jueves, 21 de agosto de 2014

Ojalá no vivir

Da miedo, nos aterra el saber que podemos ser rechazados por alguien o algo que deseamos. Intentamos poner todo de nuestra parte para poder estar satisfechos de un trabajo cuyo resultado es el fruto del árbol del esfuerzo. Pero bueno, ¿para qué os voy a volver a soltar otro rollo filosófico hablando de mis mierdas si seguramente no me lea nadie en este podrido blog? Todo da asco, y yo soy el primero que está muerto por dentro de todos vosotros. Triste pero cierto. Es mágica la facilidad con la que me voy a la mierda, con la que todo se derrumba por debajo y encima de mis pies. Muchas veces subo a mi azotea para sentarme mientras miro perplejo al mar preguntándome si todo lo que hago o dejo de hacer merece la pena. Siempre tengo una falsa esperanza, una sonrisa de plástico que hace creer a todos que me encuentro mejor. La verdad es que ya han pasado cinco años y sigo siendo ese chico deprimido que no encuentra esperanzas por ningún lado, el mismo que nunca quiere ver mal a ninguna persona de su alrededor.


Me toca los huevos eso de ser el que peor está y tener que poner cuerpo y alma para ninguna persona lo pase mal, para que ni por asomo, llegue al punto tan desesperado al que yo mismo llegué por ciertos acontecimientos que sucedieron a mi alrededor, afectando a mi familia, cuyo efecto colateral me reflejó muchísimo. Bueno, a lo que iba: Muchos piensan que soy un chico genial por ayudar a los demás, pero me cuestiono si ellos pueden o no ver el vacío que hay dentro de mí. Apenas un par de personas pudieron llenar algo dentro de mí, sin contar con mis hermanos y mis padres. Tengo diecisiete años y no debería estar así de mal, muchos me dicen que soy un exagerado al escribir tantos rollos de éstos, pero si no lo hiciera, yo tengo claro que cogería una soga, iría a un parque cercano y me ahorcaría en la barra superior de algún columpio. Lo peor de todo es que estoy totalmente solo, muchos me intentan apoyar, pero no les dejo, porque sé muy bien que les decepcionaré y acabaré por dañarles de una manera descomunal que ni yo mismo puedo imaginar. Todo porque sé que lo más doloroso de una ida no es la ausencia, ni por asomo; es la decepción causada por la acción determinada.


Ahora mismo escribo sin parar de mirar a un ordenador, a las 06:08 de la mañana con una taza de café a mi derecha y sabiendo que algún día, tendré un fin desastroso. Lo peor de toda mi vida es el dolor que llevo dentro por la decepción acumulada de los demás reflejada hacia mí… El haber luchado por conseguir mi meta, el haber escalado una montaña a dentelladas cuando la garra de la gravedad tiraba de mí. Aunque bueno, a veces se pierde, ¿no? Pero... ¿Tantas? ¿De verdad? ¿Nunca puede haber un verdadero momento de felicidad en el que digamos: “si muriera ahora, merecería la pena”? También fui un capullo descomunal con gran cantidad de chicas que pasaron por mi lado, pero creo que aprendí de ello y fui castigado. Soy un cobarde, sí, pero esto ya es demasiado dolor para mí, y no creo que pueda aguantar mucho tiempo más, jamás llegaré a ser tan fuerte…

1 comentario:

  1. No eres la única persona en esa situación, cada uno se desahoga como puede y aunque no te leyera nadie sigue siendo mejor que comerte la cabeza sin hacer nada. Por otra parte te digo que es mejor hablar de tus problemas aunque puedas acabar hiriendo a otros por cualquier cosa o aunque eso sea lo que piensas, y no se puede ser más cobarde que el que escapa de la vida, por eso sigue luchando.

    ResponderEliminar