los muros,
que caído, grita, mudo.
Ante la lluvia, solo me hundo.
Mirando al cielo, veo Neptuno,
quieto, inmóvil, aunque agudo.
Este fuego sin cesar aturdo
Como pocos, entre algunos,
no quema, congela, absurdo...
Permanece siempre, inmortal.
La derrota señala a cada cual,
su camino indiferente a ras
de un suelo un tanto familiar.
Fue incesante, no quiso parar,
sabiendo que olas chocarán,
sin temor al hecho de reemplazar.
Es una, una fuerza sin igual
aquella que nos transmite,
eternamente... La mar.
Entre tantas salidas marchitas
existe rastro de pocas heridas
que no guarden significativas
muestras de esa maldita ida.
Maldijeron males por encima
del pez que se clava espinas
por evitar la tempestad vecina.
Sin saber cómo se aproxima
el dolor rondará por esquinas
siendo incansable como el día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario