Era un día muy frío y lluvioso, se podía escuchar perfectamente cómo las gotas de agua impactaban contra las ventanas y las paredes, dejando un leve sonido en el ambiente; la típica tarde de invierno en Aracena. La casa de Mad estaba hecha un completo desastre: los pasillos eran una auténtica pocilga con cuadros en las paredes, las cuales estaban manchadas; apenas podía verse el suelo de la cantidad de alimentos que se encontraban esparcidos por él y los papeles de periódico manchados abundaban, llegando a formar parte del propio inmobiliario. Él estaba tumbado en el sofá viendo la televisión, cada semana que pasaba, se despreocupaba más por las cosas que le quedaban aún por hacer. Notaba que le faltaba algo, que estaba apagado, así que se dirigió a la mesa de la cocina, esquivando todos los envoltorios de comida que había tirada. Cogió una tarjeta de crédito y sacó de una pequeña bolsa de plástico del cajón, tenía unos polvos blancos, obviamente eran cocaína. Separó una fina raya del material, cogió una pajita de plástico que había al lado del fregadero y esnifó la droga de una sola vez.
- ¡Por Dios, qué bien sienta una de éstas por la mañana!- Agitó un poco la cabeza ya que es la reacción que le provoca al meterse por la nariz esa droga.
De repente escuchó varios golpes del llamador de la entrada principal. Miró su reloj de pulsera y vio que eran ya las seis de la tarde. <<Esa debe ser Bras, seguro. Odio que llegue tan temprano, apenas me da tiempo a limpiar todo, maldita seas.>> Abrió la puerta y allí estaba ella. Venía totalmente mojada, con la cabeza agachada, un chubasquero de color negro que le cubría todo el cuerpo y unas botas de agua. Una vez dentro, se quitó la ropa y Mad le dio una manta para que pudiera secarse y no pasar frío.
- Oh, muchas gracias, tío -se la puso por encima de los hombros, en forma de capa, la cual le llegaba por los tobillo-. Llego a saber que llovería tanto esta tarde y me habría traído un paraguas.
- No te preocupes mujer, para algo somos colegas ¿no?-Rió y se fueron andando hacia la sala de estar, dejando la ropa mojada de la chica en un cesto-. Por cierto ¿quieres algo de beber? Es que te veo muy pálida.
- Pues no me vendría nada mal un chocolate caliente, si no es mucho pedir-se sentó en el sillón y él preparó la bebida para ella-. Joder, tío… He perdido la cuenta de las miles de veces que te habré dicho que dejes ya esto de la droga, no me puedo creer que aún sigas gastándote el dinero en esa mierda.
- Ya te dije que este iba a ser el último año que iba a consumirlas, así que no tienes de qué preocuparte-el chico se cabreaba cada vez que se lo recordaban, nunca le gustó que le echaran en cara todos los errores que tuvo en la vida, por fáciles de corregir que fueran.
-Eso fue lo mismo que dijiste el año pasado y no paras. Anda, vuelve ya, que estoy poniendo a cargar el ordenador para ver una película-de vuelta al salón, le dejó su taza al lado y empezaron a ver la película, no paraban de reír y gritar. Al terminar la película, el chico cocainómano fue a la mesa y se metió otra raya, pasándose de lo que esnifaba habitualmente-. Tío eres idiota, te vas a acabar haciendo daño, pero allá tú -tenía una mirada fría, indicando desprecio y pasotismo-. Voy al baño anda.
Él volvió a sentarse y se tapó con una bata que tenía ahí tirada. Ella salió del baño, aunque algo diferente, se sentó y se puso las dos manos entre las rodillas para calentarse.
-A ver, dime una cosa: ¿Cómo y cuándo empezaste a drogarte? Porque es algo bastante preocupante.
-Pues ya sabes, como todo el mundo…- Ahora empezaba a hablar con un tono más bajo, como si se sintiera avergonzado.
- Como todos no, porque yo soy una persona y no me he drogado nunca.
- Joder, es una forma de hablar. Yo empecé en el instituto, para hacerme el guay. Casi todos los chicos populares de mi curso fumaban tabaco, en cambio, yo era el típico pardillo que al que jamás miraban bien por ser igual que ellos y eso era muy duro ¿sabes…? -Se mordía los nudillos y le dolía mucho hablar del tema-. Con el paso del tiempo empecé a estar más integrado y ya llegaron al paso siguiente.
- ¿Al paso siguiente? ¿A qué te refieres?
- Pues a lo típico, a los porros. Entonces fue ahí cuando ya dejaba todo de lado, solo me encerraba en mi habitación para liarme los canutos, luego me iba con mis amigos por ahí a la plaza y nos fumábamos todo lo que teníamos, dejando así, pasar los días-. Se estaba mareando bastante, así que decidió parar un momento.
- Eh, Mad, ¿te encuentras bien? Se te ve bastante pálido.
- No es nada, es simplemente que no he comido, me tomo una pastilla y listo- Nada más pronunciar esas palabras, se puso de pie y cogió un paquete de medicamentos que había encima de la chimenea y tomó tres cápsulas.
- ¡Serás burro! Como sigas así vas a empeorar y cualquiera te lleva ahora al médico con el temporal que hace. Bueno, sigue explicando.
- Pues… Mi familia se enteró de que fumaba porros, al principio se preocuparon, pero luego pasaron, diciendo que yo era ya una causa perdida. Suspendía todos los trimestres, y acabé repitiendo dos cursos, cuando yo era una persona de sobresaliente-. Ya sus lágrimas saltaban solas de sus ojos-. Un amigo mío, Landom, acabó muerto por deberle dinero a un camello de aquí del pueblo; lo arrojaron a las vías de un tren. Después de eso, la Policía no paraba de vigilarnos y de registrarnos cada vez que nos veían. Terminando por ser los chicos que todos miraban mal y pasaban de ellos porque sabían que le tratarían mal luego.
- ¿Nunca intentaron tus padres ayudarte de alguna manera con el tema de las drogas? -Preguntó preocupada.
- Pues claro que lo hicieron, me metieron en una clínica de desintoxicación, pero terminé escapándome por estar con el ansia de volver a fumar más y más. Me buscaron por todos lados, incluso salí en las noticias. Dándome por desaparecido, hasta que me encontraron caminando en un viejo puente de camino a una ciudad. Después de todo eso, mis padres se divorciaron, por mi culpa, causándoles miles de problemas y dejando un agujero muy grande en la economía de mi casa… Después del divorcio, mi madre se suicidó tirándose por un barranco en el coche, con mi hermana pequeña de copiloto. Prefería que muriese antes de que la tuviera que cuidar un monstruo como yo…-No paraba de llorar, la cara estaba completamente roja y los mocos le bajaban por toda la parte inferior de su cara. Sus llantos eran horribles, cualquiera que le viera pensaría que acaba de perder a un familiar cercano.
- Nunca imaginé que hubieras pasado por tantos conflictos en tu vida, y menos por culpa de la droga. De verdad, lo siento muchísimo.
- Que vas a sentir tú, joder. ¿No te das cuenta que soy el ser más mierda que existe? Si he provocado que hasta la gente de mi familia se quite la vida, y todo ha sido por mi culpa, si es que no puedo más, tío…-Se tumbó y no paró de llorar, nada ni nadie le podía consolar.
- Pues ahora te aguantas, fuiste un imbécil que solo pensaba en él y pasaba de todo lo que le rodeaba. Normal que se suicidara tu madre.
Ese cambio tan brusco en la personalidad de la chica hizo que Mad dejase de llorar al instante. Se tornó, cogió la taza en la que estuvo la bebida caliente y se la lanzó a la cabeza de la chica. Al chocar contra su nuca, ella ni siquiera se inmutó, apenas se movió un solo milímetro. Las luces, el ordenador y al pantalla de la televisión del salón se apagaron al momento. Un frío llenó la habitación al levantarse la mujer, lo miró fijamente. Sus ojos no eran normales, de repente se volvieron negros.
- Tú, tú no eres Bras… ¿Verdad?
Estaba paralizado por el miedo, su mente no daba crédito a lo que estaba sucediendo en esos momento. La “chica” dio un paso hacia delante, al momento, corrió por las escaleras como alma que lleva el diablo, tropezándose a mitad de la subida. Se encerró en su cuarto, en el que casualmente había luz. Se metió en la cama, tapado, esperando que no le encontrara. Una especie de humo negro muy denso empezó a manar de la parte inferior de la puerta, llegando hasta la esquina superior del techo. Se condensó y tomó la forma de él mismo, a diferencia de ser de un color negro mate y unos ojos rojos como la sangre.
- No tienes de qué preocuparte, no voy a hacerte daño, y mucho menos tener intención de matarte. Así que respira tranquilo -Se quedó ahí, flotando en el rincón.
- ¿¡Pero qué infiernos eres!? ¿¡Cómo no vas a matarme, si casi lo haces allí abajo!? -No podía contener su miedo, movía incesantemente sus piernas, soltando las sábanas y fundas de la cama.
- De verdad que no te enteras… No soy nada y a la vez lo soy todo. Puedo cambiar tu mundo tal y como lo conoces en un segundo -chasqueó los dedos y la habitación se convirtió en el espacio exterior, dejando ver todas las estrellas. Los chasqueó de nuevo, volviendo todo a la normalidad. El chico no sabía hacia dónde mirar ni cómo actuar, estaba totalmente perdido.
- Es que no puede ser ¿dónde está mi amiga? ¡Dime dónde se encuentra! -Le respondía, armándose de valor con cada grito-. ¿¡Qué has hecho con ella, eh!?
- Sigues sin verlo claro ¿verdad? Soy yo, de veras, puedes preguntarme si quieres, a ver si puedes calmarte de una vez -siempre respondía tranquilo, era demasiado surrealista para la mente de Mad, su compañera se había convertido en una especie de cuerpo oscuro con poderes sobrenaturales-. En serio, pregúntame -el chico se quedó pensando varias cuestiones durante varios segundos hasta que por fin encontró algunas que pueden ser adecuadas.
- A ver, dime cuándo te conocí, quién fue tu último novio y la última película que vimos juntos en el cine -ya mostraba más seguridad en la forma de hablar, dando a entender que nunca sabría la respuesta.
- ¿De veras me vas a hacer decir que te conocí cuando fuiste a aquel garito de Sevilla, que salí con Cid y qué vimos “Armaggedon”? Parece que no te fías ni de tu propia sombra. Por cierto, sí que lo soy, por lo que me sé todo sobre ti, si no, compruébalo -el joven no tardó ni un segundo en darse la vuelta y ver que su zona umbría no se reflejaba en la pared, que estaba iluminada como si la luz de la lámpara le estuviera dando de lleno.
- Esto no puede estar sucediendo, es simplemente una pesadilla ¿a que sí? -se pellizcó fuertemente el brazo, sintiendo dolor y sin despertarse; no era un sueño-. Entonces dime una cosa, por favor, ¿por qué me pasa esto? ¿Por qué?
- Por el simple hecho de saber que te queda poco tiempo de vida y, si tu mueres; yo también. Piensa que si tú desapareces, yo también; y no voy a dejar que desaparezcas tan fácilmente ¿me entiendes ahora? -Bajó de la parte superior del techo y se puso de pie en el suelo, como una persona normal y corriente.
- Sí, creo que ya lo he entendido todo. Me has hecho sufrir, llorando incesablemente, te he hablado sobre todos mis problemas, sin contar que has hecho desaparecer a mi amiga. ¿Y todo para que luego me dijeras que debía tener mucho cuidado con mi vida porque yo podría morir pronto?
- Chico listo, vas aprendiendo, después de tanta mierda en tu cuerpo para callarte las verdades, ¿sabes? La gente como tú está mal vista, hazte a la idea de por qué.
¿¡Qué están muy mal vistas!? ¿¡Pero estás loco!? ¡Vas a morir ahora mismo! -Metió la mano por debajo de la almohada y sacó un revólver, disparó a bocajarro a la penumbra. Todas las balas acabaron incrustadas en la pared, atravesando sin dificultad alguna al reflejo de Mad. Al ver que no hacía ningún efecto, el chico salió rápidamente de la cama y se dispuso a pegar físicamente a su sombra. Casualmente, eso sí le hacía efecto, por cada golpe que la ella recibía, también lo recibía su dueño. Se quedó quieto durante un momento. <<Todo el daño que reciba yo, también lo recibirá él, así que lo único que realmente me queda por hacer es...>>. Cogió en brazos al cuerpo oscuro, tan fuerte que no se podía liberar de ninguna manera, corrió con mente fría hacia el balcón y saltó, dejando atrás todo en lo que creía.
- Te dije que ibas a morir pronto -le susurró la sombra mientras se desvanecía entre sus manos.
En ese mismo instante, Bras salió del baño. No encontró a Mad por ningún lado, fue a la planta superior y tampoco vio nada. Entró en su cuarto, y al ver que el suelo estaba mojado por la lluvia, echó una ojeada fuera, al mirador de la habitación. Entonces encontró el cuerpo de un amigo en el suelo, dejando un charco de sangre por la carretera, el cual se extendía a causa de la lluvia. Rompió a llorar.
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