Muchos nos hemos preguntado qué pasaría si se nos olvidara todo por completo, como si nos hubiera entrado alzheimer, o que un hombre de negro se pasó de la raya con ese maldito rayo que borraba la memoria. Pues yo me asusté esta mañana, me desperté sudando, con el corazón palpitando como nunca e imaginando que mi vida se había esfumado. Pero, ¿qué relación tiene esa acción con lo contado primeramente? Pues simplemente, un sueño; justo lo contrario a lo dicho: que todos se olvidaran de ti, esa parte de su memoria en la que actúas y ocupas un lugar, se esfumó.
Bueno, todo comenzaba el día 1 de Septiembre de 2014, al parecer una chica me pidió salir y acepté. Salí de mi casa y empecé a hacer la compra en el Carrefour como cada fin de semana. Justo cuando salgo, paso por un "ceda el paso", de repente, sin venir a cuento, me atropella un taxi de manera brutal. No sentía dolor, en cambio, cerré los ojos lentamente de manera voluntaria, como si quisiera descansar tumbado en mi cama. Escuchaba las voces de todas las personas de mi alrededor, al parecer había pasado algo terrible, todos lloraban y gritaban sin cesar. Por si fuera poco, una mujer estaba llamando por teléfono a una ambulancia, tenía la voz rota, como desolada, me resultaba muy familiar; era, era... ¡Mi madre! ¡Eso es, era ella! El escenario era el mismo, negro, oscuro. Pero los tonos de voz cambiaron, eran algo más relajado, también es cierto que notaba un cambio de posición de mi cuerpo, estaba en una cama, de mala calidad, pero se le consideraba como tal. Estaba tan centrado en mí mismo que apenas podía oír bien un diálogo que estaba teniendo lugar justo en frente de mí, así que dejé de hacer el bobo con mi mente y me puse serio.
- Señora Del Castillo, me lamento comunicarle que su hijo Carlos aún sigue en coma -dijo una voz grave, como de abuelo-.
- Pero doctor, lleva así más de un año, ¿no cree que debería haberse recuperado ya? -dijo Elvira con un tono de tristeza y desgana-.
- Eso esperábamos pero parece que puede tardar un poco más de lo previsto, no estamos seguros de nada en este campo, puede que jamás llegue... Ya sabe, a despertar, Dios no lo quieras.
- ¿De verdad cree que no va a...? -se escuchaba como lloraba sin cesar, se me rompía el alma por dentro con solo imaginar que mi madre está mal por mi culpa-.
Pasaron las horas y nada cambiaba, excepto cuando sonaba la radio, entonces si podía mover los dedos de mi mano derecha, no mucho, solo levantarlos unos milímetros del colchón, costándome mil veces más esfuerzo que antes de aquel accidente. Empezó a sonar una canción bastante peculiar, más que nada porque no es lo típico que ponen en un programa de radio de música, era de un grupo poco conocido, se llamaba Algo Perdido y sonaba mi canción favorita, una de amor adolescente, El Fin. Y todo este melodrama es porque ese tema me recuerda muchísimo a una pareja desastrosa que tuve. Total, mientras esperaba que llegara al estribillo, notaba cómo mis ojos lloraban sin cesar y una máquina a mi lado empezaba a pitar sin cesar, no tenía ni idea de qué era, pero me fastidiaba por el mero hecho de que obstruía la melodía que salía del radiorreceptor. Unas enfermeras vinieron corriendo junto a mi madre, milagrosamente obtuve de nuevo el sentido de la vista. Pero deseé no tenerlo al ver que mi hermano mayor estaba justo detrás de las sanitarias que me atendían, llorando, desconsolado, aunque fuera de felicidad, llorando.
Cuando comprobaron que ya estaba bien, cosa que no tardó ni cinco minutos, por fin pudo mi hermano quedarse conmigo en la cama, lo primero que hizo fue abrazarme y darme un "coscorrón" en la cabeza.
- Tú, cabezón, no te muevas de aquí, voy a llamar un momento al resto de la familia -me dio un beso en la frente y se fue por la puerta-.
- Venga, vale, no te rayes, que ya estoy bien.
- Normal, hijo, bicho malo nunca muere -dijo con una sonrisa de oreja a oreja-.
Se escuchaba desde el cuarto en el que yo estaba, estaba más feliz que uno niño pequeño con zapatos nuevos. Creo que no tardó ni un solo minuto en que viniera el médico que estaba cuidándome a preguntarme cómo estaba y también a hacerme un pequeño análisis ocular. Vaya, yo ya podía hablar, me notaba débil, pero supongo que era por estar en cama tanto tiempo, a excepción de eso, yo me encontraba de puta madre. Todo me parecía súper raro, me sentía diferente, pero no sabría explicar qué era exactamente lo que había cambiado.
Ya estaba toda mi familia alrededor de mí, como no, sonriendo sin cesar y algunos llorando, como el caso de mi hermana menor. Me sentía como si fuera alguien nuevo en la familia, como si acabara de parir y mi madre me mantuviera en brazos, y por ello todos centraran su atención en mí. Entonces, como no, la pequeña de la familia hizo la pregunta que todos deseaban hacer, cómo no, los pequeños no tenían vergüenza ni escrúpulos para ese tipo de cosas.
- Pero Landom, ¿cómo te has sentido al estar tanto tiempo dormido? ¿En el punto ése? -preguntó con una mueca de curiosidad típica de un renacuajo-.
- Es en coma, no en punto, cacho bestia -mi segundo hermano mayor le dio una colleja en toda la cabeza-.
- Eh, eh, tranquilos, que el torpe bestia aquí soy yo, que cruzo sin mirar a los lados. Bueno, pequeñaja, te contaré. Es algo muy extraño, porque bueno, era como estar dormido, pero sin estarlo. Yo en mi mente estaba en una dimensión distinta a la vuestra, estaba totalmente oscuro y no había suelo, yo flotaba como si estuviera en el espacio. Pero a la misma vez de estar en un lugar diferente, podía escuchar todo lo que decíais. Yo podía mover todo mi cuerpo en mi mente, pero no en la realidad, eran una especie de cadenas atadas a mi cuerpo.
Ya habían pasado dos días y me dieron el alta. Nada más llegar a casa, lo primero que hice fue saludar a mi gato, hacía más de uno año que no lo veía, estaba arisco conmigo, no sé, me trataba como a un extraño. Aunque era de esperar, este animal era lo más pasota que había conocido jamás. Dejé las cosas al lado de mi cama y me tiré en ella, notando cómo rebotaba y el aire me chocaba en la cara. En ese momento de acordé de ella, la chica con la que había empezado a salir justo antes de aquel fatídico día. Salí de casa y fui a dar una vuelta, primero a su casa, para darle la sorpresa. Llamo a la puerta y veo que la abre.
- Eh, tú, Sirena, que ya he salido del hospital -dije abriendo los brazos, para ver si por casualidad me quería dar o no un abrazo.
- ¿Quién eres y por qué sabes mi nombre? -dijo extrañada y con cara de asco-.
- ¿De verdad no te acuerdas de mí? Soy yo, Landom, empecé a salir contigo el año pasado, el 1 de Septiembre, ese mismo día tuve un accidente de tráfico. ¿Cómo no puedes recordarme?
- Lo siento mucho chico, creo que te has confundido de persona, porque no me suenas de nada.
Vino un chico de complexión fuerte y le dio un beso, entonces cerró la puerta despidiéndose de mí con un movimiento de cabeza. Ya que no quería hablar más conmigo, me fui directo a mi instituto, al menos a saludar y poder dar la gran noticia. Esperaba encontrármelos allí era la hora del recreo, así que no creo que haya mucho problema. Cuando entré, todos los alumnos del patio me miraban de reojo, podría llegar a decir que con desconfianza. Entonces me paró el jefe de estudios del centro apoyando su mano en mi pecho.
- Buenas chico, tú no eres de este centro, ¿verdad?
- Claro que sí, si me he llevado estudiando aquí más de tres años, es más, ahora estoy en segundo de Bachillerato.
- A ver, dime cómo te llamas, para buscar en la lista.
- Me llamo Landom, soy estudiante de la rama de ciencias.
- Lo siento mucho pero no figuras como alumno, así que por favor te pediría que salieras del estacionamiento si no quieres que llame a la Policía.
Mientras salía, vi a unas compañeras de clase que estaban siempre conmigo, eran el típico grupo de chicas bastante pijas. En ese momento me acerqué para poder hablar con ellas y hacer recapacitar a ese hombre.
- Chicas, por favor, decidle al jefe de estudios que yo sí estudio aquí, que estoy en clase con vosotras, que debe de haber un error.
En ese momento todas me miraron mal, ellas tampoco me creían, empezó a formarse un corral de personas alrededor. Finalmente me tuve que ir si no quería más problemas.
Pero ya no entendía nada, ¿por qué nadie me recuerda? Solo han pasado trece meses desde aquello, ¿de verdad que han hecho borrón y cuenta nueva todo el mundo de tal manera que no quieren saber nada de mí? ¿Qué pasa, se han puesto todos de acuerdo para olvidarme y expulsarme de esta sociedad con tan malas maneras? Esto no puede estar pasando, si mi familia consigue acordarse de mí, ¿por qué mis amigos y conocidos no? Es cómo si un Dios hubiera borrado o suprimido una parte de la memoria de las personas en las que yo tengo lugar, hacer como si no yo no existiera, como si tuviera que empezar desde cero mi vida. En ese momento pensé, subí las escaleras de mi casa, llegué a la azotea, me senté en la hamaca y pensé: Este no es mi mundo. Me levanté, corrí como alma que lleva el diablo y salté, cuarenta metros de caída ante mis ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario